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Reportaje:

Ejercicio de matemáticas para venezolanos

Desde esta semana, es obligatorio exponer todos los precios y tarifas de Venezuela en la moneda actual, el bolívar, y en la que se implantará a partir de 2008, el bolívar fuerte

Un bono para 10 viajes en el metro venezolano cuesta 4.500 bolívares, pero en enero costará 4 bolívares fuertes con 50 céntimos. Un café con leche tiene un precio de 1.500 bolívares o 1,5 bolívares fuertes. Un diario, 1.300 bolívares, equivalentes a 1 bolívar fuerte con 30 céntimos.

La reconversión tiene el objetivo psicológico de generar una sensación de prosperidad

Los venezolanos comienzan ahora a acostumbrarse a dividir todos los precios entre 1.000. Y, si la cifra resultante tiene más de dos decimales, a redondearla. En suma, para comprar o vender cualquier cosa en Venezuela se hace recomendable llevar una calculadora o, en su defecto, papel y lápiz, a menos que se disponga de una sobresaliente habilidad para las matemáticas. Todo, porque desde el 1 de enero de 2008, Venezuela tendrá una nueva moneda o, mejor dicho, una versión potenciada de su moneda de siempre, el bolívar.

Para allanar el camino, desde el pasado lunes es obligatorio que todos los productos y servicios lleven el precio o tarifa en las dos monedas: bolívares actuales (Bs) y bolívares fuertes (BsF).

La idea es que los vendedores y consumidores se vayan adaptando a la nueva escala. Paralelamente, el Banco Central de Venezuela (BCV) ha emprendido una titánica campaña de divulgación acerca del cambio, que incluye anuncios en radio, televisión y prensa, folletos y hasta un convertidor especial de bolívares en bolívares fuertes o viceversa, disponible en la página web de la institución.

El signo monetario venezolano comenzó a deteriorarse en 1983, cuando la caída de los precios petroleros puso fin a una década de bonanza económica que había permitido toda clase de excesos y derroches.

El 18 de febrero de ese año, conocido como el Viernes Negro, el Gobierno del socialcristiano Luis Herrera Campíns se vio obligado a cerrar la venta de divisas extranjeras, dado que se estaba registrando una fuga descomunal hacia mercados más seguros. Para ese momento, justo antes de implantarse el control de cambio, se podía comprar un dólar con 4,30 bolívares. Hoy, a poco menos de 25 años de aquel acontecimiento, el dólar (sujeto de nuevo a control de cambio) se cotiza en 2.150 bolívares, mientras en los mercados paralelos llega a costar hasta 4.800 bolívares, es decir, aquel 4,30 multiplicado por más de 1.000.

A partir del 1 de enero de 2008, la paridad oficial será de 2,15 bolívares fuertes. Con todo, pocas personas se llaman a engaño: han entendido que, si bien bajarán los precios y la cotización ante la moneda extranjera, también lo harán los ingresos nominales. Un profesional que actualmente gane 4.500.000 bolívares (1.482 euros) pasará a ganar en enero 4.500 bolívares fuertes. En contrapartida, si paga actualmente 900.000 bolívares por el alquiler de su piso, en enero pagará 900 bolívares fuertes.

¿De qué sirve este gran esfuerzo aritmético, que obligará tanto al sector público como al privado a adaptar sus plataformas tecnológicas, papelería y sistemas administrativos? Portavoces del Gobierno y el BCV argumentan que el propósito es simplificar las operaciones cotidianas que se realizan todas en magnitudes de miles.

El proceso rescatará la existencia del bolívar como unidad monetaria. En la actualidad, el bolívar es una ficción. Nadie puede mostrar ninguna moneda que lo represente, porque desde hace varios años la de menor valor es la de 10 bolívares y no resulta atractiva ni siquiera para los mendigos, ya que con una de ellas no es posible comprar nada.

Las autoridades no ocultan que la reconversión tiene el objetivo psicológico de generar en la población una sensación de prosperidad que además está bien asentada en el comportamiento de la economía, que este año crecerá entre un 8% y un 9%. El lema promocional del cambio es Una economía fuerte, un bolívar fuerte. En los anuncios aparecen consumidores y comerciantes felices que muestran la nueva moneda y exclaman: "¡Aquí hay fuerza!", algo así como "¡aquí hay dinero!".