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Es la política, estúpido

Un encuentro en Santiago de miembros de los Gobiernos alemán y español desvela el inicio del optimismo ante las medidas adoptadas por Madrid

El ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, durante la conferencia en Santiago de Compostela.rn
El ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, durante la conferencia en Santiago de Compostela. AFP

Que la auténtica naturaleza de la crisis que vive Europa es más política que económica no es una obviedad que caiga como fruta madura entre una clase política indiferente. La discusión sobre qué vino antes y qué ha causado qué, sobre cómo el déficit de un relato europeo y de una política en mayúsculas ha tensionado el otro déficit, el de la confianza en nuestra economía, no solo llena horas y folios de intenso debate. También marca el camino entre problemas y soluciones en la peor emergencia que vive el continente desde la Segunda Guerra Mundial.

Las jornadas sobre Europa organizadas a puerta cerrada esta semana en Santiago de Compostela por la fundación Konrad Adenauer —y a las que peregrinaron miembros del Gobierno español y alemán con la dosis de fe propia del entorno jacobeo— fueron el ojo de cerradura perfecto para contemplar el interesante choque, a veces baile, entre cifras e ideas. Entre aspiraciones y deudas. Entre poderosos y necesitados. Esta es la guía apresurada y desde dentro de una reunión que atrajo al ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble; a la vicepresidenta del Gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría; a los ministros Luis de Guindos y José Manuel García-Margallo; y a un buen número de diputados y altos cargos de Alemania, España, Francia, Portugal, Reino Unido y Bruselas:

» 1. Política en mayúsculas: La vieja máxima que un asesor de Bill Clinton logró convertir en lema letal para derribar a un Bush padre entretenido en la Guerra del Golfo —“es la economía, estúpido”— no es que tienda a morir. Es que ya no funciona en Europa sin complementarse con la nueva consigna aceptada con vergüenza ante las carencias, sí, pero con demasiadas evidencias como para dejarla pasar por alto sin más: es la política, estúpido. La crisis que ha arrastrado al viejo continente a una caída en W (doble recesión) mientras Estados Unidos se recupera y los emergentes consolidan su ascenso al Olimpo no tiene ya su origen en los activos tóxicos y en el contagio de Lehman Brothers.

Aquello ha quedado lejos. Tenemos nuestros culpables. Aquí se ha agudizado por la propia incapacidad de generar confianza en Europa, por la falta de herramientas para gobernar de modo comunitario la zona euro, por la lentitud de las instituciones de Bruselas y por la falta de integración verdadera.

“Esta es la verdad: los inversores no están convencidos de que estemos comprometidos con el euro”, dijo un miembro del Gobierno español. Y eso exige política en mayúsculas. De la capacidad para generar esas respuestas políticas de coordinación e integración auténticas y del regreso urgente al carril de la pura democracia, sin las soluciones tecnocráticas halladas en Italia y Grecia, dependerá la supervivencia de una Europa fuerte.

» 2. Mensaje desde España. Objetivo número uno: Dejar de ser noticia, dejar de ser foco de incertidumbre o, en palabras de un representante español: “El tema en el que trabajamos para el próximo G20 es que España no sea el tema”. ¿Y la fórmula? Se resume en tres palabras: austeridad, austeridad y austeridad, tanto en el Gobierno central como, sobre todo, en las autonomías. Los miembros del Gobierno español presentes en Santiago exhibieron ante Schäuble los recortes y reformas emprendidas, prometieron muchas más y definieron a España como “el aliado más fuerte de Alemania”. Eso sí, clamaron: “Adelgazaremos los 40 kilos que nos sobran, lo haremos. Tenemos la determinación. Pero después no nos pidan que corramos la maratón”. Es decir: después debe venir el crecimiento y el empleo. Pero España se cuida mucho de reclamarlo activamente en los foros y de trabajarlo diplomáticamente, no vayan a pensar que hemos vuelto a las andadas. Cuanto más lejos parezcamos de las demandas del socialista François Hollande en Francia, mejor, vienen a decir. Y si estamos pensando en crecimiento, es solo como algo condicionado y únicamente posible con la austeridad.

