TESTIMONIOS DESDE LIBIA

Testigos: "Las personas en la calle no están armadas, los jóvenes se enfrentan con su cuerpo"

Ciudadanos libios y extranjeros que se encuentran en el país relatan la situación en distintas zonas, desde la tranquilidad y la ilusión al miedo y la escasez

EL PAÍS Madrid 25 FEB 2011 - 08:39 CET

Pese a los intentos del régimen de Muamar el Gadafi de acallar a su pueblo y las dificultades para comunicarse en Libia, EL PAÍS ha conseguido contactar con algunos testigos de lo que allí está sucediendo: residentes en Libia, españoles que estaban allí trabajando, familiares de personas que intentan salir del país... Los últimos testimonios tratan de dibujar la situación que viven los libios en la capital, Trípoli, escenario de la que, presumiblemente, será la última batalla.

M.D., ingeniero, desde Hai-Andulas, a las afueras de Trípoli: "Escuchamos disparos desde hace un par de días"

Después de dos días sin noticias de nuestros contactos en Trípoli, el ingeniero informático libio M.D. cuenta que está a salvo. "La última noche fue tranquila aunque llevamos escuchando disparos desde hace un par de días pero no hay ataques aéreos", dice. M.D. comenta que la situación en la capital es mucho más tranquila que la que están viviendo otras ciudades como Tayota y la zona de Dahmany al Zaiat, donde hay mercenarios que "persiguen a cualquiera que parezca un manifestante".

El área de Fashloom es la más peligrosa de Trípoli, según este ingeniero informático libio que dice no dormir más de dos o tres horas desde que empezaronlas revueltas. "Creo que el régimen es muy débil. La pregunta es cuándo y por qué precio caerá el régimen de Gadafi", declara M.D. desde Hai-Andulas, a 10 km de Fashlooom. Este ciudadano libio asegura que no han logrado comprar pan en la última semana y que viajar por la noche es muy peligroso.

"Tenéis que saber que Gadafi no va a abandonar el poder pacíficamente. Ya lo dijo en su discurso, morirá matando", dice M.D. El ingeniero libio ha logrado hablar con su hermana, quien, desde Bin Ashour, ha podido ver cómo las fuerzas de seguridad repelían las protestas tras la oración.

Un libio-español, 42 años, trabajador de una empresa de catering en Trípoli: "Estamos cansados de tanta opresión"

Hace unos días enterró a su primo de 26 años; tiene miedo, como la mayoría de los libios, pero no piensa dejar su país pese a ello, no va a regresar a España, en donde ha vivido la mayor parte de su vida. No ha luchado con sus manos en las revueltas por respeto a sus padres, pero le encantaría. "Los libios sólo quieren libertad, estamos cansados de tanta opresión. Hemos estallado por un efecto dominó, pero ya le tocaba a Libia. La población libia es muy joven, tienen muchas aspiraciones y quieren democracia", cuenta en una llamada telefónica.

Por el momento, en su zona de Trípoli, no tienen falta de comida, aunque en las tiendas cada vez escasean más cosas. Aunque no participe en las revueltas, sí las ha presenciado. "Las personas en la calle no están armadas, salvo los núcleos cercanos al poder. Los jóvenes se enfrentan con su cuerpo", asegura, mientras cuenta que hay luchas en cada calle de la capital porque "todo es espontáneo, nada está organizado".

Pese al miedo constante y la "brutalidad de la represión", confía en que llegue pronto la libertad. "Este país tiene recursos suficientes y gente muy dispuesta. Sólo hace falta confianza y soporte del exterior".

Samir Ahmad, 35 años, agente comercial libio en Barcelona: "Solo les queda comida para una semana"

Samir Ahmad, empleado en una marmolería, estaba ayer entre los 300 manifestantes de Sant Jaume. Él está sólo en España. Llegó a la Ciudad Condal en 2000 porque "era crítico con el régimen" y no quiso poner en peligro a los suyos. La familia de Ahmad vive en Trípoli. Él lleva tres días sin dormir por no poder estar allí "luchando hasta el final". "Estuve en la ciudad por trabajo hace dos semanas, pero tuve que volver a por material y ya no me dejaron regresar".

El comercial libio recibió noticias de su madre esta mañana. "Me ha dicho que están bien, pero solo les queda comida para una semana. Después de eso, el destino está oculto", relata con tristeza. Las tiendas están desabastecidas porque el puerto está cerrado.

Souheib Oueslati, biólogo de Túnez: "Han abierto fuego contra civiles"

"Los tunecinos que han vuelto de Libia cuentan historias de violencia extrema", ha relatado a este diario Oueslati desde el país vecino. "Hablan de una guerra civil, una masacre a manos de Gaddafi, que ha abierto fuego contra civiles, con artillería pesada y aviones. Ha sembrado el pánico en la calle".

