“Europa necesita liderazgo”

El alcalde de Nueva York subraya la necesidad de líderes fuertes para tomar medidas imprescindibles pero impopulares y la importancia de mantener abierta la puerta a la inmigración

El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg. / Jessica Rinaldi (Reuters)

Michael Bloomberg tiene encima de su mesa un reloj que cuenta los días que le quedan a su tercer mandato como alcalde de Nueva York, y lo mira cada mañana: “Es una señal de que me digo: Haz que cada día cuente, porque no te queda mucho tiempo”.

Pregunta. Europa ha dedicado mucho tiempo a buscar la solución a su problema. ¿Cuánta importancia tiene actuar a tiempo en una situación de crisis?

Respuesta. Bueno, la primera vez que surge un problema, si uno no lo arregla, se encuentra con que después es peor. Las cosas no mejoran por casualidad, empeoran por casualidad. Por tanto, creo que los problemas de Europa comenzaron hace tiempo y deberían haberlos afrontado hace tiempo. Dicho esto, todo eso ya es historia, y no se puede revivir la historia, hay que vivir el presente: lo importante no es lo que debería haber hecho Europa sino lo que debería hacer hoy.

"Necesitamos más inmigrantes, porque crean más empleo y crean negocios"

P. ¿Qué cree que deberíamos hacer ahora en Europa?

R. No es fácil dar una respuesta, no hay ninguna que sea indolora. Creo que mejorar la productividad, equilibrar el presupuesto, hacer inversiones de futuro, todo eso hay que hacerlo. Son medidas sobre las que todos dicen: 'Sí, pero cuando las cosas están difíciles o quiero hacer eso, no puedo, porque la gente no va a estar de acuerdo'. Las medidas de austeridad para equilibrar un presupuesto cuando hay una tasa de paro muy elevada son muy difíciles de vender; hacer inversiones a largo plazo, cuyos beneficios se verán dentro de cinco, 10, 20 años, es muy difícil de vender, sobre todo si no hay mucho dinero y a los Gobiernos tampoco les sobra. Cambiar las leyes laborales y abrir las fronteras: es muy difícil convencer a la gente de ese tipo de medidas que aumentan la productividad cuando existen tantos problemas.

P. ¿Cuál es el error que no deberíamos repetir jamás?

el verdadero daño de la crisis de las hipotecas fue que su expansión ocultó un cambio trascendental en la fuerza laboral en todo el mundo

R. Si piensan en la ciudad de Nueva York durante los años setenta, verán que dejó de invertir en el futuro, dejó de vigilar las calles, dejó de recoger la basura, impidió que hubiera nuevas ideas, y la ciudad se vino abajo. La población disminuyó y tardamos dos o tres décadas en salir de aquella situación. Es de esperar que nunca volvamos a cometer aquel error. Hace seis años, yo dije: “Esto no puede seguir así. Los ingresos siguen creciendo, los impuestos son bajos, las inversiones están generando un enorme volumen de nuevos ingresos, en algún momento se acabará”. Así que apartamos 6.000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes, ingresos fiscales, y esperamos a cuando hubiera una crisis. Y, por supuesto, la crisis llegó, a partir de 2008, y hemos recurrido a ese dinero, y el año próximo terminaremos de usarlo, pero nos ha servido para superar un periodo muy difícil sin interrumpir nuestras inversiones. Hemos puesto dinero en una nueva línea de metro, cosa que el Estado no quería hacer, hemos construido un nuevo túnel bajo el agua, que ha tardado 50 años en completarse porque nuestros predecesores siempre cortaban el dinero porque tenían otras cosas en qué emplearlo. Hemos arreglado todas las calles de la parte sur de Manhattan y hemos renovado líneas subterráneas de comunicación, conducciones de agua y vapor, electricidad y alcantarillado, hemos hecho cosas de ese tipo que sostendrán la ciudad durante mucho tiempo. Hemos abierto oficinas de turismo en todo el mundo; este año tendremos 52 millones de turistas. Y eso crea muchos puestos de trabajo.

