Radoslaw Sikorski, en Madrid en 2011. / LUIS SEVILLANO

Pregunta. En enero, en una entrevista concedida a nuestros periódicos la canciller Angela Merkel decía que a ella la Unión Europea le recuerda una orquesta que últimamente está tocando música bastante moderna. Y usted, ¿con qué la relaciona?

Respuesta. La orquesta europea puede en ocasiones desafinar, pero siempre es mejor una música así que andar a la gresca. Yo, a la Unión Europea, la relaciono más bien con la paz y la estabilidad. Dicho sea de paso, estamos hablando el día en que se le ha concedido a la Unión Europea el Premio Nobel de la Paz. Es una decisión que llega muy a tiempo: el Comité del Nobel nos ha recordado cuáles son los fundamentos de nuestra actividad y nuestra mayor ventaja. Hoy andamos regateando con el dinero, pero recordemos que, sin la UE, no se habría llevado a cabo la reconciliación entre Francia y Alemania. Fue la UE la que contribuyó a la reconciliación polaco-alemana definitiva.

P. Por Europa circulan otras comparaciones: con un coche que apenas tira y algunas de cuyas piezas traquetean tanto que se pueden caer.

Hay que ampliar el significado del concepto de solidaridad. En Occidente la gente lo relaciona con la transferencia de dinero a los que son más pobres

R. En la UE ha faltado disciplina. Hemos alcanzado el límite del método de control suave de las limitaciones aceptadas. El Pacto de Estabilidad y Crecimiento [que obliga a los países de la zona euro a mantener el equilibrio presupuestario - Nota de la Redacción] preveía multas para aquellos que no lo mantuvieran, pero nadie ha aplicado dichas multas. Por eso aceptamos el llamado “paquete de seis medidas” [paquete de directrices y disposiciones que están orientadas a reforzar el control de las finanzas de los Gobiernos de la zona euro. El paquete fue aceptado durante la presidencia de Polonia de la UE el año pasado – Nota de la redacción], y vamos a aceptar el paquete fiscal porque vemos a qué tipo de problemas lleva la falta de escrupulosidad. La UE debe ser más efectiva en lo que a política exterior se refiere. Anunciamos una serie de estrategias, y luego algunos de los Estados miembros llevan a cabo con otros socios una política propia. Pero allí donde actuamos conjuntamente, los resultados son buenos para todos. Basta con mirar los temas comerciales en los que hemos transferido soberanía y competitividad, o el mercado común, en el que la Comisión Europea tiene fuertes competencias.

P. Lo de la disciplina está muy bien, pero los ciudadanos de la UE están dejando de creer en una Europa unida. La mayor parte de los alemanes considera que sin la Unión Europea vivirían mejor.

La capital de la UE siempre está demasiado lejos. Si fueran a Texas, también oirían decir que Washington está lejos

R. Eso es en parte culpa de los medios de comunicación, que son cada vez más sensacionalistas y que explican cada vez menos los complejos procesos, y en parte es culpa de los políticos europeos: en Bruselas se comportan de modo responsable, son capaces de tomar decisiones europeas de verdad pensando en el bien común, pero cuando vuelven a su país hablan con los ciudadanos exclusivamente en función de los intereses nacionales.

P. ¿Por qué los políticos de tantos países de la UE esgrimen con tantas ganas una retórica anti Unión Europea?

R. Porque esa retórica engancha, igual que pasa con los estereotipos nacionales. Si no explicamos a la gente qué beneficios obtienen de la política europea, va a seguir pensando exclusivamente en lo suyo. El año pasado, en la Sociedad Alemana de Política Exterior en Berlín, apelé por la creación de programas europeos de construcción de conciencia política. Porque no va a ocurrir espontáneamente, sobre todo teniendo en cuenta las barreras lingüísticas que tenemos en la UE. Hay que ampliar el significado del concepto de solidaridad. En Occidente la gente lo relaciona con la transferencia de dinero a los que son más pobres. Yo preferiría hablar de que con la solidaridad todos salimos ganando: toda la Unión Europea y sus miembros, los que son más ricos y los que son más pobres; de que en muchos asuntos tenemos en Europa una conexión de intereses comunes. Hay que convencer a los ciudadanos de esta gran verdad.

P. Pero un francés tiene que soportar a un gitano rumano que pide limosna y roba...

R. No generalice, por favor. Por otra parte, recordamos los ardientes llamamientos de los políticos de Europa occidental para que se trate de manera adecuada a los gitanos de Europa del Este. Ahora tienen la oportunidad de hacerlo en su propio país.

P. El Grupo de Reflexión sobre el Futuro de la UE ha terminado últimamente su trabajo (lo componen los jefes de la diplomacia de Polonia, Alemania, Francia, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Holanda, Luxemburgo, Portugal e Italia, con el objetivo de buscar modos de reforzar Europa y evitar nuevas crisis). Una de sus recomendaciones fue la concesión de mayores poderes y mayor legitimidad democrática a las instituciones de la UE. El problema es que a los europeos quizás les importa poco influir en la política de la Unión. La afluencia a las urnas de cara al Parlamento Europeo es desde hace años muy baja...