A. A., 33 años, dentista, Gergaresh (Trípoli):"Pretende que vivamos felices mientras corre la sangre"

La dentista cuenta que ha perdido la comunicación telefónica totalmente y que, durante la tarde, ha escuchado disparos. Sus vecinos dicen que hay más protestas en Tajura, Sooq Aljumoa, Fashloom y Gurji. A. A. afirma que el discurso de Gadafi no le "convence". El mandatario ha ofrecido mil dinares libios a cada familia para "ganar apoyos". "Pretende que vivamos felices y que salgamos a danzar a la calle mientras corre la sangre".

La dentista libia, que vive en Gergaresh, un barrio costero con hoteles de Trípoli, contó a este diario ayer que, según testimonios de amigos suyos, las milicias entraron en un centro hospitalario y se llevaron los cuerpos de los manifestantes caídos en las calles, pese a la oposición de los médicos. La noche anterior habían entrado para prohibir a los trabajadores que tomaran fotos o vídeos de los muertos y heridos.

Adel Abdelmola, libio residente en Barcelona: "Es muy significativo que miles de personas se hayan concentrado hoy en la Plaza Verde"

Adel Abdelmola fue uno de los libios que se manifestaron ayer en la plaza Sant Jaume de Barcelona en apoyo a su pueblo. Su familia vive en Zauiya, donde murieron anoche 60 personas. Les han cortado la luz y sólo tienen teléfono por la noche, intermitentemente. "Los viernes son festivos, días para quedarse en casa con la familia, así que es muy significativo que miles de personas se hayan concentrado hoy en la Plaza Verde", explica Abdelmola. Su hermano y su padre están allí, manifestándose.

Abdelhamed, 23 años, estudiante de Medicina: "Ya no necesitamos para nada a Gadafi"

"Tenemos agua, tenemos comida, los hospitales tienen suficiente material... ya no necesitamos para nada a Gadafi". Abdelhamed suena tranquilo e ilusionado por el teléfono. Los días anteriores han sido duros para él y sus vecinos de la localidad de Tobruk, en el este de Libia, a unos 130 kilómetros de la frontera egipcia. Ha perdido dos amigos en las revueltas y muchos están heridos. Él mismo ha tenido un contacto muy directo con los heridos, pues estudia Medicina y ha pasado mucho tiempo en los hospitales. Hoy, con la ciudad liberada del yugo de Gadafi, Abdelhamed descansa y su voz suena a esperanza. ¿Volver hacia atrás? "Nunca. No podríamos. Tendría que acabar con todos nosotros muertos".

Mahmud Shari, 31 años, comerciante, Zliten: "La gente no sale de casa, porque nadie sabe quién está con Gadafi y quién con las protestas"

Mahmud Shari, comerciante de 31 años de Zliten, en el este de Libia, contaba el jueves que la noche había sido tranquila pero el ambiente en la ciudad, que había sido liberada, está enrarecido desde que hace dos días, tras el discurso de Gadafi, sus simpatizantes causasen 30 heridos. "La gente no sale de casa, porque nadie sabe quién está con Gadafi y quién con las protestas", explicaba Shari en conversación telefónica y añadía que "los vecinos están esperando a ver cómo se resuelve la situación en Trípoli antes de volver a la calle con normalidad". Los bancos, tiendas y oficinas estaban cerrados. Solo funcionaba el hospital y a partir de las seis de la tarde no se veía a nadie en las calles de esta ciudad de 200.000 habitantes, a 150 kilómetros de Trípoli.

Shari hablaba entusiasmado de la vecina Misrata, a unos 45 kilómetros al este de Zliten. La población tenía el control total de la ciudad: "Hay banderas en cada edificio, la gente está armada, y todo está abierto: bancos, farmacias, tiendas", cuenta con pasión. Pensaba ir a ver cómo está todo allí hoy o mañana. No le preocupaba que hubiera peligro en la carretera, porque decía, el este del país es del pueblo.

Comerciante, 52 años, pro-Gafadi, Trípoli: "Somos una democracia y todo lo que se está contando no es verdad"

Un comerciante de 52 años que prefiere mantener el anonimato "por razones de seguridad", aseguraba el jueves que Trípoli volvió a la normalidad la noche anterior, y que la gente está trabajando y el banco central ha reabierto. "Todo es propaganda de Occidente y de Al Yazira", afirmaba, negando que en Libia se esté perpetrando una matanza. "Somos una democracia y todo lo que se está contando no es verdad. Todos estamos con Gadafi, por supuesto".

El comerciante contaba por teléfono que dos días antes, después del discurso de su líder, fue a la Plaza Verde "a protestar contra Occidente". "Ni siquiera tengo un arma", explicaba para justificar que los partidarios de Gadafi no son agresivos. "Puede haber algo de violencia en otros sitios", admitía el testigo, que sugería sin embargo que la razón es que "la gente quiere proteger a sus familias" de los manifestantes pro-democráticos.

