Uzbekistán se retira de la alianza militar que lidera Rusia

Hay señales de que Karímov está acercando posiciones a Estados Unidos

El Estado centroasiático de Uzbekistán ha congelado su pertenencia la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza militar formada por Rusia y varios países postsoviéticos (Kazajistán, Tayikistán, Kirguizistán, Armenia y Bielorrusia). El secretariado de la OTSC confirmó el jueves que el Gobierno uzbeko ha enviado una nota por la que “suspende” su asociación en esta entidad internacional.

Esta es la segunda vez que Uzbekistán abandona la OTSC. Tashkent se retiró de la misma en 1999 para regresar en 2006, después de que el régimen del presidente Islam Karímov obligara a Estados Unidos a cerrar las bases que fueron establecidas en Uzbekistán en el otoño de 2001 como apoyo logístico para la operación antiterrorista en Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre. El retorno de Tashkent a la OTSC se produjo después de la sangrienta represión de un levantamiento popular en la ciudad de Andizhán, en el valle de Ferganá.

Karímov, que fue máximo dirigente comunista de Uzbekistán en época soviética, rige los destinos de Uzbekistán desde su independencia en 1991. En política exterior, ha dado bandazos entre Rusia y EE UU, guiado por sus percepciones de las amenazas para su seguridad. En octubre 2001, EEUU aparecía a sus ojos como un protector contra la propagación del islamismo radical desde el fronterizo Afganistán. En 2005, sin embargo, EE UU se había convertido en un eventual inspirador de revoluciones democratizadoras, y de ahí, su vuelta al “regazo” ruso.

En la práctica la OTSC se ha revelado como muy poco eficaz para resolver los problemas concretos en los países miembros, como demostró su nulo papel en la protección de los uzbecos en la zona kirguiza del valle de Ferganá en 2010, cuando aquellos fueron atacados por kirguizos enfurecidos.

Uzbekistán no ha indicado los motivos por los que congela su pertenencia a la OTSC y el Ministerio de Exteriores ruso analiza la situación. La agencia rusa Regnum señala que en los últimos tiempos hay señales de que las posiciones de EE UU y Uzbekistán se han acercado. Recientemente, Washington levantó la prohibición de prestarle ayuda militar que había impuesto a Uzbekistán tras los acontecimientos de Andizhán. Según la agencia, EE UU podría entregar a Uzbekistán parte de las armas y equipo que se emplean ahora en Afganistán.

El pasado 15 de mayo, Karímov asistió en Moscú a una reunión conmemorativa del 20º aniversario de la Firma del Acuerdo de Seguridad Colectiva entre Rusia y sus aliados y del 10º aniversario de la fundación de la OTSC. Con ese motivo, los jefes de Estado de los países miembros suscribieron una declaración en la que expresaban su voluntad de desarrollar y profundizar las relaciones entre sí en diversos campos, incluido el militar y el técnico, y también de colaborar con la OTAN.

El 4 de junio, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, realizó un viaje a Tashkent (el primero en cinco años) y allí Karímov se extendió sobre los “problemas bastante agudos que surgen en la región de Asia Central debido a la retirada de las tropas norteamericanas”. El líder uzbeco dijo estar “seriamente preocupado” por un aumento de las “actividades terroristas, extremistas” y el “tráfico de narcóticos” que “desbordará las fronteras de Afganistán” tras la retirada de las tropas internacionales. Tras señalar que Afganistán es escenario de una guerra que dura 30 años, Karímov señaló que los europeos, la OTAN, EEUU y otros quieren “retirar cuanto antes sus tropas” y crear las posibilidades de una solución pacífica. Sin embargo, afirmó que para eso “hay que resolver otros problemas” y hay que conseguir crear un Ejército o unas fuerzas de seguridad fuerte que puedan sustituir a las tropas que se retiran”. El líder uzbeco se mostró escéptico ante esta posibilidad.

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