Reportaje:

De la Zona Cero de Bush a la de Barack Obama

Obama viaja a Nueva York para reunirse con familiares de víctimas del 11-S.- La lentitud de las obras en el lugar donde se alzaban las Torres Gemelas provoca las quejas de los neoyorquinos

BARBARA CELIS | Nueva York 5 MAY 2011 - 07:28 CET

Hace casi una década que una valla separa la zona cero del resto de Manhattan y para los neoyorquinos, convivir durante tanto tiempo con 64.000 metros cuadrados de ruinas, grúas, proyectos fallidos, edificios a medio construir y salvajes enfrentamientos políticos, económicos y emocionales no ha sido especialmente fácil. Pero si se compara la zona cero en la que hoy se ha elevado triunfal la voz de Barack Obama con el vacío casi total que aquí reinaba hace apenas tres años, no hay duda de que estamos mucho más cerca del Nueva York del futuro que de ese escenario en el que aún hervían las ruinas humeantes de las Torres Gemelas cuando el presidente George W. Bush habló de venganza tres días después del 11S. Obama ha acudido hoy allí para hablar de victoria y pese a la exasperación que ha provocado en los neoyorquinos la desesperante lentitud de los trabajos de reconstrucción del área, la foto del presidente demócrata sí reflejará el paso del tiempo.

Bush habló el 14 de septiembre de 2001 abrazado a un bombero, encaramado a los restos de un camión anti-incendios con un trasfondo de escombros y cascotes calientes sobre los que aún planeaba el miedo. Obama, que ha sido lo suficientemente astuto para no explotar políticamente la zona cero y no dejarse ver allí hasta hoy, ha aparecido ante su país y el mundo depositando las primeras flores que por fin se han posado sobre el avanzado esbozo de un memorial concebido en 2004 por los arquitectos Michael Arad y Peter Walter. Ese lugar, considerado sagrado por las familias de las 2792 personas fallecidas en los atentados, ha sido una de las principales víctimas de los avatares económicos y políticos sufridos por la zona cero. En 2008, cuando el memorial seguía siendo un dibujo sobre un papel, los familiares de las víctimas descubrieron que el presupuesto de 1000 millones de dólares que el Port Authority of New York y New Jersey -propietarios del área- había destinado a su construcción, no disponía de esa cifra y solo contaba con la mitad. Si el alcalde Michael Bloomberg no hubiera tomado cartas en el asunto asumiendo la responsabilidad de su construcción-políticamente no podía permitirse el lujo de llegar al décimo aniversario sin un memorial- hoy Obama no podría haber posado frente a las dos piscinas construidas sobre la huella física que dejaron las Torres Gemelas.

La noche en que el presidente anunció solemnemente por televisión que su gobierno había matado a Osama Bin Laden, Ann Marie Borcherdng y su marido, vecinos de la zona cero de Nueva York y familiares de una de las víctimas del 11S, se quejaban ante este periódico de tener que estar celebrando la muerte del terrorista "frente a un solar. Con todo el dinero invertido después de diez años, aún seguimos mirando cada mañana hacia un agujero". Es imposible negar la evidencia: el coste de la reconstrucción aumenta cada año y suma ceros a una velocidad tan desmesurada como temeraria y lo cierto es que, una década después de los atentados, en una ciudad que fue capaz de construir el Empire State Building en solo 13 meses hace ya 80 años, la zona cero aún está lejos de ser un lugar habitable, aunque por fin empiece a acariciar esa idea.

En 2004 se hablaba de 11.000 milllones de dólares para dar vida a un solar entonces vacío sobre el que se proyectaba la construcción de cinco rascacielos, entre ellos la simbólica Torre de la Libertad (hoy rebautizada World Trade Center 1), que medirá 1776 pies de altura, una cifra simbólica que emula el año en que Estados Unidos se independizó de Gran Bretaña. También se preveía un intercambiador de transportes, un memorial por las víctimas y dos centros culturales. En 2008, tras haberse eliminado del mapa los dos centros culturales por falta de financiación, la cifra se había elevado hasta 13.000 millones y sólo un rascacielos, el WTC 7, estaba en pie. Tres años más tarde por fin parece que algo se mueve, aunque despacio: a la silueta del WTC7 se han añadido 62 de los 104 pisos de la Torre de la Libertad, 23 alturas de la WTC 4 y los tímidos cimientos de las torres 2 y 3.

El edificio del Deutsche Bank, dañado durante los atentados, por fin ha sido demolido- ¡se ha tardado más de nueve años!- dejando espacio para la torre WTC5, cuyo futuro, de momento, es incierto por falta de presupuesto. Eso sí, el intercambiador de transportes que firma el arquitecto español Santiago Calatrava, con su cúpula futurista que se abrirá hacia el cielo los días de sol, sigue avanzando, aunque su coste también se ha disparado, pasando de los 2500 millones previstos en 2010 a los 3200. Además su inauguración no llegará hasta 2015, tres años después de lo previsto.

El memorial por las víctimas verá parcialmente la luz cuando llegue el décimo aniversario de los atentados en septiembre, una posibilidad que nadie creía factible hace apenas tres años. Y los edificios 2 y 3, aunque ya estén marcha con las flamantes firmas de Norman Foster y Richard Rogers detrás, tampoco cuentan con el presupuesto necesario para elevarse por lo que Larry Silverstein, arrendatario de la mayoría de los terrenos de la zona cero e impulsor de la construcción de los cinco edificios, anda embarcado en convencer a posibles inquilinos para que le adelanten el dinero del alquiler y con él conseguir financiar las obras pendientes.

El incremento del precio de los materiales de construcción debido a la crisis y los continuos retrasos han disparado el coste total de todo el proyecto por encima de los 15.000 millones de dólares, de los cuales al menos un tercio aún no están asegurados por lo que la utopía de ver todo terminado en 2013, como se preveía en 2008, - en 2002 la fecha final de las obras se situaba entre 2008 y 2009- sigue siendo una quimera.

La guinda a este intenso culebrón protagonizado por políticos en busca de reconocimientos electorales, constructores avispados, arquitectos ofendidos y familiares sin sosiego, es el proyecto de una mequita y una comunidad musulmana a escasas manzanas de la zona cero. Tras la ardiente polémica que provocó su anuncio el pasado verano, hoy el proyecto está parado a la espera de financiación, aunque su futuro no es más que otro capítulo dentro de esta interminable película de la que hoy Barack Obama ha sido el flamante protagonista por un día.

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Así está la Zona Cero de Nueva York casi 10 años después del 11-S / BRENDAN MCDERMID/REUTERS

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