R. Es una paradoja. Cuando, hace 20 años, el Parlamento no tenía nada que decir en la UE, la gente acudía a los comicios. Hoy en día, cuando cumple un papel muy importante en la aprobación de los presupuestos, la gente acude menos. Somos de la opinión de que el interés por las elecciones sería mayor si fuera más personalizado; si se introdujeran listas generales de candidatos europeos; si se eligiera en unas elecciones generales al presidente; si el Parlamento tuviera una mayor influencia en la composición de la Comisión Europea.

P. A lo mejor el problema está no en la democratización y en el mecanismo de las elecciones, sino en el hecho de que para muchas personas Bruselas les pilla demasiado lejos.

R. La capital de la UE siempre está demasiado lejos. Si fueran a Texas, también oirían decir que Washington está lejos, que no les hace caso y que tiene una actitud muy negativa. Hay que vivir con ello.

P. No estábamos pensando en la distancia física, sino en la burocracia de la Unión, sobre la que circulan leyendas en toda Europa.

R. La burocracia de Bruselas es de 32.000 funcionarios. En Grecia, el Estado mantiene a 760.000 funcionarios, en España a 3 millones. En Gran Bretaña, la oficina de aduanas sola da trabajo a 82.000 personas. Así que para ser una burocracia que trabaja para todo el continente, no me parece una cifra exagerada.

Si nos vemos obligados a seguir con el método de la ONU, en el que todos tienen que estar de acuerdo en todo, entonces vamos a tener dirigentes como en la ONU

P. Pero ¿de qué democracia estamos hablando? El presidente checo Vaclav Klaus dice que no hay democracia sin demos, sin gente, sin nación. Y no hay una nación europea. Hay una nación polaca, una alemana, una francesa, una checa...

R. El presidente Klaus y otros euroescépticos hacen un buen diagnóstico; todavía no hay un demos europeo. Pero se equivocan al considerarlo una situación estática. Yo recuerdo la famosa declaración del político italiano Massimo D'Azegli tras la unificación de Italia en el año 1861: “Tenemos una Italia, ahora tenemos que crear a los italianos”. Lo cual demuestra que algunos gobiernos nacionales fueron también en parte construcciones políticas. Y por supuesto, no se trata aquí de desnacionalizar a cualquiera o de imponer algo. Pero tenemos que ser conscientes de que, como polacos, alemanes, españoles o ingleses, tenemos al mismo tiempo un interés común europeo en algunas cuestiones. Y ese nivel añadido de identificación, para que sea democrático, tiene que estar sometido a debate. Pero para que el debate sea fructífero, todos los ciudadanos de la UE deberían disponer de información básica sobre sus mecanismos y su funcionamiento.

P. Pero tampoco hay debate auropeo. También se desarrolla en el plano nacional.

R. Depende de en qué ámbito. En lo que se refiere a economía y finanzas, el Financial Times es el periódico europeo. Tenemos la cadena de televisión Euronews, aunque lamento mucho que no tengamos un equipo polaco de redacción en la misma. En cuanto a cuestiones técnicas y europeas, todos leemos el portal EUObserver. Tenemos partidos políticos europeos. Deberían ser más visibles y precisamente por eso el Grupo de Reflexión propone la introducción de listas electorales europeas.

P. ¿Ve usted a Europa en el futuro como otros Estados Unidos?

R. La Unión Europea será única en su género. No recurro al término “federalismo”, porque muchas personas lo relacionan con una transferencia irreversible de la soberanía a un nivel común, algo que casi nadie quiere. Prefiero hablar de una unión política irreversible, con las condiciones que consigamos negociar.

P. El Grupo de Reflexión propone la elección directa del jefe de la Comisión Europea. Pero resulta difícil creer que los países vayan a renunciar fácilmente a influir en la elección de ese cargo. Hasta ahora el jefe de la comisión se elegía mediante negociaciones en los pasillos...

R. Ese método es, sobre todo, muy poco trasparente. Si los europeos quieren tener dirigentes como es debido, es necesario un mecanismo que los haga salir a la luz y en el que tengan oportunidades las personas excepcionales. Y si nos vemos obligados a seguir con el método de la ONU, en el que todos tienen que estar de acuerdo en todo, entonces vamos a tener dirigentes como en la ONU.

P. Otra propuesta del Grupo: que el presidente de la Comisión determine él solo su composición. De manera que los Estados perderían su influencia también sobre los comisarios...

R. Los Estados miembros conservan el derecho a nombrar su comisarios. Pero proponemos que su presidente nombre para las diferentes carteras a personas designadas por los Estados miembros de acuerdo con su experiencia y capacidades. Los comisarios, divididos en “mayores” y “jóvenes”, colaborarían en grupos temáticos.

