Sangre y fuego durante la visita del relator especial de la ONU a Brasil

Choques entre policías y 'narcos' en Río coinciden con la misión de Alston

JUAN ARIAS Río de Janeiro 9 NOV 2007 - 00:18 CET

La ciudad brasileña de Río de Janeiro ha sido de nuevo escenario de episodios de violencia, con muertos y heridos en enfrentamientos entre policías y traficantes de droga, coincidiendo con la presencia del canadiense Philip Alston, relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales.

La policía militar mató ayer a cuatro presuntos traficantes de droga en la favela Jorge Turque en la zona norte de la ciudad, la más pobre. La víspera, un grupo de traficantes armados atacaron una cabina de la policía y acribillaron a dos militares en la entrada de la favela de Andaraí, en el barrio de Grajaú.

Según el gobernador del Estado de Río, Sergio Cabral, que ha prometido guerra sin cuartel a los narcos que dominan las principales favelas de las 620 que tiene Río, la policía tiene que actuar con contundencia, ya que, dijo, "se trata de una guerra donde hay territorios, barrios enteros ocupados por la mala vida y no podemos permitirlo ni achantarnos".

El observador de la ONU, que desde el miércoles está visitando las favelas y hablando con las familias que han denunciado atropellos de la policía brasileña —considerada la que más mata del mundo—, ha sido informado de que, días atrás, la justicia puso en libertad a 43 policías militares del 15 Batallón de Río encarcelados, acusados de tráfico de drogas y de connivencia con los narcotraficantes.

La justicia no aceptó las acusaciones de la fiscalía, que había pedido prisión para ellos. Al abandonar la cárcel, los 43 policías hicieron una exhibición festiva de su alegría, en la que incluso lanzaron cohetes, algo que ha sido duramente censurado por el ministro de Justicia, Tarso Genro. Según el ministro, ciertas decisiones de la justicia, aunque deban ser acatadas, "no dejan de chocar a la opinión pública".

Al mismo tiempo, existe una polémica soterrada entre el gobernador Cabral, partidario de la mano dura, que cree que la policía tiene que matar para defenderse, y el ministro Genro, perteneciente a la izquierda de su misma formación política, el Partido de los Trabajadores.

Genro es amigo personal del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y uno de los posibles candidatos a la presidencia en 2010. Tarso advirtió ayer que cuando la policía "se excede tiene que ser duramente castigada". Para él, la violencia en las favelas se resuelve más bien con "una política preventiva y con una policía bien preparada, entrenada, con capacidad técnica de represión contra el crimen".

Precisamente, lo que se censura de la policía brasileña es que se trata de un cuerpo de escasa formación y mal pagado, y que además disfruta de una enorme impunidad.

Esto es exactamente lo que está investigando el representante de la ONU durante su visita a Río de Janeiro. Tras ella, Alston presentará al Gobierno brasileño un informe sobre sus descubrimientos.

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