Se apaga la estrella de la política china

La caída del populista Bo Xilai amenaza la estabilidad del Partido Comunista Chino

Bo Xilai, durante la última conferencia de prensa que dio en Pekín, en marzo pasado. / F.J. BROWN (AFP)

Apenas unos meses separaban a Bo Xilai de tocar el cielo del poder chino: el Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista Chino (PCCh), el máximo órgano donde se sienta su dirección colegiada desde que Deng Xiaoping (1904-1997), el último gran líder de China, optó por gobernar el país desde las bambalinas. El político más populista de China, que ha jugado como ningún otro con los medios de comunicación social, perdió ayer definitivamente cualquier probabilidad de futuro político y fue degradado de todos sus cargos en el PCCh, aunque hasta el momento se le ha conservado la militancia.

Bo ha sido el único dirigente chino que, como si estuviera en Estados Unidos, ha hecho campaña abiertamente para conseguir uno de los nueve escaños de Comité Permanente, la mayoría de los cuales debe renovarse durante el XVIII Congreso del PCCh que se celebrará en Pekín el próximo otoño. Al frente de la corriente más maoísta del partido, que cultivó con simples gestos como la recuperación de las antiguas canciones maoístas y con otros más polémicos como la ejecución de funcionarios corruptos, Bo aglutinaba el descontento de millones de chinos a los que las reformas han privado de los dos grandes logros del maoísmo: la educación y la sanidad gratuitas.

Ministro de Comercio entre 2004 y 2007, Bo Xilai vio en su siguiente cargo como jefe del PCCh en la municipalidad de Chongqing un perfecto trampolín para sus ansias de liderazgo. Situada en el corazón de China, con más de 30 millones de habitantes y muy subdesarrollada en comparación con las otras tres municipalidades chinas (Pekín, Shanghai y Tianjin), Chongqing era el escenario adecuado para hacer campaña loando un pasado maoísta más igualitario, menos corrupto y más dictatorial y, por tanto, sin las mafias y triadas que habían florecido en los últimos años al calor de la apertura económica.

Bo Xilai llegaba avalado por su padre, Bo Yibo (1908-2007), uno de los llamados ‘ocho venerables’, los ocho fundadores del PCCh y participantes en la Larga Marcha que fueron purgados durante la Gran Revolución Cultural (1966-1976) y que tras la muerte de Mao Zedong (1976) retomaron el poder. Entre estos ‘ocho venerables’ se encontraban Deng Xiaoping, el impulsor de la reforma que ha convertido a China en la segunda potencia económica del mundo. Los hijos de estos ‘venerables’ y de otros fundadores del PCCh son conocidos como los ‘príncipes’ y en su gran mayoría formarán la nueva generación de dirigentes que salga del XVIII congreso.

El exjefe del Partido Comunista en Chongqing ha sido expulsado del Politburó y del Comité Central del partido

Bo Xilai, apoyado en Wang Lijun –el hombre que ahora le acusa y a quien encumbró a jefe de los cuerpos de seguridad y vicealcalde-, emprendió con grandes alharacas una extensa campaña contra la corrupción en la que ejecutó a mafiosos y funcionarios y sorprendió al Gobierno central por su virulencia. El 14 de abril de 2010 fue ejecutado Wen Qiang, exjefe de la policía de Chongqing, que había utilizado su cargo para enriquecerse con las mafias del juego, la prostitución y el tráfico de drogas. Además fueron dictadas otras seis condenas de muerte y otra treintena de funcionarios y policías fueron condenados a diversas penas de cárcel, incluida la cadena perpetua. Además, la esposa de Wen fue condenada a ocho años de prisión y su cuñada a 18.

El hasta hace dos meses mano derecha de Bo Xilai, Wang Lijun, fue quien destapó al tratar de refugiarse en el Consulado de Estados Unidos en la vecina ciudad de Chendu, el mayor escándalo que ha sacudió la política china desde el arresto de Banda de los Cuatro, poco después de la muerte de Mao Zedong en 1976. Wang aportó, según diversas fuentes, documentos que vinculan a Gu Kalai, la esposa de Bo, con la muerte del hombre de negocios británico Neil Heywood y aseguró para solicitar asilo político que su vida corría peligro porque había sido amenazado por Gu.

Los comunicados de la agencia oficial Xinhua informando de la detención de Gu Kalai como “altamente sospechosa” de asesinato y expulsando a Bo del Politburó y del Comité Central del PCCh fueron emitido a última hora de la noche del martes para que la mayoría de los chinos estuviera durmiendo y retrasar al máximo El Politburó es el órgano inmediatamente inferior al Comité Permanente y en él se sienta 25 miembros. En el Comité Central hay alrededor de 200.

Xinhua señala que la expulsión se adoptó por las “serias violaciones disciplinarias” cometidas por Bo Xilai, lo que es interpretado como que faltó a su obligación de informar al PCCh sobre los que esta sucediendo en su región, además de encubrir lo enredos y la posible vinculación de su esposa al “homicidio intencionado” de Heywood y de permitir que se involucrase a otro país –Estados Unidos- en los asuntos internos del PCCh al no haber sido capaz de prever que Wang Lijun iba a intentar refugiarse en un consulado.

Washington, que ya tuvo refugiado en su Embajada en Pekín durante más de un año al astrofísico disidente Fang Lizhi no pareció estar interesado en volver a abrir una crisis con China por Wang, según indicaron funcionarios estadounidenses a The Wall Street Journal. Por tanto, se limitó a facilitar un acuerdo entre el Gobierno chino y Wang para que éste abandonara la sede diplomática, en la que permaneció 30 horas en febrero pasado.

La estrella de Bo Xilai comenzaba a apagarse. Según The New York Times, la poderosa Comisión de Disciplina del PCCh ya había comenzado a husmear en el pozo hediondo de Chongqing antes de Wang tratara de huir. El pasado marzo se permitió al todavía jefe del PCCh en Chongqing asistir en Pekín a la reunión anual del pleno la Asamblea del Pueblo. En contra de visitas anteriores, Bo Xilai esquivó a los periodistas y otros asistentes indicaron que tuvo un perfil político bajo y centrado en la economía. Finalizado el pleno, fue destituido de la alcaldía en Chongqing.

“Nuestra nación es una nación gobernada por el estado de derecho socialista y la dignidad y la autoridad de la ley no pueden ser pisoteadas. No importa quien sea ni que alta posición ocupe, si hay violaciones de la disciplina del partido y de las leyes de la nación no vamos a tolerarlo”, dice el editorial de hoy del Diario del Pueblo, el órgano de difusión del PCCh al pedir a todos los chinos que se unan tras la decisión de expulsar a Bo Xilai del Politburó. Esto revela que Bo cuenta con numerosos apoyos y que el PCCh teme que su expulsión  suponga una amenaza a la estabilidad del partido, tan necesaria en estos meses previos al XVIII Congreso. 

 

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