Tribuna:

¿Un problema estructural o cíclico?

FRANCOIS BOURGUIGNON 22 JUL 2010 - 18:11 CET

América Latina y el Caribe (ALC) conforman la región más desigual del mundo y se considera que la desigualdad es uno de los mayores obstáculos para su desarrollo. Si bien este tema ha captado la atención de los académicos durante muchos años, hasta ahora no han logrado convencer a la élite política de embarcarse en ningún programa serio para reducir la desigualdad.

Según el informe del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) que se presenta hoy y un libro escrito por Luis Felipe López Calva y Nora Lustig de reciente publicación, varios indicadores sugieren que las cosas pueden estar cambiando. En primer lugar, la desigualdad del ingreso ha disminuido durante el último decenio en varios países, no por mucho, pero sí de manera significativa. En segundo lugar, cada vez existe mayor conciencia social y política de que algo debe hacerse para reducir la desigualdad y la pobreza relativa, como puede apreciarse en la difusión de programas de transferencias de efectivo dirigidos a los pobres de toda la región. En tercer lugar, el reciente aumento repentino en el crecimiento podría ayudar a magnificar estas tendencias. Por consiguiente, la pregunta es si ahora la región de ALC ha tomado un camino de crecimiento acelerado e igualador, o si la reciente disminución de la desigualdad y la aceleración del crecimiento son resultado de ciclos económicos nacionales o globales que pudieran revertirse en el futuro.

"Se necesitan más recursos para hacer mella en una desigualdad tan elevada y romper el círculo"

Hasta donde sabemos, la respuesta a esta pregunta es que efectivamente hay fuerzas estructurales que están presentes y que tienden a contener la desigualdad, pero que siguen siendo débiles a pesar de que pueden haberse fortalecido gracias al aumento repentino del crecimiento que se ha observado en fechas recientes. Sin embargo, la persistencia de este crecimiento dista mucho de ser algo que deba darse por descontado.

El progreso educativo ha sido un importante factor estructural ecualizador. Durante los últimos 20 años, el marcado aumento en la proporción de la fuerza laboral que cuenta al menos con primaria terminada ha tenido un efecto igualador significativo. Además, la oferta de trabajadores con estudios superiores aumentó más rápidamente que la demanda, lo que contribuyó a una disminución del diferencial de ingresos entre trabajadores calificados y no calificados. Hace 15 años, la tendencia era a la inversa.

Las políticas innovadoras de redistribución dirigidas a los más pobres en muchos países de ALC es un segundo factor estructural que contribuyó a la igualación del ingreso. No obstante, su efecto generalizado está limitado en función del tamaño en sí de estos programas. En promedio, los llamados "programas de transferencias de efectivo condicionadas", como Oportunidades en México, Bolsa Familia en Brasil, Chile Solidario y otros, dan cuenta de menos del 0.6 por ciento del PIB. No es posible lograr una gran disminución de la desigualdad con recursos tan limitados. Se requiere mucho más para hacer una mella importante donde existe una desigualdad de ingresos tan anormalmente elevada y romper el círculo vicioso que la transmite de una generación a otra.

El hecho de que la disminución de la desigualdad que se ha observado en el último decenio parezca haber precedido al reciente aumento repentino en el crecimiento confirma que se trata de un fenómeno más bien estructural y no cíclico. A pesar de que los datos de distribución del periodo más reciente todavía no están disponibles, es probable que el aumento repentino del crecimiento que se observa desde 2004 (el PIB per cápita creció a una tasa anual récord de 4 por ciento entre 2004 y 2008) haya contribuido a intensificar todavía más esta disminución al aumentar la demanda de mano de obra y la proporción de la mano de obra en el ingreso nacional. Al aumentar los recursos presupuestales, esta aceleración del crecimiento también podría darles a los gobiernos los medios para implementar políticas de redistribución más agresivas.

Algo parece estar cambiando en la región de ALC en el rubro de la desigualdad, por lo menos y en parte debido a políticas innovadoras. Sin embargo, la región sigue estando lejos del punto en donde la desigualdad deje de actuar como un freno sistemático para el crecimiento económico a largo plazo. Otras fuerzas podrían contribuir a acelerar el crecimiento. Se tiene la esperanza de que ya estén en operación y que los gobiernos aprovechen la oportunidad de lograr un mejor desempeño de crecimiento para avanzar aun más en su lucha contra la desigualdad y su impulso al desarrollo socialmente duradero.

François Bourguignon es Director de la Escuela de Economía de París y ex Economista en Jefe del Banco Mundial

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