Hollande y Merkel reconstruyen el eje francoalemán para dirigir la UE

París y Berlín crean un grupo de trabajo bilateral para reformar la UE

El nuevo organismo tomará decisiones “sobre España y Grecia”

El presidente de Francia, François Hollande, en el Elíseo. / PATRICK KOVARIK (AFP)

Se acabaron las invectivas contra la “fatal austeridad”, la exigencia de políticas de crecimiento y la lucha por “el necesario reequilibrio de Europa con los países del sur”, entre otras cosas. Urgido por los índices de paro, por el estancamiento económico y por unas encuestas penosas, el presidente francés, François Hollande, parece haber izado la bandera blanca ante la canciller alemana, Angela Merkel, y opta por regresar al pasado marcado por su antecesor, Nicolas Sarkozy.

Nada más volver de sus vacaciones, Hollande ha decidido reconstruir el eje franco-alemán. De este modo, las dos capitales, Berlín y París, han formado un grupo de trabajo bilateral y permanente, que según el ministro de Economía galo, Pierre Moscovici, tomará “decisiones sobre Grecia y España” y sobre las reformas estructurales de la zona euro.

A falta de conocer los resultados, el movimiento imita el funcionamiento del directorio que fue conocido como Merkozy y que manejó de manera errática y autoritaria las riendas europeas durante el último lustro. “El giro se ha decidido. Volvemos a la situación anterior, cuando Francia y Alemania eran el motor de la Unión Europea. La fase de las baladronadas de uso electoralista se ha terminado”, afirmaba el miércoles una fuente del ministerio de Economía francés en el siempre bien informado semanario Le Canard Enchainé.

El semanario confirmaba así lo adelantado por el diario Le Monde: Hollande y Merkel han acordado zanjar pasadas rencillas y quieren decidir solos el futuro de la zona euro. La resurrección del eje quedó discretamente atada entre el jueves 23 y el lunes 27, durante sendas visitas a Berlín de la plana mayor francesa. Primero Hollande se vio con Merkel en la Cancillería, y ambos pactaron vigilar más de cerca al Gobierno de Atenas y negarle tiempo para aplicar los recortes. El lunes, Moscovici, mano derecha de Hollande, se reunía con su homólogo, Wolfgang Schäuble, en Berlín y ambos diseñaban el método de trabajo para las próximas semanas y meses.

El grupo de trabajo tendrá dos cabezas visibles, como en la fase Merkozy. Según publica Le Monde serán Ramón Fernández, director del Tesoro y un sarkozysta de origen mexicano, y el secretario de Estado alemán, Thomas Steffen.

La prensa francesa señala que los dos gobernantes han zanjado rencillas

Tras insistir durante semanas en que son los 27 miembros de la Unión Europea y que son las instituciones europeas quienes deben decidir juntos el destino del continente, el discurso de los socialistas galos remite ahora a los estribillos del antiguo régimen. “El grupo bilateral se encargará de reflexionar sobre la puesta en marcha de las decisiones sobre Grecia y España”, manifestó Moscovici el pasado lunes, reforzando la imagen excluyente del directorio Merkhollande. El objetivo, añadió el ministro, es llevar “una posición común al Consejo Europeo del 18 y 19 de octubre” y que “Francia y Alemania sean los pilares de las reformas estructurales” de la zona euro.

La alianza, en realidad, empezó a forjarse durante la última cumbre de Bruselas, cuando París y Berlín decidieron repartirse la presidencia del Eurogrupo. Si Merkel es reelegida el año próximo, Schäuble y Moscovici serán los próximos responsables del foro de ministros del euro durante el próximo lustro. Ambos tomarán el relevo del actual presidente, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, cuando se retire. Schäuble y Moscovici ejercerán dos años y medio cada uno.

A un año de las elecciones federales alemanas, previstas para septiembre de 2013, la impresión que se palpa en París es que la canciller ha aumentado la presión sobre la débil Francia para imponer una solución alemana a la crisis europea. A corto y largo plazo. Parece evidente que Merkel quiere reforzar los tratados y la unidad de la zona euro mientras pilota con mano de hierro la crisis griega y española para salvaguardar los intereses de los bancos alemanes.

El presidente galo parece más reacio a defender a los países del Sur

La simbiosis va tomando cuerpo y Hollande se expresa con palabras cada vez más parecidas a las que pronuncia Merkel. El lunes, hablando en el Elíseo ante sus embajadores, señaló que “la voluntad francesa es que Grecia siga en el euro” y que “el euro es irreversible” y agregó que una mayor “integración solidaria” debe llevar “a la unión política” de Europa.

La incógnita pasa por conocer el efecto que la vuelta del eje tendrá sobre los países apurados por la crisis. Hasta ahora, Hollande parecía comportarse ante el jefe alemán como paladín del crecimiento, azote de la austeridad y voz de la izquierda y del Sur. Sin embargo, hoy da la impresión de que es más reacio a defender a Grecia y a España frente al fundamentalismo del Bundesbank.

Una razón es que los últimos datos (crecimiento cero por tercer trimestre consecutivo y 41.500 desempleados más en julio en un país con cerca de cinco millones de parados en total) agravan el panorama francés. Por otra parte, los sondeos sitúan el índice de popularidad de François Hollande por debajo del 50%.

Otro motivo esgrimido —tal como revela el semanario Le Canard Enchainé— es que su primer ministro, el germanófilo Jean-Marc Ayrault, teme que un distanciamiento de Alemania resulte catastrófico para los intereses de París: “Bastaría una declaración desagradable de un dirigente alemán sobre nuestras previsiones de crecimiento para que Francia fuera castigada por los mercados”.

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