La ONU advierte sobre el riesgo de una guerra civil en Costa de Marfil

Las fuerzas de seguridad matan a siete mujeres que se manifestaban contra el presidente Gbagbo, que se resiste a dejar el poder tras haber perdido las elecciones

EL PAÍS Madrid 4 MAR 2011 - 11:49 CET

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La escalada de violencia en Costa de Marfil vuelve a encender las alarmas de la comunidad internacional ante el riesgo de una guerra civil. Ayer las fuerzas de seguridad mataron a siete mujeres que se manifestaban en Abiyán para pedir la dimisión del presidente saliente del país, Laurent Gbagbo. La comunidad internacional ha expresado su preocupación ante la violencia que se ha registrado en los últimos días en el país, donde se han producido repetidos ataques a la población civil y del que han sido víctimas decenas de mujeres.

El Consejo de Seguridad de la ONU manifestó ayerel temor de que Costa de Marfil se encamine hacia una nueva "guerra civil" e instó a todas las partes a que "ejerzan la máxima contención" para prevenir la reanudación del conflicto y que resuelvan sus diferencias mediante el diálogo. Asimismo, los 15 miembros del Consejo condenaron las amenazas, los actos de violencia y los impedimentos a la labor de la misión de la ONU enel país(ONUCI) por parte de las fuerzas leales al gobernante actual, Laurent Gbagbo, enfrentado con la comunidad internacional por su negativa a abandonar el poder tras haber perdido las elecciones del 28 de noviembre.

Ante este episodio de violencia Estados Unidos denunció ayer la "quiebra moral" del presidente saliente, condenando que "sus fuerzas de seguridad maten a mujeres que se manifiestan y su país se está quedando sin recursos", según afirmó el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley. En una rueda de prensa, Crowley dijo que EE UU estaba observando con "creciente preocupación" la situación en Costa de Marfil.

La lucha por el poder entre el presidente electo, Alassane Ouattara y Gbagbo, quien ha rechazado los llamamientos generalizados para que abandone el cargo, podría sumir al país en una nueva guerra civil. La comunidad internacional considera a Ouattara ganador legítimo de las elecciones presidenciales mientras Gbagbo mantiene la lealtad de la mayor parte de las fuerzas de seguridad. Ouattara ha formado un gobierno en un hotel de la propia capital, custodiado por tropas de la ONU. También Gbagboha establecido su propio ejecutivo y,con lasrivalidades políticasy la violencia, el caos se ha instalado en el país.

Las controvertida elecciones de noviembre, destinadas a reunificar un país dividido desde la guerra civil de 2002 y 2007 entre el norte y el sur, han desencadenado la violencia y han obligado a unas 70.000 personas a huir a Liberia. La semana pasada se registraron fuertes enfrentamientos entre las fuerzas que apoyan a Gbagbo y hombres armados que se hacen llamar los "comandos invisibles". Naciones Unidas informó de que al menos 365 personas han muerto por actos violentos tras las elecciones. El embajador de Costa de Marfil ante la ONU, parte del Gobierno de Ouattara, consideró insuficiente la declaración de ayer de lConsejo de Seguridad y exigió una actuación "más firme" de la comunidad internacional en su país. "Están asesinando a la gente según su etnia, matan a extranjeros y a cualquiera que se oponga a Gbagbo. Es inaceptable", afirmó el diplomático, quien acusó al presidente saliente de cometer "un genocidio" en su país.

Fractura política tras el pucherazo

Gbagbo no aceptó los resultados de las elecciones y apeló al Consejo Constitucional, formado por sus seguidores, que anuló casi un millón de votos en zonas donde su opositor Ouattara tenía amplia mayoría y le dieron la victoria. Gbagbo fue elegido presidente en 2000 para cinco años y se mantuvo otros cinco en el poder debido a retrasos hasta 2007 en la convocatoria de los comicios por la guerra civil, que dividió al país entre el sur, leal al Gobierno de Abiyán, y el norte, controlado por las Fuerzas Nuevas del actual primer ministro Guillaume Soro.

Tanto EE UU como la Unión Europea han prohibido a Gbago y su círculo cercano viajar a su territorio. Ambos, junto a la ONU, la Unión Africana y el boque ECOWAS de África Occidental han reconocido los resultados de la comisión electoral que dan la victoria a Outtara. El Banco Mundial ha congelado el fondo para el país, aproximadamente 620 millones de euros. Pero Gbagbo no parece sucumbir a la presión e insiste en ser el ganador. La Corte Constitucional de Costa de Marfil, dirigida por uno de sus aliados, ha rechazado miles de votos de distritos afines a Outtara.

Los jefes militares del país han cerrado filas en torno a Gbagbo, mientras el primer ministro y antiguo jefe rebelde, Guillaume Soro, apoya a Ouattara y advirtió sobre los peligros para la reunificación nacional. Soro es líder de las Fuerzas Nuevas que mantuvieron la guerra contra el Gobierno de Gbagbo hasta hace tres años y que siguen armadas y mantienen el control del norte del país. Costa de Marfil, el mayor productor mundial de cacao, está fracturado desde 2002 ylos candidatos presidenciales representan a las dos mitades del país, el norte -buena parte del cual se halla bajo control rebelde, y donde Ouattara tiene el mayor respaldo- y el sur que apoya Gbabo.

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Un grupo de residentes del barrio de Abobo, en la capital financiera de Costa de Marfil, corta las calles para evitar la entrada a los partidiarios del presidente Gbagbo, perdedor en las últimas elecciones, pero que se resiste a abandonar el poder. / ISSOUF SANOGO (AFP)

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