P. Además, el Grupo quiere que en el Consejo de la UE se tomen las decisiones por mayoría y no por unanimidad.

R. Eso lo hemos aceptado ya en muchas áreas, pero no lo aplicamos. Nuestro problema es precisamente que muchas decisiones del tratado de Lisboa no han entrado en vigor. Según el tratado, ya el año pasado tenía que haber empezado una colaboración más estrecha en materia de defensa, otro pilar de la integración europea. Pero nadie protesta porque no se haya puesto en marcha. Ignorar así los tratados nos conduce al tipo de problemas que tenemos con el euro.

Las 150 libras que el habitante medio de las islas paga por la Unión Europea es una auténtica ganga en comparación con los beneficios

P. El Grupo de Reflexión ha dedicado bastante espacio a la moneda común. El problema es que Polonia aún no ha entrado en la eurozona. Y no se sabe cuándo ocurrirá...

R. Nuestro Gobierno, incluso en época de crisis, hace todo lo necesario para entrar en la eurozona. De aquí a final de año vamos a ratificar el pacto fiscal, aunque continuamos rectificando la norma en cuanto a impuestos, lo cual hará que antes del final de esta legislatura parlamentaria cumplamos los criterios económicos. El siguiente Gobierno podrá valorar de manera racional si la eurozona ya está lo suficientemente en buena situación como para que Polonia pueda acoger la moneda común de manera segura y beneficiosa para ambas partes.

P. Está comenzando la lucha por los próximos presupuestos europeos. Los británicos ya han anunciado que hay que recortarlos radicalmente. Entonces, ¿cómo es posible hablar de solidaridad e intereses comunes?

R. Polonia es uno de los mayores pagadores que tienen que poner más por culpa del descuento con el que cuentan los británicos [la exención para Gran Bretaña de parte de las aportaciones a la UE negociada por Margaret Thatcher, un descuento por el que tienen que aportar más otros países – Nota de la redacción]. En cambio, Gran Bretaña ha anunciado que vetará las propuestas de la Comisión en lo relativo a los nuevos presupuestos, aunque se presentan ya con recortes. Un presupuesto abundante y los fondos de cohesión, con los que se financia la construcción de infraestructuras, es un modo eficaz de estimular el crecimiento económico. Todos se benefician de ello, porque las autopistas o la red de Internet de los fondos de la Unión las construyen empresas de distintos países de la UE.

P. ¿Y qué ocurrirá si los británicos se presentan dispuestos a todo con el tema de los presupuestos?

R. Entonces la orquesta europea tocará música rap. Últimamente intenté convencer a los británicos en Oxford de lo mucho que se benefician de la UE. Las 150 libras que el habitante medio de las islas paga por la Unión Europea es una auténtica ganga en comparación con los beneficios. Hay que recordar que Polonia apoya la propuesta de presupuestos que presentó la Comisión. Y no somos los únicos, la mayoría de los gobiernos de la UE son del mismo parecer.

P. Hace un año, en Berlín, usted decía que temía más la inactividad alemana que su dominación. Pero pese a ello, no disminuye en Europa el miedo al poder y al dictado de Berlín...

R. Creo que se trata más bien de que Alemania no quiere entregar su tarjeta de crédito. La potencia alemana sería aceptable para muchos si fuera acompañada de dinero sin condiciones. Por supuesto, existe la cuestión de los límites de presión a aquellos países que han retrasado durante décadas las reformas necesarias. La presión por parte de Berlín para el ahorro y las reformas es comprensible, pero si llega a ser demasiado grande, va a ahogar el crecimiento económico, lo cual impedirá a esos países salir de la deuda. Ahí precisamente es donde se han cometido graves errores. Por ejemplo, en los primeros paquetes de ayuda para Grecia, se obligó a recortes muy fuertes a cambio de créditos con un interés muy alto. Y debería haber sido crédito preferente. Corregir esos errores le va a costar bastante a Europa.

P. En el informe del Grupo de Reflexión no he encontrado la palabra ampliación...

R. La ampliación de Europa continúa. Precisamente Croacia va a entrar en la UE. Serbia ha recibido el estatus de candidato. La canciller Angela Merkel ha estado últimamente en Moldavia y elogió a sus dirigentes por su actitud pro-europea. Estamos animando a Georgia para que refuerce su democracia y las últimas elecciones han sido una buena señal. Mantenemos conversaciones con los ucranios para que creen las condiciones de ratificación del tratado de asociación con la UE. No hay ninguna duda de que Polonia está a favor de la ampliación. Además, en la justificación por la concesión del Premio Nobel a la UE, se afirma que, gracias a la ampliación de la Unión Europea, se ha ampliado la esfera de la paz en Europa. Un veredicto así lo han dado los noruegos, es decir, personas de fuera de la UE, así que algo de eso tiene que haber.

Traducción de News Clips.

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