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Venizelos asume el control del Pasok tras la salida de Papandreu en Grecia

El proceso electoral siembra incertidumbre sobre el plan de rescate

La derecha amenaza con revisar los recortes sociales impuestos por Bruselas

El vicepresidente griego y ministro de Finanzas, Evánguelos Venizelos (dcha), saluda a sus simpatizantes tras votar en las elecciones internas del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) en la sede del partido en Atenas (Grecia) hoy.
El vicepresidente griego y ministro de Finanzas, Evánguelos Venizelos (dcha), saluda a sus simpatizantes tras votar en las elecciones internas del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) en la sede del partido en Atenas (Grecia) hoy. EFE

Tras fajarse durante meses con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), Evánguelos Venizelos, ministro de Economía griego, ha asumido hoy el liderazgo del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) con un objetivo inmediato nada halagüeño: perder las elecciones anticipadas que probablemente se celebrarán el último domingo de abril o el primero de mayo.

La derrota socialista es, según los sondeos, de las pocas certezas que existen hoy en Grecia, un país que entra en el quinto año de recesión (algo inédito en Europa desde la posguerra) y al que ni la “exitosa” quita de la mitad de la deuda —el calificativo es de las autoridades de Atenas— ni la recapitalización del sector bancario, que en teoría se completará en otoño, ayudan a recuperarse. Para eso, para que el país alcance solvencia financiera, harán falta, según fuentes de la troika en Atenas, 10 años. Pero la sensación más palpable es que la quita y la aprobación del segundo rescate, de 130.000 millones de euros, solo sirven para comprar tiempo.

Si las urnas aguardan a Venizelos como horcas caudinas (los sondeos le otorgan entre un 8% y un 15% de intención de voto), no espera mejor pronóstico el partido que previsiblemente liderará el nuevo Parlamento. Nueva Democracia (ND, centro-derecha), en el poder cuando se falsearon las cifras de deuda y déficit, ganará los comicios con entre el 25% y el 30% de los sufragios, lejos de la mayoría absoluta, y, si gobierna, podría revisar el recorte de las pensiones más bajas y rebajar algunos impuestos aumentados por imperativo de la troika, sin tocar el grueso del plan de reformas.

Ello introduciría otro interrogante en escena, sumado al colapso del bipartidismo; el auge de los partidos de izquierda y la fragmentación de la Cámara (según las encuestas, de los cinco grandes partidos actuales podría llegarse a 10). La suma de factores multiplicaría la ingobernabilidad en un periodo crítico: solo Pasok y ND defienden los rescates y las recetas de la troika; el resto de fuerzas constituye un frente anti-Europa.

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La deriva política que entrevera la crisis económica se hizo patente en noviembre pasado por culpa de la espantada que, en forma de convocatoria de referéndum sobre el segundo rescate, protagonizó Yorgos Papandreu, a la sazón primer ministro y hasta hoy líder del Pasok. Papandreu fue engullido políticamente por su propuesta y el tecnócrata Lukas Papademos tomó las riendas de un Gobierno de coalición de amplia base socialista, apuntalado por ND y el nacionalista Laos. Laos no forma parte ya del Ejecutivo por oponerse en febrero a los últimos ajustes, pero afila espadas de cara a las urnas.

Cinco meses después de una convocatoria horrísona en Bruselas, un relajado Yorgos Papandreu defendía el referéndum en un encuentro con periodistas europeos, durante un viaje organizado a Atenas por la Comisión Europea (CE). “Fue una decisión correcta. Ya lo había propuesto en junio, la consulta no era ningún secreto. Lo hablé entonces con varios líderes de la UE, entre ellos José Manuel Barroso [presidente de la CE]. Mi propuesta era un referéndum o un Gobierno de base más amplia, pero los líderes europeos no la entendieron y tampoco muchos en Grecia”, manifestó Papandreu, que calificó a su archirrival Venizelos como “el candidato perfecto” para los socialistas.

El exprimer ministro subrayó que Grecia es el país de la UE que “mayor número de reformas ha acometido en los últimos dos años y medio”, es decir, desde que el Pasok llegó al poder en octubre de 2009, “pero los mercados querían que fueran más rápidas, no estaban dispuestos a esperar”. Aun así, el último representante de la dinastía Papandreu —otra característica del sistema griego, la política como patrimonio de una élite de familias— destacaba los escollos que pueden hacer descarrilar los ajustes: “No se trata sólo de reformas, sino de cambiar por completo la mentalidad de un país. La informatización del sistema de pensiones ha sacado a la luz el fraude de 40.000, que seguían siendo percibidas por las familias de beneficiarios muertos”. El líder socialista citó también la reforma en curso de los colegios profesionales “como la obligación de registrar las recetas prescritas por los médicos para evitar los pagos de las compañías farmacéuticas”.

La UE y el FMI apuestan por una nueva coalición de Gobierno

“Decisiones difíciles”, subrayó el político socialista, “en una situación de emergencia”: con un paro superior al 20% (prácticamente doblado en dos años), y un porcentaje que supera el 50% en el caso de los jóvenes; una merma de los ingresos familiares de entre el 30% y el 40% y decenas de miles de pequeños negocios en la ruina.

Por eso el crecimiento es el mantra del líder de Nueva Democracia, Antonis Samarás. Durante una reunión en la sede de su partido en Atenas, el más que previsible futuro primer ministro griego hizo hincapié en el desarrollo como tercer pilar de las reformas (junto a las estructurales y las fiscales), y se mostró poco conservador a la hora de criticar la imposición de la austeridad fiscal como principal receta anticrisis. “La economía ha sido sacudida por un terremoto. En un periodo de recesión, las medidas de austeridad en solitario no funcionan”, comentó.

“Vamos a impulsar el turismo y a recuperar el ministerio del ramo, así como el de Transporte Marítimo, que fueron suprimidos por el Gobierno del Pasok, y a promover las privatizaciones, porque antes de que estallara la crisis no se había privatizado ni un solo bien público”, anunció Samarás; “defendemos también que se privatice la gestión de la recaudación fiscal y de los hospitales”. El líder conservador arremetió contra Papandreu, según él, “el político más corrupto de Grecia”. Las desavenencias entre los actuales socios de Gobierno preocupan a la UE y al FMI, que defienden una repetición de la coalición, con Papademos como jefe o, en su defecto, como número dos ejecutivo de Samarás.