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Ariel Sharon regresa a su casa

El ex primer ministro israelí está en coma desde enero de 2006 tras sufrir un derrame cerebral

Ariel Sharon esperará la muerte en su rancho, donde ya está enterrada su esposa. Si volviera al hospital donde ha pasado en estado vegetativo los últimos cinco años, sería sólo por un agravamiento irresoluble. El doctor Shlomo Noi, uno de los médicos que le atendían en el hospital Sheba de Tel Hashomer, comentó que se le había enviado a casa porque no mostraba ningún indicio de que pudiera salir del coma. "Sólo nos queda la esperanza", añadió.

Sharon, que era primer ministro de Israel el 4 de enero de 2006, cuando sufrió una hemorragia cerebral masiva, fue trasladado temprano desde el hospital al Rancho del Sicomoro, en el desierto del Neguev. Fue escoltado por una amplia comitiva de personal sanitario y policías. La Comisión de Finanzas de la Knesset, el Parlamento israelí, aprobó unos días atrás la concesión a la familia Sharon de una subvención anual de 1,6 millones de shekels (unos 320.000 euros) para que hiciera frente a los costes de tratamiento del ex primer ministro. El Ministerio de Finanzas explicó que esa era la suma que venía gastando el hospital Sheba.

En realidad, Ariel Sharon podía haber sido trasladado ya hace tiempo, pero la familia, básicamente sus dos hijos, prefirió que siguiera hospitalizado. Ahora, por razones no aclaradas, los hijos han cambiado de opinión.

El doctor Noi dijo que Sharon requería en ocasiones de un respirador artificial, aunque normalmente respiraba por sí solo, y que había atravesado diversas crisis, debidas a infecciones, que se habían resuelto sin grandes dificultades. "Su estado puede definirse como estable", precisó. En anteriores declaraciones los médicos que le atendían admitieron que el derrame había provocado daños irreversibles en el cerebro.

En el hospital disfrutaba de unas condiciones especiales: disponía de una habitación en exclusiva, mientras los otros nueve pacientes en coma del mismo pabellón compartían habitación por parejas; había siempre cerca una enfermera de guardia, y en su puerta vigilaba un policía. "Tenía privilegios, por supuesto", comentó el doctor Noi. Cuando ingresó era un primer ministro que, tras ordenar la evacuación de Gaza y abandonar el Likud para formar un nuevo partido, Kadima, favorable a la negociación de un acuerdo de paz con los palestinos, gozaba de una enorme popularidad. Tres meses después de la hemorragia cerebral, Kadima obtuvo una rotunda victoria en las elecciones generales y el sucesor provisional de Sharon, Ehud Olmert, fue confirmado como primer ministro.

La peculiar situación de Ariel Sharon ha impedido hasta el momento una evaluación más o menos fría de su carrera como soldado y político. Para un sector de la sociedad israelí, es un héroe de la patria; para otro sector, un criminal de guerra. El hombre que en 1982, con Menahem Begin, lanzó a Israel a la desastrosa invasión del Líbano, instigó o toleró las matanzas de Sabra y Shatila y mantuvo hasta el final un formidable prestigio en el Ejército y entre el electorado nacionalista, seguirá a la espera de que se cierre definitivamente el paréntesis.