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La oposición venezolana sale fortalecida de sus primarias

Capriles Radonski buscará atacar las debilidades de Chávez para vencer en las elecciones del 7 de octubre

Una mujer lee un ejemplar de 'El Nacional' que da cuenta del resultado de las primarias de los partidos opositores. Ampliar foto
Una mujer lee un ejemplar de 'El Nacional' que da cuenta del resultado de las primarias de los partidos opositores. EFE

Decir que “ganaron todos” en las primarias de este domingo para elegir al candidato presidencial único de la oposición venezolana es algo más que un lugar común. Ganó el gobernador del Estado capitalino de Miranda, Henrique Capriles Radonski -abogado, de 39 años-, que fue escogido por el 62,5% de los votantes para enfrentarse a Hugo Chávez el 7 de octubre y tratar de impedir su tercera reelección consecutiva, por un periodo de seis años. Se anotaron un triunfo la veintena de partidos, de derechas e izquierdas, que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y que por primera vez en 13 años de oposición han alcanzado una alianza perfecta. Pero también el Gobierno de Chávez, en voz del vicepresidente Elías Jaua, ha querido adjudicarse un triunfo, al decir que gracias a ellos sus adversarios tuvieron la oportunidad de expresarse democráticamente en las urnas. El gran perdedor fue el miedo que, se preveía, mantendría encerrados en sus casas a una gran cantidad de electores -muchos de  ellos empleados públicos- por temor a ser blanco de represalias políticas o de perder los beneficios que han obtenido en más de una década de chavismo.

Dos de cada tres votos que se depositaron este domingo en las urnas de Venezuela fueron a favor de Capriles Radonski. Un candidato que apostó al discurso de la reconciliación para ganarse la confianza, no solo del público tradicionalmente opositor, sino de también de los sectores pobres que son base fundamental del 50% de popularidad con la que aún cuenta Chávez, tras 13 años en el Gobierno. Casi tres millones de venezolanos votaron en estas primarias, un 16% del censo electoral, el doble de la votación que la MUD calculaba en sus mejores escenarios. La distancia entre Capriles y sus competidor más cercano, el gobernador del Estado petrolero de Zulia, fue de un millón de votos. Todos sus adversarios en las primarias celebraron de inmediato, junto a él, este resultado y prometieron trabajar  a su lado en la campaña.

La opinión de Luis Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis, es que esta distribución de los votos ha conjurado dos fantasmas que hasta ahora han rondado a la oposición: la división y la restauración del pasado. “Este resultado mata todos esos miedos de potenciales divisiones dentro de la oposición”, afirma León. Y al preferir a Capriles entre otras propuestas más radicales en su postura antichavista o más vinculadas a los viejos partidos tradicionales, la población venezolana también votó a futuro. “Venderle a los venezolanos que el pasado es mejor que el presente es un absurdo, porque este presente es consecuencia del rechazo al pasado. Capriles es el más indicado para desmontar la tesis de que la oposición de hoy plantea la restauración: por su edad, por su perfil y porque no había recibido el apoyo de los partidos tradicionales”, sostiene el director de Datanálisis.

El partido del presidente venezolano cree que el proceso de primarias de la oposición en el que ganó Capriles "creó suspicacias" y ha expresado dudas respecto a los datos de participación. "A nosotros no nos importa (...), pero en aras de la transparencia y de evitar especulaciones sería bueno que se aclarara eso al país", ha comentado el presidente de la unicameral Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, uno de los vicepresidentes del Partido Socialista Unido de Venezuela.

El número de votos que han logrado sumar la oposición, como conjunto cobra significación para el chavismo. “Es una cifra muy considerable, que además muestra el agotamiento del discurso polarizado del presidente Chávez. El país está buscando ya una vía menos confrontacional, que intente reunir a la gente, que abra espacios de diálogo, donde se puedan incorporar otros sectores de la población, en vista de las dificultades de gestión del gobierno del presidente”, sostiene la historiadora Margarita López Maya. Su opinión es que una de las grandes debilidades que tiene el presidente Chávez con miras a las elecciones de 2012 es la mala calificación que está recibiendo su gestión en el acceso a servicios básicos como la electricidad, el agua, el abastecimiento, la seguridad. “Esa mala gestión tiene que ver con un estilo de Gobierno intolerante, polarizado. El hecho de que el presidente ni valore ni atienda al sector de las clases medias profesionales, se está viendo en su gestión, en la incapacidad de tener buenos profesionales al frente de problemas muy severos”, agrega la historiadora.

Al día de hoy, el 80% de la población venezolana, sin distingo de militancia política, considera que la inseguridad es uno de los mayores problemas que enfrenta el país. De acuerdo a cifras oficiales del Ministerio de Interior y Justicia, solo en Caracas hay una tasa de 48 homicidios por cada 100 mil habitantes; organizaciones no gubernamentales, como el Observatorio Nacional de Violencia, aseguran que en todo el país ocurren cada año unos 19.000 asesinatos. También la falta de empleos de calidad, pues un 43% de la población laboralmente activa trabaja en el sector informal de la economía. La inflación venezolana, que se ubicó en 27,6%, es la más alta de todo el continente desde hace cinco años.

Pero nunca como en esta década de chavismo, la población más pobre de Venezuela se había sentido tan atendida, lo cual explica que la popularidad del presidente-comandante se mantenga en rangos de popularidad superiores al 50% a pesar de su falta de eficiencia. “Estos son los sectores que han obtenido más beneficios en este periodo, en términos materiales y simbólicos: de sentirse incluidos, de pensar que se identifican con un liderazgo que es de sus mismos orígenes. Ese es una de las fortalezas que tiene el presidente. El desafío que tiene la oposición es ser creíble ante esa gente”, afirma Margarita López Maya.

Uno de los argumentos utilizados el domingo por empleados públicos y beneficiarios de los programas sociales del Gobierno para no ir a votar en las primarias de la oposición, era el temor a perder los beneficios que hasta ahora han logrado obtener. Un sentimiento que ha sido profundizado por el presidente Chávez en cada discurso, donde plantea que su salida del poder significaría el “caos” para los más pobres. La otra razón para que el chavismo descontento no acudiera votar: el temor de que su participación fuese utilizada como arma de represalia política, como ocurrió en 2004 con quienes perdieron sus trabajos en la administración luego de firmar a favor de que se convocara un referendo revocatorio contra Chávez. A pesar de todo ello, muchos empleados públicos fueron a las urnas el domingo y confiaron en el secreto del voto.

Para derrotar a Chávez, Capriles sabe que es necesario ganarse “la confianza de todos los venezolanos”. Así lo ha dicho este domingo por la noche, al celebrar su triunfo: “Voy a trabajar para ganarme su confianza. Queremos inclusión sin exclusión. Los venezolanos están agotados de la confrontación, de la división”.

Hasta el vicepresidente Elías Jaua se sumó este lunes a ese discurso conciliador al evaluar la jornada de la primarias que, según él, fueron también un triunfo de su Gobierno: de “su” poder electoral y de “sus” Fuerzas Armadas. “Estamos satisfechos de ir conquistando un espacio para que la oposición deje atrás aquellos terribles días del golpismo y del sabotaje, y encuentre en el juego democrático el espacio donde expresar su oposición a la revolución bolivariana”, han sido las palabras de Jaua.