Los técnicos consiguen restablecer la corriente en la central de Fukushima

Este paso puede permitir arrancar las bombas del sistema de refrigeración del complejo.- Japón eleva de 4 a 5 el nivel de la catástrofe nuclear.- El OIEA dice por segundo día consecutivo que la situación no ha empeorado

JOSÉ REINOSO / AGENCIAS | Tokio 18 MAR 2011 - 20:04 CET

La compañía operadora de la central nuclear japonesa de Fukushima, Tepco, ha confirmado la reconexión de la corriente a través de una línea de transmisión externa. Se trata de un paso importante que permitiría el suministro de electricidad en el complejo. La empresa ha declarado que la primera unidad que se reconectará será la 2, seguida de la 1, la 3 y la 4. La razón es que la unidad 2 parece ser "la menos dañada" tras los incidentes de los últimos días, a raíz del terremoto y posterior tsunami que afectó a la zona noreste de Japón hace una semana, informa EP. Tras la conexión eléctrica, las autoridades japonesas confían en empezar el bombeo de agua necesario para enfriar los reactores, expuestos durante los últimos días a temperaturas muy elevadas y que incluso han llegado a quedar al descubierto por falta de líquido.

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Antes de este anuncio de los ingenieros de la compañía que opera en la central, Japón había elevado el nivel de catástrofe nuclear de 4 -en la escala Internacional de Eventos Nucleares (INES)-, como afirmó en un primer momento, a 5. Esta calificación ha sido polémica, porque contrariamente a lo que decía Japón, Francia le atribuyó desde el principio nivel 6 (sobre 7, que equivale a lo que ocurrió en Chernóbil en 1986). El nivel 5, según lo que marca la escala de INES, equivale a "Accidente con consecuencias de mayor alcance", frente al 4 "Accidente con consecuencias de alcance local". Lo que está ocurriendo en Fukushima 1 iguala al accidente que tuvo lugar en la central atómica Three Mile Island, en Harrisburg (Pennsylvania, EE UU) en 1979, considerado el peor después de Chernóbil.

A pesar de la mala noticia que ha supuesto la elevación del nivel de la catástrofe, el primer ministro japonés, Naoto Kan, se ha dirigido en un mensaje televisado (en NHK) a la nación para pedir solidaridad e insuflar ánimos a la población: "No debemos dejar que el pesimismo nos venza", ha dicho. La situación sigue siendo muy grave en la central, ha dicho Kan, pero ha añadido que confía en que "en un futuro cercano" se pueda controlar. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha reforzado esta idea que combina un cierto optimismo con la lógica cautela y ha dicho por segundo día consecutivo que la situación no ha empeorado. La Junta de Gobernadores del OIEA celebrará el próximo lunes en Viena una reunión extraordinaria sobre la crisis nuclear en la que el director general del organismo, Yukiya Amano, informará a los 35 estados miembros del grupo ejecutivo sobre su visita a Japón que termina mañana. Graham Andrew, asesor científico de la agencia nuclear de la ONU, ha explicado que las unidades 1, 2 y 3 de la central de Fukushima "parecen estar bastante estables".

Helicópteros militares y camiones con mangueras han arrojado en las últimas horas toneladas de agua sobre la central atómica de Fukushima I para restablecer el nivel de agua en los tanques de enfriamiento en los que se almacenan las barras de combustible usadas. El vertido en los reactores ha conseguido rebajar los niveles de radiactividad pero, en paralelo, unas columnas de humo blanco siguen emanando de los reactores 2, 3 y 4. La operación, según ha confirmado el canal de televisión NHK citando fuentes del ministerio de Defensa, ha concluido tras arrojar 50 toneladas de agua, logrando que el agua entre en el edificio que alberga el reactor. 130 bomberos enviados desde Tokio siguen con la misión de enfriar las piscinas. Los expertos de la Agencia de Seguridad Nuclear sospechan que el humo del reactor 2 podría proceder de la piscina de refrigeración o de una explosión en la cámara que la alberga, aunque todavía no han podido confirmar este extremo. Los responsables de Tepco han confirmado en rueda de prensa que la radiación -que ya había descendido durante el día de ayer cerca de 20 puntos- ha disminuido ya hasta los 279,4 microsieverts por hora.

