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Bodas y entierros exprés bajo las bombas de El Asad

En un mismo día, los habitantes de Al Qusayr acuden a un funeral y celebran una boda a toda prisa bajo el intenso bombardeo de las tropas del régimen

Las mujeres apenas tuvieron tiempo de besar al muerto. Los amigos y compañeros del Geish al Hor, el Ejército Libre Sirio (ELS), vinieron a buscarlo y se lo llevaron casi en volandas. Había que enterrarlo con rapidez, antes de que las tropas de El Asad reanudaran el bombardeo.

La furgoneta que transportaba el cadáver iba tan rápido que, desde los balcones, las mujeres lanzaban arroz sin atinar muy bien sobre el vehículo que portaba al fallecido, un soldado del ELS al que le alcanzó un mortero en la cabeza junto a su cuartel. Los que acudían al sepelio prácticamente corrían tras la comitiva, cantando rezos musulmanes, jadeando los más mayores, por el esfuerzo.

La tumba estaba lista en el nuevo cementerio de Shaheed (mártires), el antiguo camposanto se quedó pequeño. El sepulturero, con la pala en la mano, hacía gestos a los presentes para que se apresuraran. La losa y la tierra preparadas, el cuerpo dentro y a tapar, mientras algunos miraban desconfiados al cielo. Los bombardeos en esta ciudad pueden producirse a cualquier hora del día o de la noche, estaban alerta. La familia se puso en fila y los abrazos se convirtieron en rápidos besos, acompañados de algunos llantos y varias frases de consuelo entrecortadas. Dos soldados del Geish al Hor, compañeros del muerto, dispararon al aire.

Unas calles más allá, sonaban dos estruendos. Los novios aguardaban nerviosos en el interior del sótano de la escuela en la que llevaban cuatro meses refugiados, rodeados de familiares y amigos. Esperaban que cesara el bombardeo para poder salir. Se habían casado una hora antes, sin gran celebración, regalos ni comida para los invitados, sólo unas pocas pastas de hojaldre con miel y tazas con café árabe cuidadosamente dispuestas sobre los pupitres del colegio, ahora improvisadas mesas de convite. Dudaron un poco en aventurarse a salir, pero al fin se decidió la novia, vestida con un pomposo traje blanco y cara de susto.

"Como todas las tiendas están cerradas, le pedí al dueño de una de ellas que me consiguiera un traje de boda, y al final me lo regaló", explicaba el exultante padre del novio, feliz. Con gran dificultad, también consiguieron comprar los anillos en una localidad colindante, llevaban varios días esperándolos. "Es estupendo tener un motivo de júbilo entre tanta muerte. Y, ¿sabes?, se conocieron hace poco, el novio desertó del Ejército de El Asad con otro soldado que le presentó a la novia", explicaba a los visitantes. En un intervalo de tregua, los recién casados se decidieron a salir, por fin, corriendo hacia el asiento trasero de un coche blanco sin adornos. Dos soldados del Geish al Hor, compañeros del novio, dispararon al aire. Uno de ellos venía del funeral.

Unas horas más tarde, el Ejército de El Asad intentó entrar en la ciudad. Según Abu Ahmad, un comandante del ELS, catorce camiones con soldados del régimen se aproximaban procedentes de Homs y entraban en combate con los hombres que defienden la ciudad, precisamente muy cerca de la casa del nuevo matrimonio. En las calles se escuchaban tiroteos continuos y, aunque lograron frenar la ofensiva, fue el bombardeo más intenso que recuerda la población en semanas.

Inolvidables fuegos artificiales para los recién casados en su noche más especial.