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Los partidos griegos piden la cabeza de Papandreu antes de pactar

El presidente Papoulias convoca a los líderes de las formaciones políticas para discutir la formación del Gobierno de unidad propuesto por el primer ministro.- Nueva Democracia, principal grupo de oposición, exige elecciones inmediatas

El primer ministro griego, Yorgos Papandreu, tras hablar hoy con el presidente del país. Ampliar foto
El primer ministro griego, Yorgos Papandreu, tras hablar hoy con el presidente del país. REUTERS

El primer ministro de Grecia, Yorgos Papandreu, ha iniciado las negociaciones para tratar de formar un Gobierno de coalición tras haber sobrevivido ayer en el Parlamento a la moción de confianza que le tenía prendido de un hilo. Papandreu se ha reunido esta mañana con el presidente de la República, Karolos Papoulias, para comunicarle oficialmente el arranque del proceso. “Mi propósito es crear inmediatamente un Gobierno de cooperación”, dijo al presidente en presencia de la prensa al inicio de la cita. “Una falta de consenso preocuparía a nuestros socios europeos respecto a nuestra permanencia en la eurozona”.

Tras su reunión con Papandreu, el presidente Papoulias ha decidido convocar a los jefes de los principales partidos del país para discutir "las posibilidades de colaboración" y respuesta a la proposición del primer ministro, según ha informado en un comunicado oficial, que no precisa la fecha en la que se producirá el encuentro.

El Ejecutivo interino que salga de las negociaciones debe aprobar el plan de rescate financiero acordado en Bruselas y aplicar los medidas de ajustes económicos que trae parejo para evitar la bancarrota del país y, con ella, la entonces casi segura salida del euro. Y, según todo parece indicar, no será Papandreu quien lidere el Gabinete, ya que el resto de los grupos parlamentarios le rechaza, aunque el líder de socialista Pasok no ha aceptado aún públicamente dimitir. Eso sí, ayer por la noche, antes de la votación, dejó ver que se siente ya más fuera que dentro del su sillón: “La última cosa de la que me preocupo es de mi cargo, no me importa siquiera si no soy reelegido, ha llegado el momento de hacer un esfuerzo, nunca he pensado en la política como una profesión”.

El líder del Pasok está dispuesto a pasarle el testigo al ministro de Finanzas, Evánguelos Venizelos, el gran responsable de que Papandreu desistiese del referéndum sobre el rescate financiero y aceptase formar un Gobierno de unidad nacional. Ayer, Venizelos propuso convocar elecciones en febrero de 2012.

Las conversaciones ya están fraguándose los despachos. El Pasok calcula que podrá ganar para su causa a dos grupos parlamentarios pequeños -Alianza Democrática y Esquerda Democrática- con los que obtendría los 180 diputados necesarios para aprobar el plan europeo, según han explicado a este diario fuentes cercanas al Gobierno. Pero, primero, Papandreu tendrá que renunciar. Nueva Democracia, el gran partido de la oposición, dijo anoche que no pensaba participar en ese Ejecutivo interino, pero algunas fuentes creen que puede haber un cambio de opinión en horas.

Estrecha moción de confianza

El jefe del Gobierno obtuvo un estrecho apoyo parlamentario, de 153 votos a favor frente a 145 en contra, en una moción de confianza que él mismo había pedido. Durante el debate previo a la votación, las canciones revolucionarias retumbaban como truenos en la plaza Syntagma de Atenas, para siempre ya el epicentro de las protestas, de las revueltas, de la indignación. Riadas de manifestantes del Partido Comunista, banderas rojas en ristre, a gritos contra el Gobierno y la plutocracia, emergían de distintos puntos de la ciudad para confluir en el centro, frente al Parlamento griego. Allí, un primer ministro llamado Yorgos Papandreu ganó finalmente la moción de confianza a la que se había sometido, con 153 de los 300 votos, y ofreció un Gobierno de unidad nacional, sin especificar quién lo dirigiría. "No me importa si yo no salgo elegido", aseguró. Pero se resistió a convocar ya las elecciones.

