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Tribuna:

La UE va a ayudar a sentar las raíces de una "democracia profunda"

Las revueltas en los países árabes constituyen un gran reto para Europa en la búsqueda de la libertad

Las revueltas en varios países del Mediterráneo y la región de Oriente Próximo en general constituyen un gran reto para Europa y el resto del mundo occidental. La actuación de la Unión Europea se apoya en dos principios. El primero es que en Europa sabemos lo largo y que puede ser el camino hacia la libertad. Nuestro viaje hacia la democracia liberal del siglo XX fue muy lento. La propia UE nació de las cenizas de unos conflictos que nos demostraron lo terrible que puede ser la vida cuando la democracia se desintegra. Si a eso se añade el dudoso historial imperial de las potencias europeas, es evidente que existen motivos para ser humildes, aunque, al mismo tiempo, afirmemos categóricamente que la democracia es el fundamento necesario para el progreso humano.

En segundo lugar, la democracia, por supuesto, consiste en votos y elecciones, pero también en muchas otras cosas. En Europa hemos aprendido, a base de cometer errores, que necesitamos una democracia profunda, que incluya el respeto al imperio de la ley, la libertad de expresión, un poder judicial independiente y una administración imparcial. Para eso es necesario proteger los derechos de propiedad y contar con unos sindicatos libres. No se trata sólo de cambiar el gobierno, sino de construir las instituciones y las actitudes adecuadas. A largo plazo, la "democracia superficial" -que la gente emita su voto con libertad el día de las elecciones para escoger su gobierno- no puede sobrevivir si la "democracia profunda" no echa raíces.

Ya hemos empezado a aplicar estos principios en nuestro trabajo con el nuevo gobierno tunecino. Esta semana, Ahmed Ouneies, el nuevo ministro de Exteriores de Túnez, hizo su primer viaje al extranjero con una visita a Bruselas, en respuesta a una invitación mía. Le prometí que vamos a dar a su país toda la ayuda posible para que pueda seguir el camino que ha decidido su pueblo: hacia la auténtica democracia, la reforma y la justicia social. Nuestra colaboración comprenderá, además de la ayuda para la celebración de unas elecciones libres y limpias, el apoyo a un programa para luchar contra la corrupción y lograr que la administración local sea transparente y el sistema de justicia plenamente independiente.

La UE ya ha incrementado el dinero destinado a sostener la sociedad civil. Estamos a punto de enviar un grupo de expertos a Túnez para valorar la situación sobre el terreno y adaptar mejor nuestra aportación con el fin de ayudar de forma más directa a la gente. Estoy segura de que esta misión será la primera de muchas. A corto plazo, una de sus tareas fundamentales será asesorar a las autoridades de transición sobre las leyes electorales; pero, al ayudar a construir la sociedad civil, tratamos de garantizar que siga habiendo elecciones libres y competidas durante muchos años y que esto no sea flor de un día.

Además, la Unión Europea seguirá ofreciendo todo su apoyo a un Egipto que está avanzando sin demora hacia una genuina transición política. El gobierno debe escuchar los deseos de su pueblo. Ha llegado la hora de una transformación pacífica. He pedido a las autoridades egipcias que emprendan la transición hacia una verdadera reforma democrática, que prepare el terreno para unas elecciones libres y limpias. También allí, el reto es sentar las bases de una democracia profunda; también allí, la UE está lista para ayudar.

Estamos presenciando grandes cambios en Oriente Próximo. Todavía no está claro cómo van a perfilarse; no puede estarlo. Lo que sí sabemos es que el papel de Turquía, en el futuro, será aún mas importante, como socio valioso de la Unión Europea y ejemplo de moderación democrática. También sabemos que es urgente progresar en el proceso de paz de Oriente Próximo, ahora más que nunca.

La UE no va a imponer simples plantillas ni recetas concretas sobre cómo tienen que ser los nuevos sistemas políticos. Esa decisión no nos corresponde a nosotros, sino a los ciudadanos de la región. Pero sí debemos entablar un diálogo serio que nos permita ayudarles, a corto y a largo plazo. Es posible que la UE no siempre sea la más rápida en acudir, pero suele ser la que más tiempo se queda después. Nosotros no contribuimos a los cambios de régimen, sino a los cambios de sistema.

Al final, la "democracia profunda" es la mejor respuesta, probablemente la única, que puede darse a quienes temen que el final de las tiranías desemboque en el populismo del extremismo antioccidental. La experiencia europea nos dice que la tolerancia, la paz y la prosperidad necesitan tener como base la democracia auténtica. En el norte de África y el mundo árabe, el camino hasta esa meta será lento y estará lleno de contratiempos. Pero construir una "democracia profunda" es la única forma de poder llegar hasta allí.

Catherine Ashton es la Alta Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad y Vicepresidente de la Comisión Europea. - Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia