REPORTAJE

La institutriz visita al buen alumno

La canciller participa en un acto con empresarios y dará una rueda de prensa antes de volver a Berlín

Un grafiti en una calle de Lisboa que muestra a la canciller alemana Angela Merkel controlando como títeres al primer ministro y ministro de exteriores de Portugal. / PATRICIA DE MELO MOREIRA (AFP)

Pocas visitas podrían suscitar este lunes más morbo, sorpresa, indignación y expectación en Lisboa que la de Angela Merkel, que llega mañana a la capital lusa. Estará cinco horas meteóricas, se entrevistará con el primer ministro, Pedro Passos Coelho, con el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, participará en un acto con empresarios, dará una rueda de prensa con cuatro preguntas (dos para ella) y volverá luego a montarse en el avión de vuelta. Entremedias soportará varias manifestaciones en su contra, una con una pancarta explícita: “Merkel no manda aquí”. Y varias asociaciones ciudadanas han pedido a los lisboetas que ese día vistan de negro en señal de luto y que cuelguen en sus ventanas cintas negras para dejar patente el rechazo a la visita de quien consideran culpable de la política de austeridad y recortes que ahoga al país desde hace un año y medio.

La seguridad va a ser ingente. Más de 500 policías vigilarán en la calle el desarrollo de la visita. El espacio aéreo se cerrará en el momento del aterrizaje del avión de Merkel, a las 12.30, y volverá a cerrarse cinco horas después, cuando parta. El organismo oficial Observatório de Segurança, Criminalidade Organizada e Terrorismo (OSCOT), consideró hace unos días como de “bastante probable” que la protesta degenere en “violencia”. Y añadía que no es nada descartable la hipótesis de un atentado. Es cierto que desde hace un mes, las protestas suelen terminar en frente de la Asamblea de la República con lanzamientos de botellas, contenedores quemados y encontronazos con la policía. También lo es que en todas estas protestas hubo manifestantes que esgrimieron carteles contra Angela Merkel.

Sabemos que no viene aquí para oírnos, pero nuestro deporte favorito por estos días es enviarle mensajes

La misma canciller ha sido objeto de reportajes, informes, artículos y crónicas en todos los medios portugueses, muy interesados en la visita, y casi todos aludiendo a lo mismo: la ojeriza creciente de todo lo alemán en Portugal. Dos ejemplos: el semanario Sábado titulaba hace unos días su principal reportaje Ángela Merkel, visita Lisboa como la mujer que todos odian y que manda en Portugal. El semanario Visão, por su parte, era más escueto: Merkel en Portugal. Por qué nos gusta odiar a los alemanes.

En el plano político, Merkel llega en un momento delicado para el primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho. El conservador Passos se la ha jugado a una carta desde que ganó las elecciones, en junio de 2011, la de convertirse en el alumno ejemplar europeo, aceptando sin chistar y a costa de grandes sacrificios las imposiciones de la troika y de Alemania. Por eso, todo apunta a que Merkel alabará la estrategia del primer ministro portugués asegurando que la austeridad es la única vía posible para salir de la crisis. Después, Merkel se irá y Passos Coelho se quedará con las cifras que no cuadran (la economía recula este año un 3% y el paro escala hasta más allá de un 16%), la protesta que sube (el miércoles hay convocada una huelga general en Portugal coincidiendo con la española), un debate peliagudo en el Parlamento (la aprobación del presupuesto más restrictivo de la historia reciente de Portugal) y una decisión política de calado: el reciente anuncio de una futura aunque aún inconcreta “refundación del Estado” que acarreará un ahorro de 4.000 millones de euros más y al que la oposición ya se ha opuesto.

Varias asociaciones ciudadanas han pedido a los lisboetas que ese día vistan de negro en señal de luto

Varias asociaciones cívicas han aprovechado la visita de Merkel para escribir cartas abiertas al personaje odiado del momento. En alguna de ellas se le acusa de solo hablar con quien concuerda con sus ideas; en otra, firmada por un centenar de intelectuales y artistas portugueses, se le recuerda que en Portugal no se le ha votado nunca. Passos Coelho y sus ministros han recordado durante toda esta semana que la austeridad no es imposición de Merkel sino consecuencia de un conjunto de políticas erradas del pasado.

Sea como fuera, hay una verdadera fiebre-Merkel en Lisboa. Lo recordaba este domingo el director de la emisora de la cadena de radio TSF, Paulo Baldaia, en una columna titulada en el Jornal de Notícias, Exma. Senhora Merkel, en la que aseguraba: “Sabemos que no viene aquí para oírnos, pero nuestro deporte favorito por estos días es enviarle mensajes”. Y añadía: “Por aquí existe un amplio consenso sobre la necesidad de corregir nuestras cuentas [...], pero no nos gusta ser víctimas de la usura o cobayas de experimentos condenados al fracaso”.

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