P. ¿Cuántos turistas tenían cuando llegó usted a su cargo?

R. Alrededor de la mitad, hemos tenido un aumento de unos 36 millones a unos 52, un 60%.

P. ¿Cuál es la clave para salir de la crisis?

R. Liderazgo. Europa necesita líderes. No sé cómo saldrá al final, pero podría decirse que David Cameron está actuando como hace falta, que tiene un verdadero presupuesto de austeridad, que no es popular en Inglaterra, en el Reino Unido, pero está ocupándose de los problemas. No sé si tiene razón o no, pero está demostrando el valor necesario para dar un paso al frente y actuar. ¿Se puede hacer eso mismo en España con la tremenda tasa de desempleo? ¿Se puede hacer lo mismo en Grecia o Italia, donde el número de personas que pagan impuestos es relativamente bajo? En Estados Unidos, todo el mundo paga sus impuestos. Quizá haya un puñado de gente que hace trampas, pero todo el mundo hace su declaración, de modo que, si las personas que no pagan son un porcentaje pequeño, es más fácil aplicar la ley, porque perseguirlos es una tarea controlable. Si el 90% de la gente no paga impuestos, ¿por dónde se empieza?

P. ¿Por dónde se empieza?

R. Christine Lagarde, la directora gerente del FMI, es una persona de mucho peso, pero hay un límite a lo que estas organizaciones supranacionales pueden hacer. A la hora de la verdad, los Gobiernos de los distintos países tienen que conseguir convencer a sus votantes, y es difícil levantarse y decir: Tenemos que hacer sacrificios”. Todo el mundo quiere estabilidad fiscal, pero que no me suban los impuestos ni recorten mis programas. Pues muy bien, responde el Gobierno, pero sin eso no se puede tener estabilidad fiscal. La respuesta que reciben es: usted quería ser presidente o primer ministro, discurra la manera.

P. ¿Qué opina de lo que está haciendo Italia para resolver sus problemas y disminuir las repercusiones negativas en Europa?

R. En Italia siempre ha habido joie de vivre. Los italianos poseen un optimismo que está en su cultura. Ahora bien, tienen una enorme cantidad de problemas económicos, probablemente menos que Grecia y probablemente menos que España, y que otros países. Lo fundamental es que han gastado un dinero que no tenían y no han invertido en cosas para el futuro. Lo que resulta más preocupante aquí en Estados Unidos es que hemos cerrado nuestras fronteras y aceptamos a menos inmigrantes, y por lo menos en Nueva York necesitamos más inmigrantes, porque crean más empleo y crean negocios. No sé si eso es así o no en Italia, pero el caso es que se observa una ola de anti-inmigración en toda Europa, desde Irlanda hasta Turquía. De pronto, las diferencias locales son muy importantes. En su día hubo discusiones sobre la inmigración polaca en Europa, pero hoy resulta que Polonia es la superpotencia económica del continente. Hay que traer savia nueva.

P. La crisis comenzó en Estados Unidos con la quiebra de Lehman Brothers en 2008. ¿Cree que Wall Street tiene una parte de responsabilidad en la crisis del euro?

R. Creo que no estoy de acuerdo con su premisa. En mi opinión, Lehman quebró porque toda la gente, en todo el mundo, quería tener una hipoteca, todo el mundo quería que su fondo de pensiones subiera de valor, todo el mundo quería dinero barato, y entre todos creamos esta burbuja. Fue la gente, fue el Gobierno, fue el sector privado, y entonces todo se vino abajo. Tengo 70 años y llevo toda la vida esperando a que alguien invente el movimiento perpetuo, pero nunca lo han hecho. Todas estas cosas suceden en ciclos, se precipita la crisis y luego nos recuperamos poco a poco. Se empiezan a crear excesos, los primeros derivados son así, los segundos derivados son asá, y luego los terceros derivados son un paso malo. En Estados Unidos, el verdadero daño de la crisis de las hipotecas fue que su expansión ocultó un cambio trascendental en la fuerza laboral en todo el mundo. Como todo el mundo estaba construyendo, estábamos creando mucho empleo. Cuando se interrumpió, el empleo dejó de existir. Luego fíjense en la clase media: ¿qué está pasando con sus puestos de trabajo? No pueden vivir con lo que ganan. Unas personas que empiezan a subir en la escala socioeconómica, tienen una familia estructurada, un coche, una casa, lo que tengan que tener: no consiguen un trabajo que les pague un buen sueldo. Lo necesitan, pero no lo consiguen. Hacen cosas que son repetitivas, que pueden ser automáticas y que, en general no tienen que hacerse cerca del cliente, cerca del usuario, de modo que se pueden llevar a cualquier otra parte del mundo en la que haya salarios más bajos. Ese es el problema de la clase media.

