Juegos de guerra en Asia-Pacífico

Washington teme que el pujante arsenal chino haga peligrar su hegemonía en la zona

Ejercicios militares conjuntos de EEUU y Japón en el Pacífico en 2010. / TOSHIFUMI KITAMURA (AFP)

“Los avances militares chinos en ciberguerra y guerra contra satélites suponen un desafío potencial a la capacidad de nuestras fuerzas para operar y comunicarse en esta parte del Pacífico”, pero esto no significa que China sea “un adversario estratégico inevitable”. Esta frase fue pronunciada en enero del año pasado en Tokio por el entonces secretario de defensa estadounidense, Robert Gates, quien el 1 de julio de 2011 cedería el cargo a Leon Pannetta, pero ya presagiaba la nueva estrategia de defensa que presentaría el presidente Barack Obama: un ejército adelgazado, con un presupuesto recortado, pero con una mayor presencia en la región Asia-Pacífico y mejores medios para hacer frente a una potencial guerra en el ciberespacio.

El cambio del foco de atención de Washington hacia Asia –zona que considera de creciente importancia para su economía y su seguridad- está destinado a contrarrestar el ascenso de China, y esto ha enojado a Pekín, que defiende que la modernización de su ejército tiene únicamente objetivos pacíficos y es consecuencia natural de su ascenso económico.

El Pentágono piensa que el pujante arsenal chino de navíos de guerra y misiles balísticos tierra-mar puede poner en peligro la tradicional hegemonía estadounidense en el Pacífico. Cree que Pekín está desarrollando una nueva generación de armas y tecnologías destinadas a impedir que las fuerzas navales y aéreas norteamericanas puedan proyectar su poder hasta la lejana Asia, por ejemplo en caso de un conflicto entre China y Taiwan, isla que funciona de facto como un país independiente pero que Pekín considera parte de su territorio y ha amenazado con tomar por la fuerza si se declara soberana.

El documento estadounidense afirma que el creciente poderío militar chino “debe ir acompañado de una mayor claridad sobre sus intenciones estratégicas, con objeto de evitar fricciones en la región”. “Estados Unidos debe mantener la capacidad de proyectar el poder en áreas donde nuestro acceso y libertad de operar son desafiados [como el mar del Sur de China o el estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico]”, dijo Obama en la presentación, el pasado 5 de enero.

Washington conservará grandes bases militares en Japón y Corea del Sur, y desplegará 2.500 marines, navíos y aviones en el norte de Australia. Además, últimamente ha reforzado las relaciones, entre otros, con Filipinas y Vietnam, países que han tenido encontronazos marítimos con China. Estos movimientos forman parte de lo que algunos en Pekín consideran intentos norteamericanos de cercar el país.

El Gobierno chino ha mostrado su rechazo al plan estadounidense desde diferentes departamentos. El Ministerio de Defensa ha advertido a Washington que “tenga cuidado con sus palabras y sus acciones”. “Las acusaciones dirigidas a China en este documento carecen totalmente de fundamento”, ha dicho su portavoz, Geng Yansheng.

El Ejército Popular de Liberación (EPL) ha acusado a Estados Unidos de potenciar sus alianzas militares en la zona y “buscar más derechos de entrada para sus bases militares alrededor de China”. “¿No es esto la vuelta al espíritu de la Guerra Fría?”, ha escrito el general Luo Yan en el Diario del Ejército de Liberación.

El Ministerio de Exteriores ha insistido en que el programa de modernización militar chino tiene como objetivo garantizar la seguridad nacional, “juega un papel activo en el mantenimiento de la paz y la seguridad en la región” y “no supondrá una amenaza para ningún país”.

Jia Xiudong, investigador en el Instituto de Estudios Internacionales de China, un centro de estudios dependiente de Exteriores, ve dos motivos para el cambio de estrategia de Washington. “El primero es que Estados Unidos quiere incrementar su presencia económica y comercial en Asia-Pacífico porque es la región que más crece en el mundo. Obama pretende duplicar las exportaciones americanas, y esta zona es crucial para lograr ese objetivo”, dice. “El segundo es que quiere continuar liderando la región o intentarlo, y el ascenso de China tiene implicaciones para Estados Unidos”.

Algunos países asiáticos han mostrado su preocupación por el crecimiento militar chino y han mirado hacia Washington como contrapeso. Pekín lleva años expandiendo el poderío de sus fuerzas armadas. El año pasado desveló su primer avión de combate indetectable por los radares –el J-20- y realizó la prueba inaugural de su primer portaaviones. Al mismo tiempo, está construyendo modernos submarinos y helicópteros, y ha incrementado su capacidad en misiles y sistemas de vigilancia, lo que le ha permitido ampliar su capacidad de alcance ofensivo, con el consiguiente nerviosismo de sus vecinos.