Mouhamed, profesor de 29 años en Trípoli: "Disparan a matar, al torso y la cabeza"

Al cuñado de Mouhamed lo mataron hace unos días de un tiro en la cabeza. Este profesor de 29 años está en Trípoli y aseguraba el miércoles que había tiroteos contra la población y que quien disparaba lo hacía para matar, con balas al torso y a la cabeza. "Muchos de los que disparan están vestidos de civiles, hablan francés, no son libios y tienen complexión de negros africanos", aseguraba en un correo electrónico. "Muchos de los heridos en las calles son rematados a golpes por personas que llevan cascos amarillos".

Las calles de la capital, contaba, estaban llenas de cuerpos mutilados y quemados y los hospitales rebosaban de personas heridas y ya empezaban a estar escasos de material sanitario. Mouhamed creía que no hay bombas, pero se escuchaban algunas explosiones en los alrededores de la ciudad. "Se dice que la ciudad está fuera del control del Gobierno y lo que se ve en las estrechas calles de Trípoli son las maniobras desesperadas del sistema para mantenerse vivo".

Amir Siddiqui, ingeniero paquistaní empleado en Libia: "El problema es llegar a la capital por carretera"

Amir Siddiqui, un ingeniero paquistaní empleado en el sector petrolero, contaba el miércoles en un foro de expatriados que muchas compañías internacionales mantenían personal en sus oficinas de la capital para "cuidar" de sus trabajadores de los campos petroleros. "La situación en Trípoli no es tan mala como reflejan las noticias", afirmaba, "no hay problemas para moverse, todavía vamos a la oficina y no hemos tenido problemas hasta ahora", contaba. Para él, el problema de los cientos de expatriados que pretendían salir del país era llegar a la capital por carretera.

Nana Ahmed, saharaui residente en Madrid, con dos hermanas desplazadas a Libia: "Llevan una semana sin comer"

Nana Ahmed, una activista saharaui residente en Madrid, pudo hablar el miércoles de nuevo con sus dos hermanas, de 19 y 27 años, que están en un internado en Libia y de las que no tenía noticas desde el pasado sábado: "Tuve que esperar hasta las dos de la madrugada para poder hablar con ellas. Las líneas no funcionaban". Según ha explicado, los teléfonos móviles están operativos pocos momentos del día y cuando consigue hablar con sus hermanas lo hace en clave al referirse a Gadafi.

El régimen del presidente las había apadrinado para que cursasen sus estudios. "No pueden levantarse contra Gadafi, están en tierra de nadie", dice. El Gobierno libio tenía becadas a estas dos saharauis y se ha encargado de su manutención hasta que comenzaron las revueltas y todo el personal abandonó el edificio donde se encuentran. Se han puesto en contacto con el Frente Polisario, que les ha dicho que la única posibilidad de ser evacuadas es que lo hagan en un avión de los que ha fletado Argelia.

Ahmed asegura que sus dos hermanas, estudiantes de periodismo y bachillerato respectivamente, tienen esperanzas de la llegada del avión que las repatrie: "Mi hermana mayor hace tres días estaba en Trípoli pero se tuvo que marchar. Es una locura, lleva una semana sin comer".

Ahmed Gebrel, diplomático libio en Al Baida: "Gadafi trata de manipular a la opinión pública"

En Al Baida, una ciudad liberada (aquellas libres del régimen del dictador en las que el Ejército se ha puesto del lado de los manifestantes), bancos y oficinas estaban abiertos. El miércoles, solo seguían cerrados los colegios, describía Ahmed Gebrel, un diplomático libio de 37 años. Gebrel, que el día anterior se acercó a la frontera con Egipto, donde estuvo recibiendo a periodistas extranjeros y equipos médicos, iba a asistir en la mañana del miércoles a una asamblea general de su localidad para organizarse. Contaba que los próximos pasos que darían sería coordinarse con todas las ciudades liberadas, que aseguraba, son mayoría en el este.

El antiguo diplomático afirmaba que el discurso de la noche del martes del dictador provocó la ira de los ciudadanos, que se echaron a la calle. "Gadafi trata de manipular a la opinión pública diciendo que detrás de las protestas hay radicales y terroristas", decía Gebrel, que lo negaba rotundamente.

Khaled Shari, libio residente en Valencia: "La gente está muy animada, con la moral más alta que nosotros, que estamos preocupados"

Tras el discurso de Gadafi de la noche del martes, los comités revolucionarios, pilares fundamentales del régimen, salieron a la calle a atacar a la población en ciudades como Zliten, donde causaron 30 heridos. Se lo han contado a Khaled Shari, libio residente en Valencia, sus hermanos. Los partidarios de Gadafi "usaron palos y fusiles kaláshnikov, con la poca munición que les queda", afirmaba Shari el miércoles. Según le ha contado su hermano Mahmud, la población se enfrentó a ellos y consiguieron frenarles.

"La gente está muy animada, con la moral más alta que nosotros, que estamos preocupados en la distancia", decía Shari, residente en España desde hace 30 años. Sus hermanos le transmiten que "esto no tiene marcha atrás".

Esta información está siendo elaborada por Belén Hernández, Gloria R. Pina, Raquel Seco, Paula Escalada Medrano y Aurora Muñoz.

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