La temperatura ha aumentado en las últimas horas en las piscinas de desechos nucleares de los reactores 5 y 6, los que hasta ahora eran seguros porque llevaban mucho tiempo sin funcionar antes del terremoto de la pasada semana, mientras que sigue sin haber datos sobre la situación en el reactor 4, el que entraña ahora mayor preocupación, informó el OIEA. La última información sobre la temperatura del agua en la piscina del reactor señala que marcó los 84 grados centígrados, más del triple de los niveles normales de 25 grados. Se desconoce si todavía queda agua para cubrir el combustible en ese recipiente. En declaraciones recogidas por la televisión NHK, un responsable de Tepco ha señalado que la cantidad de combustible en la piscina del reactor 4 es "muy elevada" y hay "mucha incertidumbre" sobre si hay agua o no. Respecto al reactor 5, el agua del estanque de combustible usado alcanzó ayer, a las siete de la tarde (hora española). Mientras, en el 6, la temperatura del agua a la misma hora era de 62 grados, 2 grados más que el miércoles. Un generador diesel de emergencia está ya funcionando para permitir el bombeo de agua en estas piscinas.

Tepco ha asegurado que su prioridad es el tanque del reactor número 3, sobre el que ayer fueron arrojados 63 toneladas de agua. Aunque algunos indicios apuntan a que el agua se está evaporando rápidamente, imágenes de vídeo tomadas desde el aire muestran que, aparentemente, todavía hay líquido. Varios camiones de bomberos han comenzado esta tarde a rociar con agua el reactor 3, el más preocupante porque contiene plutonio junto con el uranio. El plutonio es un elemento muy peligroso, ya que puede causar cáncer aunque sea en cantidades muy pequeñas. Tepco afirmó que las excavadoras estaban intentando despejar el camino hasta la planta para permitir a los camiones de bomberos acercarse a los reactores y utilizar las mangueras para enfriar las instalaciones.

Perímetro de seguridad de 30 kilómetros

El Gobierno de Tokio ha urgido a la población que se encuentra a menos de 30 kilómetros de la central a que no salga a la calle, aunque Estados Unidos ha dicho a sus ciudadanos que viven a menos de 80 kilómetros que se vayan de la zona o permanezcan en el interior de los edificios "como precaución", lo que revela las diferencias existentes entre los dos países. Estados Unidos ha dictado medidas de seguridad más estrictas que las anunciadas por Japón y ha lanzado advertencias que contradicen informes japoneses que son más optimistas. Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca, intentó minimizar las fisuras entre los dos aliados, y dijo que los responsables estadounidenses estaban haciendo sus recomendaciones después de analizar de forma independiente los datos que les llegan de la región. "Esto es lo que haríamos si el incidente estuviera ocurriendo en EE UU", declaró, informa Associated Press.

Los problemas de la central de Fukushima y otras plantas han desestabilizado la red eléctrica japonesa, hasta el punto que han forzado apagones en algunos barrios de la capital y provocado problemas en algunos servicios financieros. El banco Mizuho dijo que todos sus cajeros automáticos del país fallaron dos veces a lo largo del día, debido a un número excesivo de transacciones en algunas sucursales.

La perspectiva de una grave catástrofe nuclear ha desviado la atención de la situación que atraviesan los centenares de miles de personas que se han visto afectadas por el terremoto y el tsunami, y que se encuentran en campos de refugiados en difíciles condiciones. Las últimas estimaciones cifran el número de muertos en la catástrofe en más de 16.000 personas; de ellas, 6.900 muertos son fallecidos confirmados oficialmente y 10.300, desaparecidos. Muchos de estos nunca serán encontrados, ya que algunos cuerpos fueron posiblemente arrastrados por el agua en su retirada hacia el mar y otros pueden estar sepultados bajo el lodo.

El Pentágono afirmó que las tropas que están trabajando en las labores de ayuda a los damnificados por el maremoto solo pueden acercarse a menos de 80 kilómetros de la central con permiso. Los soldados reciben píldoras contra las radiaciones antes de entrar en zonas donde es probable que haya radiactividad, en el peor desastre atómico que ha sufrido el mundo desde Chernóbil, en 1986.

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