P. Durante la actual campaña presidencial, los dos candidatos han criticado a Europa. Da la impresión de que Europa se ha convertido casi en un insulto en la política estadounidense. ¿Se ha ensanchado el Océano Atlántico debido a la crisis económica?

R. El Océano Atlántico siempre ha sido muy ancho. Yo he dado muchas veces este ejemplo: si estuviera usted en Roma, e intentase pagar al taxista en libras esterlinas, el taxista protestaría y se quejaría, pero le llevaría a un banco; en Nueva York, si intentase usted pagar en libras, le llevaría a una comisaría. Sé que el 11 de septiembre nos enseñó que el mundo es más pequeño, pero Europa y Estados Unidos siguen siendo diferentes. Tenemos un gran porcentaje de miembros del Congreso que no tienen pasaporte. Nuestros periodistas nunca han viajado por el mundo, nunca han estado en otras ciudades. Dicen que la crisis aquí es inmensa: una persona tiene que comerse la hamburguesa sin patatas fritas, así que es pobre. ¡Que vayan a otros países donde la gente no tiene nada para comer! Estados Unidos no lo entiende. Creo que no deben preocuparse por las opiniones de Europa ni por las opiniones de Estados Unidos sobre Europa. Los cargos electos los ocupan políticos que quieren que los elijan, así que tienen que echar la culpa a alguien. Hemos creado una cultura en la que alguien tiene la culpa, alguien que no somos nosotros. Por eso atacamos a Europa, por eso atacamos a China.

P. En una situación de crisis, cuando los gobiernos nacionales y locales están recortando las prestaciones sociales, la educación, la ayuda a los pobres, ¿puede ser una solución la filantropía?

R. No, porque las cantidades de dinero son muy distintas. Lo que puede hacer la filantropía es financiar proyectos de prueba, o innovaciones, o ensayos, pero, cuando se trata de ofrecer servicios a 6.600 millones de personas en todo el mundo, la filantropía privada es tan pequeña que es inapreciable. No se puede utilizar dinero público para cosas que no se puede garantizar de antemano que vayan a funcionar. Cosas innovadoras que no se sabe ni en qué van a consistir y mucho menos si van a servir de algo. Y ahí es donde la filantropía sí puede intervenir. Se pueden hacer cosas. Yo di 50 millones de dólares al Sierra Club para contribuir al cierre de centrales de carbón. He gastado 600 millones de dólares de mi bolsillo en tratar de convencer a la gente para que deje de fumar. El tabaco matará a 1.000 millones de personas en este siglo. He invertido 100 millones de dólares hasta ahora en el tráfico, que de aquí a unos años será el quinto mayor asesino del mundo. Es decir, existen cosas que podemos hacer de manera particular, pero, a grandes rasgos, es el dinero público el que debe encargarse. Se puede decidir si se quiere gastar o no y se puede recaudar dinero de la gente que lo tiene.

