Cuba y una esperanza llamada Obama

Fidel Castro arremete contra McCain y guarda silencio sobre el aspirante demócrata

Mauricio Vicent La Habana 24 MAY 2008 - 00:24 CET

"No hay nada más parecido a un republicano que un demócrata". Cada cuatro años, la diplomacia cubana solía emplear esta socorrida broma política en vísperas de las elecciones norteamericanas. Esta vez, no. Y la explicación es sencilla: las diferencias entre Barack Obama, en caso de que finalmente sea confirmado como aspirante demócrata a la presidencia, y el candidato republicano John McCain, son notables en lo relativo a Cuba.

También es notable la cautela con que está manejando el asunto La Habana. Ayer mismo, Fidel Castro arremetió contra McCain y el presidente George W. Bush en una de sus 'reflexiones' en el diario Granma: calificó el contenido de sus recientes discursos sobre Cuba de "groseras mentiras"; de Obama ni una palabra.

El silencio de Castro sobre el senador de Illinois, igual que el final de su artículo, es revelador: las posiciones de McCain y de Bush, dijo el convaleciente líder comunista, "constituyen el único camino para no obtener nada absolutamente" de Cuba.

El 26 de julio de 2007, el entonces presidente en funciones de Cuba, Raúl Castro, fue todavía más explícito: "la nueva administración que surja [de las elecciones de noviembre] tendrá que decidir si mantiene la absurda, ilegal y fracasada política contra Cuba, o acepta el ramo de olivo que extendimos". El ramo de olivo al que se refería era una oferta anterior, hecha por él mismo, para sentarse a la "mesa de negociaciones" con EE UU sin condiciones previas; el objetivo: poner fin al "diferendo bilateral" que durante medi o siglo ha enfrentado a ambos países.

La visita que realizó ayer Obama a Miami fue seguida en Cuba con especial interés. Desde hace meses, La Habana observa con cautela y casi como un asunto de política interna el proceso electoral en EE UU, pues por primera vez puede llegar a la Casa Blanca alguien que ha manifestado durante la campaña su disposición a dialogar con el actual gobierno cubano. Y eso podría cambiar muchas cosas.

"Si Obama ganara las elecciones y mantuviera su promesa, significaría el comienzo de la normalización de las relaciones entre ambos países, y eso incidiría directamente en el proceso de reformas que tiene lugar en Cuba", cree el disidente socialdemócrata Manuel Cuesta Morúa. A su juicio, y "por desgracia, EE UU es un 'factor' determinante en la evolución de los acontecimientos en Cuba", por ello un triunfo de Obama y un deshielo bilateral podría acelerar los cambios en la isla e influir en que las autoridades también "aflojen su guerra fría local".

Un académico cubano asegura que a diferencia de otras ocasiones, el proceso electoral norteamericano esta vez es tomado muy en serio en los despachos oficiales. "En anteriores comicios casi daba igual quien ganara. Ahora no. McCain representa el inmovilismo. Sería la misma política de siempre allá, y la misma respuesta de siempre acá. Pero un triunfo de Obama movería todo el escenario político y nos pondría a correr", afirma este analista, miembro del Partido Comunista.

Estos días, ante la eventualidad de un triunfo de Obama, algunos veteranos observadores de la realidad cubana han recordado que las grandes crisis bilaterales, y los mayores aprietos para La Habana, han sido con administraciones demócratas, no republicanas. "Cuando el gobierno de Jimmy Carter propuso un acercamiento y empezaron a viajar masivamente a la isla los emigrados, fue un terremoto para la revolución. El gobierno no estaba preparado para aquel impacto, y lo mismo podría ocurrir hoy si, por ejemplo, de pronto cae el embargo", afirma un diplomático.

La historia demuestra también que cada vez que ambos países han estado cerca - siempre con administraciones demócratas -, algo ha pasado que ha impedido la normalización. Con Carter, el éxodo del Mariel (1980); con Bill Clinton, la crisis de los balseros (1994), y el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate (1996). Cuesta Morúa no ve esta vez un riesgo similar: "los dos países están ante un cambio histórico, y veo difícil , si gana Obama, que se vaya a impedir una normalización que es inevitable. El propio Raúl Castro ha ofrecido en tres ocasiones sentarse a negociar".

Obama ha dicho que si es elegido presidente quitaría las restricciones impuestas por Bush a los viajes de los exiliados y el envío de remesas. La medida, según un economista cubano, tendría "un impacto positivo". En la calle se ve de otra forma, todo más pegado a la tierra. "A mi me da igual Obama, que Hillary, que el primo de su hermana. Lo que hace falta son salarios dignos y si puede ser en dólares, mejor", aseguraba ayer un joven que se hacía llamar Willy a la puerta de un mercado de La Habana.

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