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ELECCIONES ARGENTINAS 2011

Los datos económicos agitan la campaña de Cristina Fernández de Kirchner

La oposición parece incapaz de colocar las previsiones económicas en el centro del debate político

Un cartel electoral con la imagen de la presidenta argentina Cristina Fernández. / RICARDO CEPPI

La campaña electoral para las presidenciales argentinas del próximo día 23 se desarrolla en tono menor y con la convicción fomentada por todos los sondeos de opinión, de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner renovará su mandato sin muchos problemas. Sin embargo, los últimos datos económicos han introducido una cierta inquietud y la presidenta, y su Gobierno, comienzan a admitir que la segunda oleada de la crisis económico-financiera internacional puede obligarles a tomar medidas de ajuste totalmente descartadas, al menos en el discurso público, hasta hace pocas semanas.

La incipiente inquietud del Gobierno no se debe a la presión que pueda estar ejerciendo la oposición, muy dividida y absorta en debates internos, sino al efecto combinado de la bajada de precios de algunas materias primas, entre ellas la soja, y la situación en Brasil, el gran vecino, que está tomando ya serias medidas para desacelerar el crecimiento, permitir aumentos muy controlados de inflación y proteger su moneda, el real, frente al dólar, mediante una devaluación del 18%. El  Gobierno brasileño de Dilma Rousseff, se muestra, además, mucho menos tolerante de lo que fueron los gobiernos de Lula con los repentinos cierres de las aduanas argentinas. Todo ello, unido a la crisis europea y al débil crecimiento de Estados Unidos, empieza a disparar las alarmas, en América Latina en su conjunto y en Argentina en particular. Y a cambiar el discurso oficial de la Casa Rosada.

Los últimos datos económicos podrían obligar al Gobierno de Fernández a aplicar medidas de ajuste

La economía argentina ya no aparece solamente como “fuerte” y “preparada”, el mensaje que ha imperado durante los últimos tres años, sino que se comienzan a filtrar mensajes recordando que ningún país puede permanecer al margen de las crisis globales. La economía, que ha crecido a un ritmo formidable en los últimos años, está mucho mejor preparada de lo que estuvo en épocas pasadas, se afirma, pero aun así puede padecer los torbellinos internacionales y necesitar recortar algunos de los subsidios con que ahora fomenta el consumo, se adelanta.

La oposición parece incapaz de “perforar” el debate político y colocar las previsiones económicas en el centro de la campaña. En los últimos días, por ejemplo, la discusión interna entre los distintos grupos opositores gira en torno a cuál podría ser la posición de cada uno de ellos frente a una eventual reforma constitucional, algo que no está planteado en el orden del día.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández. / EFE

La presidenta, por su parte, ha aprovechado los días anteriores a la prohibición de participar en actos oficiales durante la campaña electoral “formal” para desarrollar una formidable agenda de inauguraciones, visitas fabriles y anuncios de variadas obras públicas tanto en provincias como en el conurbano de Buenos Aires. Su intensa actividad le ha permitido estar presente en todos los medios informativos, rodeada de una imagen de eficacia y obra realizada.

El lema principal de la campaña de Cristina Fernández, presente en todos los carteles y en los anuncios de televisión, es “Fuerza Cristina”, el mensaje que le gritaron miles de personas durante los funerales de su marido, el expresidente Néstor Kirchner, fallecido el 27 de octubre pasado. En muchos de esos anuncios, la imagen de la presidenta aparece de espaldas y levantando los brazos, ante un público que la ovaciona y que está lleno de banderas argentinas. La foto, sorprendente porque no permite verle la cara, tiene un fuerte impacto visual y reminiscencias de la estética de los grandes conciertos rockeros.

Menos impactantes son los que muestran a la presidenta con el candidato a vicepresidente, Amado Boudou. El nombre de pila del candidato hace que los carteles que muestran su nombre en grandes caracteres, subrayados con una foto, de frente, de Cristina Fernández, puede despistar a los turistas y originar algunas bromas, pero no entre los argentinos a los que ya no les llama la atención.

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