Las disputas territoriales marítimas en el mar del Sur de China, que alberga importantes reservas de gas y petróleo vírgenes y una ruta naviera estratégica por la que pasa un comercio anual cifrado en cinco billones de dólares (3,8 billones de euros), son una de las mayores amenazas para la seguridad en Asia.

Muchos Gobiernos de la región creen que Pekín se muestra cada vez más seguro de sí mismo fuera de sus costas. El año pasado, se produjeron varios incidentes en el mar del Sur de China, en aguas que reclaman en su totalidad o en parte China, Taiwan, Filipinas, Malaisia, Vietnam y Brunei. También tiene conflictos con Japón por las islas Senkaku (llamadas Diaoyu por Pekín) en el mar de China oriental.

“Los militares estadounidenses ven claros signos de que Pekín está intentando convertir el mar del Sur de China en su Mare Nostrum. Otros en el Departamento de Estado están más preocupados por el desequilibrio comercial. Creo que estos últimos son miopes. En cualquier caso, va a intensificarse la presencia militar en la región Asia-Pacífico. Los vecinos de China están pidiendo directa o indirectamente tal presencia de Estados Unidos”, afirma Jerome F. Keating, estadounidense, exprofesor en la Universidad Nacional de Taipei y autor de una tetralogía sobre Taiwán, uno de los puntos calientes en la zona. Keating vive en la isla desde 1988.

“Algunos de estos países buscan un equilibrio entre sus relaciones con China y Estados Unidos. Es natural. Sin embargo, temen verse pillados en medio y tener que escoger entre uno y otro. Y no quieren hacer eso”, añade Jia, del Instituto de Estudios Internacionales de China.

Expertos militares norteamericanos creen que China construirá varios portaaviones la próxima década para convertirse en una potencia naval global, capaz de proyectar su poder por todo el mundo para mediados de siglo. El presupuesto chino de Defensa no deja de crecer. El año pasado fue de 601.100 millones de yuanes (72.500 millones de euros), un 12,7% más que en 2010, cuando aumentó un 7,5%; pero los analistas consideran que la cifra real duplica o triplica la oficial. En cualquier caso, está muy lejos del estadounidense, que para 2012 es de 531.000 millones de dólares (403.800 millones de euros) sin contar el coste de la guerra en Afganistán, y en el futuro, según Obama, seguirá siendo “mayor que aproximadamente el de los siguientes 10 países juntos”. Panetta presentó el jueves pasado un presupuesto para 2013 de 525.000 millones de dólares más otros 88.400 millones para operaciones de combate en el exterior, esencialmente en Afganistán. La suma es 33.000 millones inferior a lo que el Pentágono tiene asignado para 2012.

Los analistas dan por seguro que la próxima década estará caracterizada por un creciente rearme en Asia. La presencia de barcos estadounidenses y las maniobras navales que estos han realizado cerca de aguas chinas han provocado las iras de Pekín en los últimos años. Pero China no quiere caldear demasiado el ambiente y ha tenido una reacción contenida ante el giro estratégico militar de Washington, con quien le unen importantes relaciones comerciales; especialmente cuando ambos países tienen acontecimientos políticos claves en casa este año. Estados Unidos, unas elecciones presidenciales; China, el relevo de la cúpula dirigente del Partido Comunista Chino.

“En cierto sentido, es verdad que se está produciendo una carrera de armamento en la región. Las economías de la zona están creciendo, así que es normal que crezca el gasto en defensa”, afirma Jia. “Pero lo importante no es el aumento del poderío militar sino las intenciones. China ha declarado repetidas veces sus intenciones pacíficas y que persigue resolver mediante el diálogo las disputas que tiene con algunos de sus vecinos en el mar del Sur de China. Y no hay que olvidar que los intereses comunes entre China y Estados Unidos sobrepasan con mucho las diferencias”.

El general Luo Yan, del EPL, lo ha plasmado de otra forma. Ha escrito que Pekín debe cortejar mejor a los países de la región para alejarlos de Estados Unidos. “Cuantos más amigos podamos hacer, mejor. Algunos países han sido embaucados por América y ahora caminan a su lado por interés propio, pero, en esencia, no encajan juntos. Comparten la misma cama, pero tienen sueños distintos”, asegura. Para evitarlo, China deberá seducir a sus vecinos con un lecho y unos sueños que les resulten más atractivos.

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Corresponsal de EL PAÍS en China

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