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El ministro de Exteriores francés, Alain Juppé, con el primer ministro turco, Tayyip Erdogan. / Yasin Bulbul (AFP)

Turquía, antiguo aliado de Damasco, se ha convertido en la pieza clave para romper el nudo gordiano sirio. Su situación geográfica, las fluidas relaciones entre los actores implicados y sobre todo entre Oriente y Occidente, la han convertido en un Estado al que consultan tanto la Liga Árabe como Francia, que ha enviado a su ministro de Exteriores, Alain Juppé, a Ankara.

A pesar de sus constantes críticas al régimen de Bachar El Asad, Turquía ha actuado con mesura, hasta ahora. El ataque a sus sedes diplomáticas en Alepo, la segunda ciudad del país, este fin de semana y el recrudecimiento de la crisis han arrancado de Ankara las palabras más duras y las medidas de mayor calado hasta la fecha. El martes, el ministro de Economía turco, Taner Yildiz, anunciaba la creación de una mesa que monitorizará las empresas turcas en Siria, quizás la señal definitiva de que Ankara planea endurecer el cerco económico al país.

Ankara ya ha impuesto un embargo de armas sobre Siria y esta semana, la Confederación de Petróleo Turco (TPAO) anunció la suspensión de la explotación conjunta de seis pozos en Siria. Así mismo, Yildiz amenazó con cortar el suministro de energía al país si Damasco “continúa por el mismo camino”.

Acabar con la ruta energética que se inauguró en 2006 sería una importante señal por parte de Ankara. El impacto real del corte sería limitado, ya que Siria produce más energía de la que consume y además tiene conexiones con otros países como Jordania y Líbano. Sin embargo, de efectuarse, complicaría las relaciones entre los dos países.

Turquía ha sido cautelosa, incluso más que la UE y EEUU, con las sanciones económicas al régimen de Damasco debido a las repercusiones, tanto domésticas como regionales, que tendrían. Siria es el paso para el comercio turco con los países del Golfo. Además, los intercambios entre los dos países ascienden a 2.500 millones de dólares anuales. El profesor Oytun Orhan del Centro de Estudios Estratégicos para Oriente Medio (ORSAM), señala otros motivos de índole político: “Si se produce una libianización de Siria y el caos se extiende, podría llegar hasta Turquía y, por ejemplo, el PKK encontraría el ambiente perfecto para incrementar sus ataques” explica.

Actualmente, Turquía da refugio a miles de sirios que escapan de la violencia así como a varios oficiales de alto rango que desertaron del Ejército y que coordinan desde suelo turco operaciones de insurgencia. El país acoge desde septiembre al Consejo Nacional de Transición Sirio (CNT), la organización que agrupa a mayor parte de la oposición. La CNT, solicitó el pasado domingo a su anfitrión la apertura de una oficina diplomática. Pero las implicaciones que esto supondría hacen prever que Turquía no lo haga, sobre todo después de que el secretario general de la Liga Árabe, Nabil Al Arabi, calificara de “prematura” la posibilidad de reconocer al CNT como el gobierno legítimo del país.

La oposición siria ve a Turquía como una pieza esencial del rompecabezas. Este uno de los líderes de la CNT, Ryad Shaqfa, cabeza de la organización de los Hermanos Musulmanes sirios, aseguró que los ciudadanos aceptarían la intervención de Turquía para protegerles de las fuerzas de Bachar El Asad. “Si se requiriera alguna intervención debido a la intransigencia del régimen, los ciudadanos aceptarían la acción de Turquía. Ellos no desean la intervención occidental”, aseguró Shaqfa en Estambul.

Ahora le toca a Turquía mover ficha. Debe decidir qué pesa más, su defensa de los ciudadanos sirios o sus intereses económicos. De optar por la primera, podría suponer un impulso clave para que países como Rusia, aprueben las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Rusia, con importantes intereses comerciales en Siria, es junto a China uno de los principales escollos para la aplicación de las sanciones económicas a Damasco. Rusia posé interese estratégicos en el país: Sira es uno de los últimos bastiones de Moscú en la región y el puerto de Latika -al norte- es uno de los pocos puertos amigos para sus barcos en el Mediterráneo. Según el profesor Orhan, “Rusia ve las sanciones al régimen de Al Assad como una incursión de EE UU y la Unión Europea en la zona, lo que acabaría con su última carta en la región”.

Sin embargo, dice Orhan “si la situación empeora, y la Liga Árabe, junto con EE UU, la Unión Europea y Turquía se unen, pueden conseguir doblegar la voluntad de Rusia”. “La reunión, del martes entre el ministro de exteriores ruso [Serguéi Lavrov] y los miembros de CNT fue una muestra de que Moscú no cierra completamente las puertas a una nueva Siria” asegura.

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