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Los rebeldes sirios reivindican el derribo de un helicóptero en la capital

El Ejército del régimen continúa su ofensiva en los barrios del norte y el centro de la capital

Caída del helicóptero envuelto en llamas sobre el barrio de Al Qabun, Damasco.

Los rebeldes sirios se han atribuido el derribo de un helicóptero militar en la periferia de Damasco, toda una proeza para el Ejército Libre de Siria (ELS), considerando las armas de corto alcance con las que cuenta. La televisión estatal siria confirmó que el aparato del Ejército gubernamental se estrelló, aunque sin dar más detalles. En un vídeo rodado por activistas se ve al helicóptero caer en picado cerca de la mezquita del distrito de Al Qabun, mientras varias voces en off gritan "Alá es el más grande". La grabación no muestra el momento en el que el aparato habría sido alcanzado. El ELS lo ha difundido a toda prisa para dar moral a sus hombres y contrarrestar las derrotas de estas pasadas semanas, en las que han sufrido la fuerte ofensiva del Ejército de Bachar el Asad, que está determinado a “limpiar de terroristas” la capital y alrededores. Activistas opositores han denunciado la muerte de 60 personas por ataques aéreos lanzados por fuerzas del régimen en suburbios suníes de de la capital.

La resistencia ha sufrido un duro revés este fin de semana con la pérdida del importante enclave de Daraya, en el sureste de Damasco, desde donde coordinaban la ofensiva en la capital. El ELS tuvo que retirarse el viernes ante la fuerza aplastante de los tanques y los helicópteros del Ejército gubernamental y la falta de armas y munición. La oposición acusa al régimen de haber entrado en el barrio con soldados y shabihas (milicias del régimen) y de haber matado a unas 300 personas, entre ellas mujeres y niños, algunas con signos de ejecuciones sumarias. Los medios oficiales han culpado a los rebeldes de la matanza, que de confirmarse sería la peor desde que comenzó la guerra en marzo de 2011. El Gobierno declaró que sus fuerzas armadas habían limpiado Daraya de los “grupos terroristas” que cometían crímenes contra los hijos de la ciudad.

La ofensiva del régimen continuó el lunes en varios barrios de la periferia de Damasco, con bombardeos a zonas de mayoría suní y clase trabajadora, y al menos 32 personas murieron, seis de ellas en Jobar, donde hubo fuertes choques entre el ELS y el Ejército gubernamental que estallaron después de que los rebeldes capturaran a dos francotiradores que sembraba el terror en la zona y mataran a uno. Varios vídeos de activistas muestran los cuerpos de veinte personas en el suelo de una mezquita en un barrio cercano, Zamalka, entre ellos tres niños, mientras el régimen bombardeó otras zonas como Irbin, Harasta, Kfar Batna and Muleiha, en la parte este y noreste de los suburbios de la capital.

Este ha sido un fin de semana especialmente sangriento en Siria, un país que vive 17 meses de una guerra civil que comenzó con manifestaciones pacíficas y ha derivado en una carnicería que nadie es capaz de frenar. El comité de coordinación rebelde asegura que solo el sábado murieron 440 personas en toda Siria, una de las cifras más altas desde que comenzó la revolución, mientras que el número de muertes el domingo llegó a los 200, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), aunque las cifras son difíciles de contrastar debido a las restricciones impuestas a la prensa internacional.

El conflicto comienza a pesar en los países limítrofes con Siria. Turquía, que ha recibido ya 80.000 refugiados sirios, ha cerrado temporalmente su frontera hasta que se creen nuevos campos para acogerlos, y ha pedido a la comunidad internacional que colabore para repartir la carga. En Líbano la violencia siria ha contagiado al norte, donde se libran combates en la línea divisoria entre dos barrios de Trípoli desde hace más de una semana, sin que el Ejército pueda frenar los enfrentamientos esporádicos entre los libaneses suníes partidarios de la revolución y los alauíes que apoyan al régimen de Bachar El Asad.