» 3. Mensaje desde Alemania: El rumbo del barco está corregido en España, la nave europea está enderezada y lo demás vendrá después. El ministro Schäuble se declaró impresionado por las medidas adoptadas por el Gobierno y recordó que, una vez tomada la buena dirección, “tenemos una responsabilidad común”. “Vamos a ocuparnos de que los bancos dispongan de capitalización”, aseguró. “La consolidación fiscal no es un fin en sí mismo. Una vez tomadas las medidas, también necesitamos crecimiento sostenible”. Azuzado por la probable victoria este domingo en Francia de Hollande, que quiere reabrir el pacto de austeridad fiscal para añadirle una apuesta por la inversión y el crecimiento, el Gobierno alemán ha confirmado estos días que esto será prioridad en junio, pero solo como algo complementario y condicionado a lo primero. “La primera condición para el crecimiento es la consolidación fiscal”, señaló en Santiago. Ustedes mantengan ese rumbo en el barco y empezaremos a hablar de inversiones. El paso de Schäuble por las sesiones a puerta cerrada tras su almuerzo con los representantes del Gobierno dejó en el aire la convicción de que el apoyo alemán está garantizado para España frente a una Grecia, por ejemplo, que sigue causando enorme incertidumbre en Berlín.

El ministro, que no regala precisamente las palabras, pronunció algunas que sonaron bien a España: optimismo y transferencias norte-sur. La recuperación de la competitividad en España por la vía de un descenso de precios y salarios se verá complementada, se dijo, por el aumento de salarios que está previsto en Alemania. Y, aunque será difícil, la confianza de los inversores regresará.

» 4. ¿Miedo a la democracia? Entre algunos presentes destacaba un sentimiento poco saludable: el que empieza a provocar el resultado de las urnas. El peligro del extremismo y el populismo en Grecia, el temor que algunos expresan ante una victoria de Hollande en Francia, el recelo ante partidos como los Piratas que crecen en Alemania provocan algunas reflexiones que, en frío, aún dan más miedo.

» 5. El mayor déficit: la narrativa europea. No fue fácil construir la Unión Europea, pero el motor infalible fue la necesidad de paz tras dos guerras dramáticas y la urgencia de aniquilar las rivalidades nacionales que tanto dolor habían causado, como resumió Íñigo Méndez de Vigo. Europa contó siempre con una narrativa, un relato poderoso que amalgamó la construcción europea y que hoy no existe: primero fue la necesidad de paz; después los valores, los derechos y libertades; la construcción de una economía social de mercado y, ya en los noventa, el afán de terminar de unir un continente dividido a través de la ampliación al Este. “Después llegó Blair con su mensaje de valor añadido, que era para unos lo que no era para otros”, afirmó el secretario de Estado para Europa. “Y ahora Europa no tiene narrativa. Tenemos que encontrarla, tal vez en la propia necesidad de salir de la crisis”. El español puso el dedo en la llaga en un debate que demostró que la economía no existe sin política. Y hubo propuestas.

—“Creo que la nueva narrativa podría estar en la política exterior común”, aseguró un participante.

—“A la gente le da igual lo que pasa en Siria”, reaccionó un representante portugués. “Lo que le preocupa es su empleo, y mientras no tengamos eso no tendremos narrativa”.

—“La nueva narrativa es la afirmación de Europa en un mundo globalizado, lo que reconozco que no es muy sexy”, comentó un representante alemán. “Lo sé: ni la austeridad ni el equilibrio presupuestario tampoco lo son”.

¿Cuál puede ser entonces el relato que atraiga a los europeos, que empuje hacia una salida y que articule una opinión pública común capaz de fortalecer el cuerpo tras el adelgazamiento brutal que citaba el ministro español? ¿Qué nos puede ayudar a correr la próxima maratón?

La siguiente idea tampoco es muy sexy, pero fue la que prevaleció en Santiago de Compostela en el ambiente de peregrinación hacia los altares no muy jacobeos de Merkel y los mercados: la necesidad. La urgencia de salvar el euro. Cualquier otra salida es suicida.