El visado libre de Ecuador dispara las alarmas en Washington

La decisión del presidente Rafael Correa de permitir el ingreso de todo el mundo en 2008 convirtió al país andino en una puerta hacia EE UU y el resto de América para inmigrantes ilegales, sospechosos de terrorismo y narcotraficantes

FERNANDO GUALDONI Madrid 17 DIC 2010 - 22:24 CET

Estados Unidos apenas se inmuta ante la retórica antiimperialista del presidente ecuatoriano Rafael Correa, sus desplantes diplomáticos o sus viajes a Irán, Venezuela y Cuba. Tampoco le suponen catástrofes insalvables el fin de las operaciones antidroga de sus aviones desde la base ecuatoriana de Manta ni el enfrentamiento del Gobierno con las petroleras estadounidenses. Pero sí hay una decisión de Correa que ha hecho saltar las alarmas en Washington: la de eximir de visado a todo el mundo. En junio de 2008, Ecuador puso en marcha la llamada política de "puertas abiertas". Ningún extranjero necesitaba visado para entrar y permanecer en territorio ecuatoriano hasta 90 días.

Para Washington, esta disposición abrió un enorme punto de acceso hacia su territorio de decenas de miles de inmigrantes cubanos, chinos y otros asiáticos, una cifra desconocida de sospechosos de terrorismo del este africano, Pakistán y Afganistán; y de nuevas bandas de narcotraficantes. Y aunque la medida fue corregida -ahora se exige visado a los nacionales de una decena de países-, Ecuador es un coladero desde que tiene una de las políticas de visados más laxas del mundo.

Los cables del Departamento de Estado dan cuenta de la crisis que supuso la medida desde el mes siguiente a su entrada en vigor y recogen la enorme preocupación no solo de la Embajada de Quito, sino también de legaciones como las de Panamá, Costa Rica, El Salvador o Nigeria. En un cable de julio de 2008, la ex embajadora estadounidense en Quito, Linda Jewell, relata que le transmitió su inquietud al entonces ministro de Gobierno, Fernando Bustamante (actualmente congresista del partido de Correa, Alianza País). "Bustamante respondió que él también estaba preocupado por el asunto, pero que era muy poco probable que Correa cambiara de idea".

La sucesora de Jewell, Heather Hodges, se entrevistó un mes después con Bustamante e insistió sobre el tema. El ministro "señaló que Ecuador mantenía una visión humanitaria de la inmigración, que el Gobierno quería evitar la criminalización de la migración y que el presidente Correa creía firmemente en la libre circulación de las personas en Ecuador y el hemisferio". Hodges replicó que entre junio y septiembre de 2008 habían entrado el doble de chinos a Ecuador que durante todo 2007 y que no iban precisamente a hacer turismo a Galápagos, sino a Tulcan (en la frontera con Colombia) y otros puntos de salida del país hacia el resto de América, y en especial hacia EE UU.

La masiva llegada de inmigrantes chinos forzó a Correa a hacer la primera revisión de su política. "El Gobierno de Ecuador declaró en privado que implementará visados para los chinos a partir del 1 de diciembre", dice un cable firmado por Hodges. Pero para el resto del mundo, las puertas del país andino siguieron abiertas.

Inestabilidad regional

"Ecuador está provocando la inestabilidad de toda América" desde que suprimió los visados, advirtió Mario Zamora, ex director de Inmigración y actual viceministro de Seguridad de Costa Rica, a la embajada estadounidense en San José en noviembre de 2008. Zamora contó que los vuelos diarios de la compañía TACA entre Ecuador y Costa Rica se habían vuelto "extremadamente cosmopolitas" y que temía una avalancha de inmigrantes irregulares de europeos del Este, árabes, sudamericanos y africanos. El funcionario también alertó sobre el número de iraquíes, iraníes y afganos que habían sido detectados viajando desde Ecuador a Colombia por tierra y cuyo destino final era el "norte".

Marcel Salamin, que actuó como consejero de Seguridad del ex presidente panameño Martín Torrijos, directamente acudió a la embajadora Barbara Stephenson en San José para pedirle que EE UU protestara enérgicamente ante Ecuador por su política de visados, a la que achacaba el aumento de inmigrantes del Este africano, especialmente somalíes, "algunos de los cuales tenían heridas de bala, lo que indicaba que habían entrado en combate". Salamin describió a Correa como un "tísico cuya tos contamina a todos los demás". Tanto Panamá, Colombia como El Salvador también se quejaron de que Ecuador se negaba a aceptar a los detenidos sin papeles que procedían de su territorio.

Durante los últimos dos años miles de cubanos también desembarcaron en Ecuador, la mayoría de ellos con el objetivo de emigrar a EE UU. Se calcula que ingresaron unos 60.000 y hoy son la segunda comunidad extranjera en el país andino detrás de la colombiana. Tienen hasta su propio barrio en Quito y, paradójicamente, se llama La Florida. La avalancha de cubanos disparó el negocio de los matrimonios por conveniencia y los delitos de falsificación de documentos.

A mediados de este año, el Gobierno ecuatoriano desmanteló una red de tráfico de papeles en la que participaban policías, funcionarios del Registro Civil, jueces, y hasta un subsecretario de Exteriores. Tras este escándalo, Correa se vio forzado por segunda vez a revisar el tema migratorio: "No podemos caer en romanticismos. Si es menester endurecer nuestra política de inmigración, así lo haremos". En septiembre, el Gobierno anunció la imposición de visados para afganos, paquistaníes, somalíes y nigerianos, entre otras nacionalidades de Asia y África. Los cubanos, sin embargo, podrán seguir llegando a Ecuador sin cortapisas.

El cambio llegó mucho después de que la diplomacia estadounidense constatara que la política de "puertas abiertas", además de disparar "el tráfico ilegal de personas, la falsificación de documentos, el trabajo esclavo y la corrupción", había facilitado la expansión del narcotráfico en Sudamérica. Un cable de febrero de 2009 del Consulado de Lagos es contundente: "El narcotraficante nigeriano conocido como Idowu, reside en Quito (...) Desde Ecuador coordina envíos de cocaína hacia Suráfrica y es parte de una red de traficantes nigerianos en Sudamérica". El informe traza con precisión la asociación entre Idowu y otros tres nigerianos, dos residentes en Caracas y un tercero que divide su tiempo entre Quito y São Paulo, para enviar droga desde Suramérica a la costa de África y de allí a Europa. Un cuarto miembro del cartel que vive en Lagos se jacta en el informe de viajar con frecuencia y facilidad a Quito.

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