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REPORTAJE

Congo, la capital mundial de las violaciones

Un artículo de 'American Journal of Public Health' asegura que, con 400.000 violaciones al año, el país africano bate un triste récord

Upole, de 24 años, víctima de violación.
Upole, de 24 años, víctima de violación.

La sala de espera del hospital de Heal Africa en Goma es como la de cualquier otro centro médico. Huele a desinfectante. Los pacientes aguardan sentados en bancos de madera. Las pocas conversaciones lo son en voz baja. En las paredes, pósters anuncian medicamentos o dan consejos para prevenir enfermedades. Hablan de úlcera, diabetes, medicinas infantiles, malaria y violencia sexual. Como si ésta fuera una enfermedad más. “Detén las violaciones de nuestro recurso más precioso”, dice el cartel, en el que “dos niñas menores de 9 años supervivientes de violaciones” están fotografiadas de espaldas.

La República Democrática del Congo (RDC) ha sido llamada “la capital mundial de las violaciones”. Diferentes estudios y estadísticas arrojan números difíciles de comprender. Cuatro mujeres violadas cada cinco minutos según uno publicado en junio por el American Journal of Public Health, que afirmaba que se producían unas 400.000 violaciones al año.

El momento culmen fue la guerra que asoló el país entre 1998 y 2003. Pero el conflicto sigue presente en la zona este del país, rica en recursos minerales y donde diferentes grupos armados continúan peleándose entre ellos y atacando las poblaciones locales.

“Primero mataron a mi hermano, luego a mi madre y luego me violaron, dos hombres, eran del FDLR”, empieza a contar en una voz cada vez más baja Upole, una chica de 24 años originaria de un poblado de Kivu Sur. “Después, me metieron el cañón del fusil y me destrozaron por dentro”. La agresión, en enero de 2004, le rompió el perineo a Upole y le causó múltiples heridas internas. Hoy vive en un casa refugio para víctimas de la violencia sexual cerca de Goma. Ha tenido siete operaciones en el hospital Heal Africa pero aún no camina con total normalidad.

Sólo este centro en Goma sigue recibiendo entre una y cinco víctimas al día, más de 1.000 desde marzo de este año. La mayoría son chicas de entre 12 y 16 años, aunque ha habido casos de niñas de 3 años violadas. No sólo en el hospital, las calles están repletas de carteles que llaman a repudiar la violencia sexual. También se anuncian eventos y programas de radio que tratan sobre el tema. Muchas organizaciones declaran en sus puertas que luchan por “los derechos de la mujer” y “contra las violaciones”.

Sin embargo, la publicidad y la promoción que recibe este tema puede tener también efectos adversos. “Hay gente que crea o que se asocia con ONGs que trabajan sobre la violencia sexual porque creen que así pueden sacar dinero”, señala en privado una experta que lleva cinco años en Goma. Esta persona lamenta que muchas organizaciones se implican sólo a corto plazo y no atienden a la complejidad del problema. Las que sí intentan invertir en programas de varios años y en enfoques más integrales no encuentran financiación.

Dice que en realidad no podemos saber las cifras de violaciones, que algunos estudios se hacen desde despachos en países occidentales y que, en cualquier caso y siendo un tema tabú, ninguna encuesta o extrapolación puede ser totalmente fiable. “Es una cuestión muy importante, sin ninguna duda, pero no tenemos suficientes datos ni conocemos los detalles, podrían ser más, podrían ser menos: la comunidad internacional debería dar un paso atrás y pensar sobre lo que realmente está haciendo”, concluye.

“Banalización de la violencia sexual”

Aunque las cifras totales se mantienen, crece el número de víctimas que son violadas por alguien cercano, un vecino, un tío o el propio marido. Estos casos añaden la particularidad del tabú social y de la presión familiar para que la situación se arregle “dentro de casa”. “Hay muchísima violencia doméstica, aquí es lo cotidiano en la mayoría de las casas”, afirma Mireille Ntambuka, directora de Dynamique des femmes juridiques, una organización que ofrece asistencia legal gratuita a las víctimas.

En 2006 la RDC aprobó una ley contra la violencia sexual. Impone penas de entre 5 y 20 años y el pago de una compensación a la víctima por parte del agresor. Pero el sistema judicial en el país es lento y corrupto y hay indicios de falsas acusaciones de personas que esperan obtener beneficios. “El 99 por cien de las víctimas no comprende el proceso judicial”, asegura Ntambuka. “No existe una cultura de que los agresores deben encarar la justicia, de que se ha cometido un crimen”. “Hay una banalización de la violencia sexual, incluso entre los magistrados, que a veces presionan a las propias víctimas para que acepten un acuerdo amistoso”.

Wilson Mapendo, de 33 años, cumple condena por violación en la Prisión Central de Goma desde abril de 2010. Mapendo asegura que un hombre que le debía dinero le acusó de haber violado a su hermana y que el tribunal lo condenó sin pruebas. “Aquí en el Congo las violaciones se han convertido en un comercio”, asiente a su lado Jackson Byamungu, de 21 años y condenado a siete desde agosto del año pasado por haber violado a una menor, que quedó embarazada. Byamungu asegura que se trata de su novia y que cuando se quedó embarazada en febrero de 2010 tenía 18 años. “Pero su tío mintió sobre su edad para que así mi familia tenga que pagarles, aunque ella siempre ha negado que fuera violación y viene aquí a visitarme con nuestro hijo”, cuenta.

Bezo Mikuba, un abogado que asiste a mujeres víctimas de violaciones, escucha con escepticismo. Es cierto que hay casos de acusaciones falsas, cada vez más, admite. “Pero cómo sabemos que no se trataba de una menor, o que el primero no violó a la hermana del hombre que le debía dinero como venganza”, pregunta retóricamente.

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