Potosí, la Cenicienta de Bolivia, quiere ser departamento federal

Las protestas se agravan en la región minera tras 13 días de huelga general

MABEL AZCUI Cochabamba 10 AGO 2010 - 20:12 CET

Potosí, el departamento más pobre y resignado de Bolivia, se ha rebelado y pedido para sí el régimen federal al Gobierno del presidente Evo Morales, a quien ha conminado a visitar esa ciudad para atender sus demandas y poner fin a un conflicto que paraliza desde hace 13 días la región y amenaza con agravarse.

"Potosí federal", ha sido el grito acompasado y reiterativo de una muchedumbre enojada que ha tomado las calles para reafirmar sus medidas de presión frente a la negativa gubernamental de comenzar un diálogo en esa ciudad, de más de 160.000 habitantes, 554 kilómetros al sureste de La Paz y a 4.067 metros sobre el nivel del mar.

La huelga general, declarada el 27 de junio, está acompañada del cierre de todas las vías de acceso a la ciudad y la suspensión de actividades con el militante apoyo de sus ciudadanos. Unos 500 dirigentes cívicos están en huelga de hambre en oficinas públicas y plazas. A este ayuno se sumó el pasado viernes el gobernador de Potosí, Félix González, que llegó al cargo con el apoyo del partido de Morales, informa Efe.

Todas estas medidas de presión están destinadas a que el Ejecutivo solucione favorablemente las seis demandas potosinas, entre ellas, el cumplimiento de dos promesas electorales: la ampliación y mejora del aeropuerto y la instalación de una fábrica de cemento, cuya materia prima se encuentra en un cerro de piedra caliza que se disputan los pueblos de Coroma (Potosí) y Quillacas (Oruro).

"Nada tenemos que festejar. A nuestra manera y a nuestro estilo estamos rindiendo homenaje a la patria, sin desfiles ni actos cívicos sino con una histórica marcha de protesta del pueblo potosino", aseguró a medios locales el presidente del Comité Cívico de Potosí, Celestino Condori, que encabezó las protestas el pasado 6 de agosto, fiesta nacional de Bolivia.

Los ciudadanos abarrotan las estrechas calles del centro histórico para reclamar sus demandas. Ante las cámaras de televisión han desfilado los rostros cenizos de los mineros y los indígenas con la tez quemada por el sol altiplánico. En sus caras se advierte la determinación de seguir luchando para poner fin a sus penurias con esta rebelión contra el Gobierno de Morales. Evo Morales arrasó con casi el 80% de los votos en las últimas elecciones del 6 de diciembre de 2009.

La prolongada huelga y el cierre de todas las vías de acceso afectan a las familias, que han empezado a hacer cola para conseguir alimentos. El gobernador González ha reconocido la falta de alimentos, incluso de productos lácteos para los niños, y la carencia de medicamentos. Se manifiesta convencido de que las huelgas, siendo entendibles, están "perjudicando enormemente las labores escolares y la actividad productiva, que está casi paralizada".

Al menos 150 turistas de varias nacionalidades siguen bloqueados en la zona, a la espera de una resolución del conflicto. Hasta el momento, solo un grupo de 30 turistas, la mayoría franceses, han podido abandonar la región, según Efe.

Los intentos de diálogo han fracasado hasta ahora. Las autoridades gubernamentales no quieren ir a Potosí. El ministro de Autonomías, Carlos Romero, que ha esperado en vano en Cochabamba y en Sucre a los líderes regionales, justifica la reticencia a viajar. "Si a uno le convocan y le esperan con un garrote, es que no hay condiciones para el diálogo", afirma de los momentos de violencia que se registraron en uno de los últimos cabildos, cuando exaltados atacaron los domicilios de algunas autoridades locales y golpearon al presidente del Comité Cívico de Potosí.

Los potosinos están cansados de la austeridad y quieren ser partícipes activos del "vivir bien" que promete Morales. El Cerro Rico, Sumac Orcko en quechua, perforado de arriba a abajo, amenaza con hundirse tras siglos de inmisericorde extracción del mineral de plata; el agotamiento de las minas de estaño en Catavi y Siglo XX, el fracaso de la planta metalúrgica de Karachipampa y el sueño del litio del salar de Uyuni, que se hace esperar, ha dejado en los habitantes una sensación de frustración. Lo han dado todo y siguen pobres de solemnidad.

El Potosí en la indigencia

Los índices de deterioro social en Potosí son los más altos de Bolivia. Las mayores bolsas de pobreza extrema se encuentran en este departamento, situado entre los ramales de oriente y occidente de la Cordillera de los Andes, con altiplanicies y valles hacia el sur.

Gran parte de sus pequeños pueblos se convirtieron en zonas expulsoras de migrantes. Familias enteras ocupan las aceras de las ciudades para extender la mano o vender cinco caramelos o flores de manzanilla de mayo a agosto, mientras descansan las tierras de labranza. La migración incide en la baja densidad de población por kilómetro cuadrado, que encarece y hace más difícil el acceso a servicios básicos de agua potable, alcantarillado y energía.

La pobreza extrema afecta a seis de cada diez potosinos. Cuatro de cada diez niños menores de tres años padecen desnutrición crónica y muchos más se van a la cama con el estómago vacío.

De acuerdo con cifras de Naciones Unidas, en 2008 la tasa de mortalidad infantil en Potosí era de 101 niños por cada 1.000 nacimientos, mientras que la de mortalidad materna era de 354 por cada 100.000. Y no han experimentado cambios.

Potosí, que en la época colonial fue una de las ciudades más pobladas del continente, ha reclamado siempre la atención de los Gobiernos, sin resultado. Ahora ha optado por la rebelión, pero está abierta al diálogo, dicen sus líderes. Más les vale: los linchamientos de policías en Uncía pueden ser un aviso de que los territorios desiertos y la pobreza inmensa de sus pocos pobladores pueden atraer a peligrosos nuevos amos, el narcotráfico y el contrabando, principalmente de vehículos robados.

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