P. Hablando de prioridades, ¿es posible recortar en la cultura y la educación?

R. Todo tiene su valor. Yo controlo un presupuesto de 65.000 millones de dólares y, durante los últimos años, nuestros ingresos fiscales anuales han permanecido estables, mientras que los gastos aumentan. Así que tengo que encontrar formas de ahorrar. Tengo que mantener seguras las calles. ¿Por qué? Porque, si las calles no están seguras, la gente no vendrá a hacer turismo, no vendrá a vivir, y entonces no tendremos una base de contribuyentes. Así que todo lo demás de lo que vamos a hablar enseguida no podría hacerse si no empezamos con la seguridad. Luego hay que tener ambulancias que acudan cuando uno sufre un derrame o un ataque al corazón. Si se incendia la casa, hay que tener un camión de bomberos que vaya, además de otras cosas. Hay que recoger la basura, si no, tendremos enfermedades y un aspecto terrible, y hay que proporcionar educación. Con esto acabo de darles el 80% del presupuesto de la ciudad que es intocable. Y que tiene que aumentar cada año, en opinión de la mayoría, aunque yo he tenido que reducirlos todos, incluida la policía. He eliminado 5.000 puestos de policía en los últimos 10 años y la ciudad está más segura que nunca. Es decir, gastamos menos dinero en estas cosas, pero debemos encontrar maneras de hacerlo con menos aún, y la respuesta que tienen siempre los gobiernos es dedicar más dinero al problema. Pero existen dos razones para no hacerlo. Si dedicamos más dinero, en primer lugar, estamos despilfarrando el dinero de los contribuyentes. Pero, sobre todo, la gente que se beneficia de ese programa que no funciona sale perdiendo. Cuando tenemos un programa para educar a los niños que no funciona, si invertimos más dinero en él, lo único que estamos haciendo es darles un año más con un sistema que ya sabemos que no funciona, y eso es la mayor tontería que se puede hacer. También debemos tener instituciones culturales, que es como competimos con otras ciudades, y debemos tener parques. La respuesta, por consiguiente, es: no hay que recortar nunca todo ni eliminar por completo una cosa. Hay que fijar las prioridades. Nosotros gastamos 8.500 millones de dólares cada año en nuestro departamento de policía, 22.000 millones de dólares en nuestro sistema de enseñanza pública. No sé lo que gastamos en asuntos culturales, pero unos 200 millones, probablemente. Tenemos que escoger, pero la mayoría de las cosas que hace el ayuntamiento de Nueva York son las cosas que la gente quiere y necesita. A mí me toca la responsabilidad de decir no. Eso es el liderazgo.

P. Política o empresa: ¿cuál será la próxima aventura de Michael Bloomberg?

R. No tengo ni idea, de verdad que no lo he pensado. No trabajo para ningún jefe desde hace 35 años, así que no podría hacerlo ahora, es poco probable. He tenido el mejor cargo oficial que se puede tener, no creo que haya ningún otro cargo de gobierno que me apetezca ocupar, o quizás no conseguiría que me escogieran, porque siempre hay alguien a quien no le gusta mi política en materia de armas, el aborto, los derechos de los homosexuales. ¿Filantropía? Me gusta crear grandes estrategias pero después... Bill Gates es buen amigo mío, trabaja en cuestiones del sida y se ha leído todo lo que se ha escrito sobre el sida. Yo le digo que deberíamos ocuparnos de eso, él es un experto en el tema, que se encargue él y yo le doy dinero. No sé, no sé cómo responder la pregunta. Me iré a descansar unas semanas, llevo 11 años sin vacaciones. Me gustaría recorrer la costa italiana, creo que podría hacerlo durante dos semanas, pero después no sé qué haré. No voy a dar clase, no voy a ser asesor de nadie, no voy a dedicarme a las inversiones: no me va ese tipo de actividades. Yo hago cosas.

P. ¿No ha tenido demasiado éxito en la política para renunciar ahora?

R. Mire, a nadie le caen bien los viejos ricos. El 1 de enero de 2014, cuando expire mi mandato, puedo pronunciar un discurso sobre cómo curar el cáncer, y nadie irá a escucharme. Hay que comprender que uno deja de controlar el escenario, que ya no va a tener el acceso a la prensa que tiene ahora. Es el paso al mundo real, y a algunas personas les cuesta hacer esa transición. A mí no me resultará difícil, porque haré lo mismo que hice cinco minutos después de que me despidieran de Salomon Brothers: tomé la decisión consciente de no volver a pensar en ello. No volver a pensarlo. Esas personas que no dejan de fustigarse: debería haber hecho esto, tendría que, podría. ¿De qué sirve? Creo que mañana será mejor que hoy, no sé qué traerá, pero hay que tener una vida muy mala para no asumir esa filosofía. Ya veremos qué ocurre. Si pudiera aprender a hablar español, mi italiano es un poco mejor, si pudiera aprender a jugar al golf como un profesional, después no sé qué haría. Si pudiera hacer eso en dos semanas, después tendría el mismo problema. Pero no creo que corra ese peligro. ¡Buena suerte!

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