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Cameron reta a Escocia a votar este año sobre la independencia

Los independentistas buscan más autonomía financiera que política

Los sondeos dan una amplia ventaja a los partidarios de mantener la unión

David Cameron sale del metro para ir a una reunión de su Gabinete. GETTY IMAGES

Londres y Edimburgo se han enzarzado en una polémica paradójica: David Cameron, partidario de mantener la integridad territorial de Reino Unido, quiere convocar cuanto antes un referéndum sobre la independencia de Escocia. Los independentistas, sin embargo, quieren que se celebre en 2014. La diferencia es que mientras este año estará dominado por el patriotismo británico, con los Juegos Olímpicos de Londres y el 60º aniversario de la llegada de Isabel II al trono, en 2014 impera el patriotismo escocés porque se conmemoran 700 años de la batalla de Bannonckburn por la independencia, y Escocia acoge los Juegos de la Commonwealth en Glasgow y la Ryder Cup, cita cumbre del golf.

El primer ministro británico ha ofrecido que el referéndum sea legalmente vinculante, pero con dos condiciones: que se celebre antes de 18 meses y que se ciña a votar sí o no a la independencia.

El referéndum ha sido el estandarte que llevó al SNP (Partido Nacional de Escocia) al poder en el Parlamento de Escocia en dos legislaturas consecutivas. En la primera no pudieron convocarlo porque no tenían mayoría absoluta, y los laboristas y los liberales-demócratas (los conservadores son irrelevantes en Escocia en términos electorales) no apoyaron la convocatoria.

El SNP fue reelegido en 2011 con una arrolladora mayoría y el compromiso de Alex Salmond de convocar el referéndum en la segunda mitad de la legislatura. Aunque no es oficial, el astuto líder independentista ha dejado claro que la consulta no se ceñirá a la independencia, sino que contemplará una tercera opción: ampliar los actuales poderes del Parlamento de Holyrood.

El astuto líder independentista, Alex Salmond, ha dejado claro que la consulta contemplará una tercera opción: ampliar los actuales poderes del Parlamento de Escocia

El canciller del Exchequer y responsable del Tesoro, George Osborne, lideró ayer en el Gabinete el debate sobre Escocia y aseguró que él y el primer ministro han recibido advertencias de grandes inversores de que la incertidumbre sobre la fecha está dañando las decisiones de inversiones en Escocia en plena crisis, de ahí las prisas para que se celebre la consulta cuanto antes.

Pero las elecciones que dieron al SNP el triunfo se celebraron el año pasado, cuando ya había pasado lo peor de la crisis financiera de 2008, y la número dos del Ejecutivo escocés, Nicola Sturgeon, recordó ayer que de las urnas salió el mandato de convocar la consulta en la segunda mitad de la legislatura. Sturgeon acusó a Cameron de "intento descarado de interferir" en los asuntos escoceses y aseguró que aunque su partido preferiría una consulta puramente sobre la independencia “hay una significativa parte de la opinión pública que quiere mayor independencia financiera sin llegar a la independencia política completa”.

En realidad, las dos partes intentan llevar el agua a su molino. La crisis de 2008 ha afectado de forma especialmente cruel a países como Irlanda y a Islandia, dos de los modelos citados siempre por el SNP para defender la independencia. Con escasas opciones de una victoria independentista, exigir mayores poderes fiscales es para el líder del SNP una manera de convertir en triunfo una posible derrota.

David Cameron hace lo mismo, pero por pasiva: al eliminar esa opción, intenta asegurarse el triunfo. Aunque la independencia ha mejorado posiciones en los últimos meses, un sondeo de Ipsos-MORI publicado en diciembre por The Sunday Times daba el 58% de los votos a la unión y el 38% a la independencia.

La maniobra de Cameron, que podría en último extremo convocar el referéndum por su cuenta, es muy arriesgada porque puede alimentar el voto independentista al verse como una intromisión de Londres en los asuntos de Edimburgo. Su argumento de que si el referéndum no lo convoca Westminster puede ser llevado a los tribunales es políticamente débil: el SNP nunca ha dicho que la consulta sea legalmente vinculante, pero todo el mundo sabe que si los escoceses votaran por la independencia en un referéndum consultivo, Escocia sería independiente. “Los referéndum en Reino Unido siempre son consultivos. Como el de la reforma electoral en 2010”, puso como ejemplo Nicola Sturgeon.