OBITUARIO

Tomás Borge, el represor en la revolución sandinista

Miembro fundador del FSLN, el político y revolucionario dirigió el temible Ministerio del Interior en el primer Gobierno de Ortega

Tomás Borge, en un acto como ministro del Interior de Nicaragua en 1986. / ALTAMIRO NUNES (AP)

El Palacio de la Revolución de Nicaragua se convirtió ayer en la sede de las exequias organizadas por el Gobierno de Daniel Ortega para rendir homenaje a Tomás Borge, comandante de la revolución nicaragüense fallecido el lunes en Managua. Todo un símbolo. El palacio fue sede del Congreso de los Diputados durante la dictadura somocista, una dinastía de 47 años que Borge ayudó a derrocar. Fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), se le venera en las filas del partido, en el poder en Nicaragua, pero se le desprecia en otros sectores, principalmente por su papel como temido ministro del Interior en los ochenta. Borge resume la historia reciente de Nicaragua, desde la épica de la revolución hasta la decadencia de los ideales revolucionarios, a cuyos líderes se les acusa de corrupción.

Nacido el 13 de agosto de 1930 en la provincia de Matagalpa, desde muy joven se involucró en la lucha contra la dictadura de la familia Somoza, por la que dejó sus estudios universitarios. En 1961 fundó el FSLN junto a Carlos Fonseca Amador. Borge fue apresado y torturado por la dictadura y estuvo exiliado en otros países de Centroamérica, Cuba yLibia. Tras la caída de la dinastía en 1979, se convirtió en uno de los personajes más queridos de la revolución. Es célebre una de sus frases a días del triunfo revolucionario, cuando afirmó que serían “implacables en el combate y generosos en la victoria”. A Borge se le acusa, sin embargo, de haber escrito algunas de las líneas más oscuras de la historia reciente de Nicaragua.

Admirador de Fidel Castro, Muamar el Gadafi y del régimen de Corea del Norte, fue el poderoso ministro del Interior en el primer Gobierno de Ortega, en los ochenta. Estuvo a cargo de la policía sandinista, controlaba las oficinas de migración, las cárceles y era el jefe de la temida Dirección General de la Seguridad.

A Borge se le acusa de desatar todo un sistema de espionaje y persecución contra los “enemigos de la revolución”, incluyendo a miembros de la Iglesia católica. Se le achaca haber ordenado el asesinato de 37 presos políticos y de desatar una cacería contra los indígenas misquitos del Caribe nicaragüense. Algo que siempre negó, pero las organizaciones de derechos humanos de Managua han arropado las denuncias de los líderes misquitos que le acusan junto a otros dirigentes de matanzas y desplazamientos forzados.

Un negro papel

Exmiembros del FSLN que conocieron a Borge lamentan el papel que el comandante tuvo que desempeñar. “La crueldad de la historia y de sus compañeros fue asignarle el papel de represor a quien hubiese brillado como benefactor, como líder apasionado de ideas hermosas”, aseguró la escritora Gioconda Belli tras conocer su muerte.

Investigaciones periodísticas acusan a Borge de capitalizar las propiedades adquiridas a través de la Piñata —toma de propiedades estatales por los líderes de la revolución tras la derrota electoral de 1990— por 2,3 millones de dólares. Borge es vinculado con la llamada oligarquía orteguista, es decir, funcionarios del Gobierno de Daniel Ortega, antaño guerrilleros contra la dictadura de Somoza, acusados de enriquecerse a costa del Estado.

Él mantuvo su alianza con Ortega cuando los principales líderes e intelectuales del FSLN dejaron el partido. Fue diputado mientras el FSLN estuvo en la oposición (1990-2006), escritor y, en los últimos años, embajador de Nicaragua en Perú.

“¡Tomás es de los muertos que nunca mueren!”, dijo, conmocionada, la primera dama y jefa de Gabinete de Ortega tras informar de su muerte el pasado lunes. Ortega, que decretó tres días de duelo, aseguró que habrá “Frente Sandinista para largo rato, tanto como para decir cien años, tanto como para decir para siempre”.

“Fue hombre firme cuando tenía que ser firme y un hombre tierno, delicado, que era capaz de llorar. El comandante era un luchador, luchó contra la muerte con tenacidad. Era un hombre que nació para hacer grandes cosas. La historia de Tomás Borge es de referencia”, dijo Edén Pastora, el mítico Comandante Cero que tomó junto a un grupo de guerrilleros el Congreso de los Diputados de Somoza en 1978. El mismo donde su cuerpo reposaba ayer.

 

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