Cuba hará los cambios a su ritmo y sin presiones de la prensa extranjera

El vicepresidente Machado Ventura pronuncia un discurso inmovilista

MAURICIO VICENT La Habana 26 JUL 2010 - 23:22 CET

Tres ideas: nosotros a nuestro ritmo; cambios sí, pero solo los necesarios para hacer sostenible el socialismo en "este momento histórico"; y nada de dejarse llevar por "precipitaciones" ni "presiones externas", mucho menos por agendas y "campañas de la prensa extranjera". Los mensajes del 57º aniversario del asalto al cuartel Moncada, la fecha revolucionaria más importante de Cuba, fueron bastante claros. Otras cosas quedaron más difusas en la ciudad de Santa Clara, sede del acto político.

Raúl Castro, el orador esperado, estuvo presente pero por razones que se desconocen prefirió no hacer uso de la palabra. El discurso lo pronunció el vicepresidente primero, José Ramón Machado Ventura, de 79 años, que muchos analistas ven como símbolo de la ortodoxia y el inmovilismo.

Desde luego, no fue el de Machado Ventura un discurso aperturista. Al contrario, transmitió una sensación de frenazo en el peor momento, cuando algunos vaticinaban que, ahora sí, las reformas podrían avanzar en paralelo al proceso de excarcelación de 52 prisioneros de conciencia, actualmente en marcha. Se sabía que, en una fecha como el 26 de julio, este tema ni se mencionaría. Pero ni ese, ni otros.

La crisis económica galopante que sacude al país la tocó solo de refilón, y sobre todo para enfatizar lo imprescindible que resulta "ahorrar" y "racionalizar recursos" en todas las esferas, incluidas la educación y la salud, los grandes emblemas de la revolución. Nada de menciones a "liberar las fuerzas productivas" o a los famosos "cambios estructurales y de concepto" de los discursos anteriores de Raúl Castro.

Tampoco hubo comentarios ni pistas sobre las reformas que supuestamente el Gobierno realizará a partir de septiembre para reactivar la economía, algo que la sociedad demanda a gritos desde hace tiempo. Entre las medidas a adoptar, estarían la ampliación del trabajo por cuenta propia así como la cooperativización de algunos servicios, además de otras para eliminar subsidios y aligerar unas plantillas infladas en casi un tercio de la población activa de Cuba, 1.300.000 trabajadores.

Sin embargo, las palabras de Ventura más que dar ánimo reforzaron la tesis del inmovilismo crónico en Cuba. "Actuaremos sin soluciones populistas, demagógicas o engañosas. No nos conduciremos por campañas de la prensa extranjera", dijo el número dos del Gobierno, y agregó: "Progresaremos con sentido de la responsabilidad, paso a paso, al ritmo que determinemos nosotros, sin improvisaciones ni precipitaciones, para no errar...". Un mensaje bien clarito a quien lo quiera escuchar.

Lo que más llamó la atención este 26 de julio fue el silencio de Raúl. Desde 1959, en las conmemoraciones del Asalto al Moncada siempre habían hablado Fidel o Raúl Castro. Solían, incluso, aprovechar la fecha -que marca el inicio de la lucha revolucionaria en Cuba- para pronunciar el discurso más importante del año, en el que se delineaban directrices políticas y económicas de futuro. Esta vez Raúl decidió no hablar y surgieron las especulaciones: que si la reciente reaparición de Fidel ha cambiado la correlación de fuerzas entre "reformistas" e inmovilistas"; que si Raúl no cree en la línea de barricada del discurso de ayer y por eso calló; que si la cohabitación entre Fidel y Raúl es perfecta, y que el menor de los Castro simplemente se reserva para su intervención ante el Parlamento, el próximo 1 de agosto, donde podría esbozar la futura línea económica....

Hipótesis hay para todos los gustos. Aunque una cosa es cierta. Tras cuatro años de ausencia, Fidel Castro -que el sábado reapareció de verde olivo- está mejor de salud y cada vez más presente. Lo confirmaba así Ventura: su "visible recuperación es motivo de profunda alegría para todos los revolucionarios cubanos y progresistas del mundo"; nadie puede negar ya que " está presente y combatiendo en este día que tanto significa para él".

Su amigo Hugo Chávez también estaba invitado a Santa Clara. A última hora el presidente venezolano declinó asistir debido al incremento de las tensiones con Colombia. Pero sentenció Ventura: "Ante las amenazas y provocaciones, Venezuela tiene todo el derecho a defenderse y contará siempre con el firme respaldo de todo el pueblo cubano". Raúl lo miraba sentado junto al vicepresidente bolivariano Rafael Ramírez, ministro de Energía y Petróleo. Lo que pensaba, entre pronunciamientos de barricada, solo él lo sabe.

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El presidente Raúl Castro saluda militarmente en la ceremonia celebrada ayer en Santa Clara. / AFP

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