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Reportaje:

La noche más larga

México no olvida la matanza de Tlatelolco en su 40 aniversario

Jóvenes detenidos son conducidos por soldados del Ejército mexicano la noche del dos de octubre de 1968
Jóvenes detenidos son conducidos por soldados del Ejército mexicano la noche del dos de octubre de 1968 AP

Los jóvenes se amontonan en la Plaza de las Tres Culturas, en el norte de la ciudad de México. Esperan a que comience a hablar el primero de los cuatro oradores programados para esa noche. Algunos se encuentran allí para protestar contra la ocupación de Ciudad Universitaria por parte del Ejército mexicano. Otros asisten imantados por esa fuerza que ha surgido en el Mayo Francés. Eran las 18.10 cuando una bengala surcó el cielo de ese dos de octubre de 1968. La atención sobre esa luz brillante en el cielo la rompió el sonido de un disparo, luego otro más. Comenzaba la noche más larga.

Hoy se cumplen 40 años de aquel atardecer. Un aniversario doloroso por las jóvenes vidas que fueron truncadas en un mitin pacífico. Pero la fecha aún escuece porque aún tras la caída del PRI (Partido Revolucionario Institucional), que gobernó el país por más de 70 años, no se ha encontrado autor o responsable de esa matanza. La impunidad forma parte de esta conmemoración.

Faltaban 10 días para que México comenzara a vivir su sueño olímpico. La organización de los Juegos mantenía los ojos del mundo sobre el Distrito Federal, pero entre la juventud se despertaban inquietudes largamente acalladas. "No queremos olimpiadas, queremos revolución", llegó a oírse entre los 8.000 asistentes al mitin. El Gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz mantenía una política poco tolerante con los jóvenes de "ideas extravagantes" a los que acusaba de delitos rocambolescos como disolución social y ataques a las vías públicas.

Era una época en la que se escuchaba "de modo obsesivo" el rock de The Beatles y The Rolling Stones. Las canciones de protesta de Joan Baez y Pete Seeger eran recitadas. "Se leía el Boom con énfasis en García Márquez, Borges y Juan Carlos Onetti, además de José Revueltas", rememora el escritor Carlos Monsiváis.

"Llegué tarde, cuando ya no se podía entrar a la plaza", recuerda el autor vía telefónica. La señal que caía en el cielo era la orden que esperaban los integrantes de la Operación Galeana, para comenzar a accionar sus armas de fuego. Había francotiradores sobre los edificios -algunos de ellos de viviendas, otro, la sede de la Secretaría (ministerio) de Relaciones Exteriores- que comenzaron a abrir fuego sobre la muchedumbre despavorida.

"A estas alturas, no pensaba en otra cosa más que en salvar la vida", señala Raúl Álvarez Garín, uno de los líderes del movimiento, que se vieron acorralados por el plomo. Muchos de los disparos de esa noche fueron hechos desde el corazón de la multitud. Vestidos de paisano, los pistoleros del Batallón Olimpia -que se distinguían entre ellos con un guante blanco- reprimían el mitin. Esa madrugada llegaron a los hospitales muchos heridos con impactos en la espalda, las nalgas y las piernas. Les habían disparado mientras huían.

"Todo era confusión, el sentimiento del aplastamiento". Tanto para Monsiváis como para Álvarez Garín la noche derivó en un "delirante uso del teléfono" para encontrar a los amigos. Cerca de 2.500 jóvenes fueron detenidos esa noche y la mañana siguiente, cerca de un centenar de los arrestados formaba parte del CGH, los organizadores del mitin.

Cuarenta años después, no se sabe con exactitud el número de fallecidos de esa noche. "[Las cifras] se han dado de un modo que no se puede explicar. Había curiosos, simpatizantes y amas de casas, pero no líderes del movimiento" entre los muertos, indica. El baile de números no ayuda a cerrar las heridas. Las instancias oficiales cifraron en 33 las muertes ocurridas esa noche. Varios testimonios, sin embargo, señalaron que el Servicio Médico Forense recibió al menos 40 cuerpos. En un informe desclasificado hace once años, la embajada de Estados Unidos señaló que entre 150 y 200 personas perdieron la vida. Hasta la fecha sólo se han podido documentar 44 muertes. Organizaciones como Eureka!, que agrupa a los familiares de los desaparecidos han llegado a afirmar que el número de muertes asciende a 300.

Cuatro décadas de impunidad

El silencio incómodo que encierra la plaza de las tres culturas -situada al norte de la ciudad- obedece, en parte, a la impunidad de los crímenes a cuatro décadas de esa noche. Las ruinas de templos aztecas sobresalen flanqueadas por una iglesia del siglo XVII, el monasterio de Santiago Tlatelolco. Los altos bloques de viviendas unifamiliares se encargan de cerrar el cuadro. Hoy en día el centro de esa plaza luce un monumento que recuerda a los inocentes abatidos.

"No hay duda de que los derrotados de esa noche fueron los golpeados, los detenidos, los muertos. Los que creyeron en la democracia y en los derechos civiles", dice Monsiváis. Y agrega, "pero el derrotado mayor ha sido el autoritarismo del PRI (Partido Revolucionario Institucional)".

Gustavo Díaz Ordaz tardó en quebrar el mutis sobre la actuación de su gobierno en aquel entonces. En 1977, como embajador de México en España, defendió acaloradamente sus acciones. "De lo que estoy más orgulloso de mi seis años de Gobierno, es del año 1968, porque me permitió servir y salvar al país", dijo el ex presidente en unas célebres declaraciones. "Con algo más que horas de trabajo burocrático, poniendo vida, integridad física, la vida de mi familia, mi honor y el paso de mi nombre a la Historia. Todo se puso en la balanza, afortunadamente salimos adelante. Y si no fuera por eso usted no tendría la oportunidad -muchachito- de estar aquí preguntando" concluyó.

En México se reconoce que "no hay mucho que hacer" con los responsables de la matanza. La muerte en marzo de 2007 de Luis Gutiérrez Oropeza, a la sazón jefe del Estado Mayor Presidencial, y uno de los oficiales que dieron la orden de abrir fuego, esfuma las posibilidades de sentar a alguna autoridad en el banquillo.

Toda la presión -y la impotencia- provocada por los hechos de Tlatelolco alcanzan ahora a Luis Echeverría Álvarez. El ministro del Interior durante el Gobierno de Díaz Ordaz y ex presidente de la República es el centro de todas las asociaciones civiles y organizaciones de familiares de desaparecidos. Durante su mandato, un grupo paramilitar conocido como Los Halcones reprimieron a grupos juveniles en junio de 1971.

En 2001 el Gobierno de Vicente Fox creó la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado con el objetivo de esclarecer la autoría de los asesinatos. El esfuerzo se sumó a uno de los repetidos fracasos de la autodenominada administración del cambio. El informe final de la Fiscalía, presentado antes de la salida del mandatario del conservador PAN fue un fiasco. No contó con el respaldo gubernamental y fue desacreditado por los propios autores, que denunciaron cambios en los textos.

"Fox no se enteró del 68 y le han de estar informando sobre la existencia de Miguel Hidalgo y Costilla (padre del México independiente)", ironiza Monsiváis.

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