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Catástrofe en Japón

La radiactividad en el mar japonés se dispara 4.385 veces por encima del límite legal

Tokio endurece los requisitos de seguridad en las centrales nucleares pero rechaza aumentar la zona de exclusión a pesar de que la contaminación la desborda

La radiactividad en el mar japonés se dispara. En los alrededores de la central de Fukushima la yodina supera en 4.385 veces el límite legal, superando a la cifra récord de 3.355 veces registrada ayer en muestras de agua a 330 metros al sur de un desagüe cercano a los reactores 1 a 4 de la central. Una nueva muestra tomada en un túnel subterráneo en el exterior de una turbina del reactor 1 señala que los niveles de radiación son 10.000 veces superiores a lo normal, según ha informado la empresa operadora Tokio Electric Power Co (Tepco).

El primer ministro, Naoto Kan, por otra parte, ha reiterado que la central será desmantelada en cuanto sea posible, según ha declarado el líder del Partido Comunista japonés, Kazuo Shii. El OIEA, en su último comunicado emitido esta tarde sigue calificando de "muy seria" la situación en la planta.

Mientras continúan los esfuerzos por drenar el agua contaminada en la central, el Gobierno japonés, muy criticado por la gestión de la crisis nuclear, ha rechazado la recomendación del OIEA de ampliar la zona de exclusión nuclear de 20 kilómetros de la que hasta ahora ha evacuado a todos sus ciudadanos. La oficina atómica de la ONU había propuesto la medida después de que la contaminación en la localidad de Iitate, de 7.000 habitantes, situada a 40 kilómetros de la planta, desbordara los límites normales. "Una primera apreciación indica que ha sido sobrepasado uno de los criterios del OIEA", señaló ayer Denis Flory, subdirector de Seguridad Nuclear de la organización. La ampliación de la zona de exclusión habría supuesto el desplazamiento de unos 130.000 habitantes más, que se sumarían a los 70.000 ya evacuados.

Lo que sí ha hecho sin más delación el Gobierno es dar orden de que se incrementen las medidas de seguridad en las 55 plantas atómicas del país con efecto inmediato. Los nuevos requisitos, que deberán haber sido cumplidos para finales de abril, incluyen la obligación de disponer de generadores eléctricos de emergencia móviles para suplir posibles fallos en la red de suministro principal, y tener camiones de bomberos con las mangueras preparadas en todo momento para garantizar la refrigeración de los reactores y las piscinas de las barras de combustible usado en caso de necesidad, según dijo el Ministerio de Economía, Comercio e Industria.

Otras medidas, como la construcción de muros de protección contra tsunamis más altos, serán consideradas tras haber llevado a cabo una evaluación completa del desastre en la central de Fukushima I. Tokio también revisará su política energética para impulsar las renovables.

"Estas son medidas mínimas que ahora pensamos que deben ser tomadas inmediatamente", dijo Banri Kaieda, portavoz del Ministerio, informa Reuters. Kaieda afirmó que el plan no precisa que se paralice el funcionamiento de las plantas. Casi el 90% de los reactores de Japón no han cumplido aún las normas de seguridad dictadas en 2006 sobre protección contra tsunamis.

Antes del desastre, que afectó gravemente al complejo nuclear y la red de distribución, la energía atómica suponía el 30% de la capacidad de generación eléctrica de Japón; un porcentaje que se pensaba incrementar hasta el 50% para 2030, uno de los más altos del mundo.

El anuncio de las nuevas medidas de seguridad supone un reconocimiento de que las normas existentes hasta ahora eran inadecuadas e insuficientes para hacer frente al terremoto de magnitud 9 en la escala Richter y el tsunami que devastaron la costa nororiental del país.

Contaminación hasta en Nueva York

Hoy la contaminación ha llegado incluso (en dosis prácticamente imperceptibles) a la lluvia de Nueva York y a productos lácteos en Estados Unidos. Desde que el 11 de marzo, las perspectivas de estabilizar la situación en Fukushima parecen cada vez más lejanas. Los equipos de emergencia continuaron ayer la lucha para retomar el control del complejo atómico, situado unos 240 kilómetros al norte de Tokio, de donde se sigue fugando la radiación. Ayer fue detectado humo que salía de la central Fukushima II, situada a varios kilómetros de la primera y que se encuentra en parada estable desde el terremoto. Las autoridades afirmaron que el humo procedía de un panel de distribución eléctrica.

El presidente de Tokyo Electric Power (Tepco), Tsunehisa Katsumata, dijo que cuatro de los seis reactores de la planta (del número 1 al número 4) serán cerrados y nunca volverán a ser utilizados. Una declaración que suena extemporánea cuando la situación de varios de los reactores ni siquiera está estabilizada, la amenaza de una gran fuga radiactiva sigue viva, y, según algunos expertos, la crisis puede tardar meses, e incluso años, en ser resuelta. "No estamos en situación de poder decir cuándo podremos tener esto bajo control", reconoció Yukio Edano, portavoz del Gobierno. Tepco dijo que llevará "bastante tiempo" estabilizar los reactores que están sobrecalentados.

Por otra parte, en Tokio, los emperadores de Japón, Akihito y Michiko, visitaron ayer por primera vez a centenares de refugiados a causa del seísmo en un centro de acogida de la capital. El balance de víctimas por el terremoto ha ascendido a 11.417 muertos y 16.273 desaparecidos, según datos de la Agencia Nacional de Policía.

Más impuestos para la reconstrucción de Japón

El Gobierno de Japón necesitaría más de 10 billones de yenes (unos 84.500 millones de euros) en presupuestos de emergencia para poder costear las operaciones de ayuda y reconstrucción después de los devastadores terremoto y tusnami del pasado 11 de marzo.

El viceministro de Finanzas, Mitsuru Sakurai, ha dicho hoy a los periodistas que ese dinero provendrá posiblemente de nuevos impuestos. Se espera que el Gobierno pida a los japoneses que arrimen el hombro para respaldar la reconstrucción de las amplias zonas asoladas, mientras que la prensa local ya ha adelantado que Tokio está trabajando en una legislación especial para incorporar nuevos impuestos y emisiones de bonos para financiar la recuperación de las infraestructuras.

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