Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
TRIBUNA

Una lista engañosa

La nueva clasificación latinoamericana de universidades no le hace ningún favor a la región

La nueva clasificación de las mejores universidades de América Latina revela que Brasil ocupa el primer puesto en la región, con la mejor institución de altos estudios y 65 de las 200 mejor calificadas de Latinoamérica. El estudio sugiere que Brasil podría convertirse en “la próxima superpotencia universitaria”. ¿Es seria esta lista regional, o fue diseñada para producir titulares en la región en medio de una creciente competencia entre empresas que producen rankings de educación superior para promover sus servicios de consultoría? Antes de abordar ese tema, echemos un vistazo a los resultados del nuevo índice.

La nueva clasificación de universidades latinoamericanas QS, el primero de la empresa británica que abarca únicamente universidades de la región, califica a la Universidad de São Paulo, Brasil, como la número uno de Latinoamérica, seguida por la Universidad Católica de Chile en el segundo puesto, la Universidad de Campiñas (Unicamp) de Brasil en el tercero, la Universidad de Chile en el cuarto, y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el quinto puesto. En total, Brasil tiene 65 de las 200 mejores universidades que figuran en la relación, seguida por México con 35, Chile y Argentina con 25 cada uno, Colombia con 21, Perú con 6 y Venezuela con 5.

Esta tabla se publica poco después de que un grupo de países latinoamericanos, fastidiados por la baja posición que sus universidades ocupaban en las clasificaciones mundiales, anunciaran que elaborarían su propia lista de las mejores universidades con el auspicio de la Organización Educativa, Científica y Cultural de las Naciones Unidas (Unesco).

En una entrevista telefónica, Danny Byrne, uno de los encargados del ranking regional del QS, me señaló que la inscripción universitaria de Brasil se ha triplicado en la última década, y que sus universidades tienen el mayor porcentaje de profesores con doctorados de la región. Cuando le pregunté por la metodología de QS, Byrne me dijo que sus clasificaciones le otorgan un 40% de valor a la reputación académica, 20% a la proporción de estudiantes por cada docente, 20% al número de veces que cada universidad es citada en las publicaciones científicas internacionales, 10% a las evaluaciones de los empresarios, y porcentajes menores al número de profesores internacionales y estudiantes extranjeros.

Mientras el ranking QS le da un mayor peso que otros a las evaluaciones de empleadores, otras clasificaciones conocidas, como el del suplemento de Educación Superior del Times, de Londres, y la realizada por la Universidad Jiai Tong de Shanghái, atribuyen mayor peso a la investigación y a las citas científicas en publicaciones internacionales, dijo Byrne.

La mayoría de los expertos en educación coinciden en que Brasil se está moviendo rápidamente para mejorar sus estándares educativos. Pocas semanas atrás, el Gobierno de Brasil anunció que enviará 100.000 estudiantes de ciencia e ingeniería a obtener grados avanzados en las mejores universidades del mundo, en un esfuerzo por ponerse a la altura de China e India.

Y el ministro de educación brasileño, Fernando Haddad, me dijo en una entrevista reciente que Brasil planea ampliar su año escolar de 200 a 220 días. En comparación, los años escolares de casi todos los países latinoamericanos son de 180 días, sin contar las huelgas docentes.

Mi opinión: el nuevo ranking latinoamericano de QS pinta un cuadro incompleto, porque no pone a las universidades de la región en un contexto mundial. El hecho es, lamentablemente, que ni siquiera la mejor universidad latinoamericana figura entre las 100 mejores del mundo en ninguna lista mundial de importancia, incluyendo la de QS.

En la relación QS de las mejores universidades del mundo, publicado pocas semanas atrás, la Universidad de São Paulo —la número uno de Latinoamérica— ocupa el puesto 169º. De manera semejante, el del suplemento de Educación Superior del Times no incluye ninguna universidad latinoamericana entre las 200 mejores del mundo, y el de la Universidad de Shanghái sitúa a la Universidad de São Paulo en la categoría de las 100-150 mejores del mundo.

Por tanto, la nueva lista latinoamericana de QS no le hace ningún favor a América Latina. Me temo que podría alimentar la autocomplacencia. Brasil, como la octava economía más grande del mundo, tendría que tener universidades entre las primeras docenas de las mejores instituciones de educación superior del mundo.

En una economía global, las universidades latinoamericanas no deberían ser comparadas entre sí, sino con sus pares en China, Corea del Sur, Singapur y otros países cuyas universidades figuran entre las 50 mejores del mundo. De otra manera, estarán compitiendo en un campeonato regional, corriendo el riesgo de quedarse cada vez más atrás de los mejores del mundo.

Sígame en Twitter: @oppenheimera