Papandreu había pactado, según circulaba por distintas fuentes, pasarle el testigo al ministro de Finanzas, Evánguelos Venizelos, para que lidere ese Ejecutivo de coalición. Pero no confirmó nada de eso ante el Parlamento. Así que Grecia acabó el día en el mismo limbo político en el que amaneció, y su rescate financiero sigue pendiente de un hilo. “El enfado de la gente fluye como un río, ¿quién lo parará?”. Así traducía al inglés uno de los manifestantes la letra de una canción que sonaba en Sintagma.

Iba a ser una noche wagneriana, dentro y fuera del Parlamento. Se adivinaba por el fenomenal despliegue de la policía antidisturbios en el centro ateniense, protegiendo la Cámara helena. Varias estaciones de metro se cerraron, las principales arterias se cortaron al tráfico, bares y hoteles bajaban las persianas y los blasones con la hoz y el martillo eran una marea.

Los representantes de la oposición de centro-derecha, Nueva Democracia, ni siquiera estaban presentes durante el discurso del primer ministro, como muestra de desacuerdo. El líder, Antonis Samaras, no dio tregua: “Las máscaras han caído, no hay lugar para la cooperación, elecciones ya”. Fuentes del partido añadieron más tarde en declaraciones al periódico digital Athens News que no pondrían en riesgo el rescate y lo apoyarían. Eso sí, sin respaldar las medidas legislativas relacionadas, lo que significa que no se comprometen a aprobar los ajustes sociales que conlleva el plan europeo.

Así que Papandreu ofrece un Gobierno de unidad, pero no parece que el gran rival ni varios de los partidos pequeños vayan a querer participar. Ahora tendrá que ganar adeptos. El jueves el primer ministro retiró el referéndum sobre el segundo plan de rescate de Grecia, una consulta que rechazaba su propio partido, el socialista Pasok, para salvar la votación de ayer. Incluso prometió a los suyos dimitir tras el trance, si le apoyaban al menos durante un periodo transitorio. “Sé que saldremos adelante juntos” dijo al concluir su discurso, y dio una palmada en el hombro de Venizelos, que precisamente lideró el rechazo al plebiscito.

“Los griegos pueden lidiar con las situaciones difíciles y hacer lo que tienen que hacer en el último minuto”, dijo también en un mensaje dirigido al mundo. Y otro: “El G-20 debe saber que las personas van antes que los mercados”. Así es como recibió varias ovaciones tras días de chaparrones de críticas de los suyos. De los 300 diputados, logró el apoyo de 153, lo que significa que votaron a su favor algunos socialistas que amagaban con el no. La vida política es tan surrealista en Grecia que muchos diputados del Pasok se posicionaron a favor de su primer ministro precisamente para lograr que se vaya.

Papandreu se ha ido quedando solo en los despachos pero, sobre todo, en la calle. Los sondeos otorgan una mayoría aplastante a Nueva Democracia si hoy se celebrasen los comicios.

El mandatario griego también se ha convertido en persona non grata en Bruselas. Al poner sobre la mesa el referéndum, dejaba el rescate financiero de Grecia en manos de un pueblo que, según las encuestas, votaría no para evitar más recortes sociales. José Manuel Durão Barroso, el presidente de la Comisión Europea, advertía ayer en una entrevista en televisión que el Estado heleno se encontraba “al borde de no poder pagar a los hospitales”.

Para arañar dinero, Grecia subastará letras de 1.000 millones de euros a dos años y dos meses para pagar una deuda de 2.000 millones que vence el próximo día 11, según Reuters.

Y es que el país afronta en diciembre varios vencimientos de deuda. Si seguía adelante con la consulta, los 8.000 millones pendientes del sexto tramo de ayudas del plan de salvamento se congelaban. Y el nuevo acuerdo, que prevé la inyección de 130.000 millones de euros hasta 2014 y una quita del 50% de la deuda con la banca, quedaba en el aire. Muchos de los que Grecia había exigido más democracia directa, le enseñaron los dientes al conocer la idea del plebiscito.