Guerra asimétrica

ÁNGELES ESPINOSA Teherán 10 JUL 2008 - 12:50 CET

A pesar de sus recurrentes alardes de poderío bélico y sobre los avances de la industria militar local, la mayor amenaza que plantea Irán es la guerra asimétrica. El presupuesto de defensa iraní es muy inferior que el de los países árabes del golfo Pérsico, pero además el aislamiento internacional y las sanciones de EEUU tras la revolución islámica le han impedido modernizar su arsenal al nivel de sus ambiciones.

Según el Military Balance que publica el International Institute for Strategic Studies (IISS), en 2005, Irán dedicó a gastos militares 6.200 millones de dólares, un 3,5% de su producto interior bruto (PIB), o lo que es lo mismo 91 dólares por habitante, 25 veces menos que la media de sus vecinos. No obstante, con 70 millones de habitantes, Irán triplica el conjunto de la población local de esos países.

Así que la cuestión es hasta que punto sus fuerzas armadas (550.000 hombres, incluidos 220.000 de reemplazo) son un rival que deba preocupar a Estados Unidos e Israel. Cualquier agregado militar occidental en Teherán desestima la comparación. Sometida al aislamiento internacional y las sanciones norteamericanas desde la revolución de 1979, la República Islámica sólo pudo hacer tablas en la guerra que durante los años ochenta libró contra un Irak respaldado por Occidente.

Aquel conflicto incentivó una industria militar local que en los últimos años ha dado frutos no sólo en balística sino también en aviación y alerta temprana. Al menos eso es lo que anuncian a bombo y platillo las autoridades. El principal escaparate de esos avances suele ser el desfile que celebran con motivo de la llamada Semana de la Defensa Sagrada, la conmemoración en septiembre del inicio de la guerra contra Irak. En el último, exhibieron con orgullo un misil Ghadr-1, que los analistas militares calificaron de "modelo mejorado del Shahab-3" ya mostrado con anterioridad.

Por aquellas fechas, también se presento un caza bautizado Saegheh (Relámpago), que a pesar de la insistencia en su carácter autóctono, no deja de ser un F-5 modificado. La misma evaluación hacen los expertos de sus misiles, derivados del norcoreano Nodong. Sea como fuere su capacidad para ampliar el alcance y la carga de esos cohetes constituye una amenaza real.

Sin embargo, dado el estado cuando menos dudoso de sus viejos carros de combate británicos Chieftain y sus M-60 estadounidenses, la vetustez de su armada y la baja operatividad estimada de sus aviones, la mayor amenaza que planea Irán es la guerra asimétrica. En los últimos meses, numerosos analistas han advertido del riesgo de que Irán responda a una eventual agresión atacando los intereses de Estados Unidos en el golfo Pérsico (bases de Qatar y Bahrein), animando la violencia contra sus tropas en Irak o desestabilizando Afganistán. Los propios portavoces han mencionado el eventual cierre del estrecho de Ormuz o el recurso a sus aliados de Hezbolá en Líbano y Hamás en Palestina.

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