Un empresario canario busca a su hijo secuestrado hace nueve meses en México

El padre ya ha pagado un rescate pero los raptores no han devuelto al rehén

Dos días después de la desaparición los criminales enviaron a la familia una oreja cercenada

Foto de José Luis Crespo Llabres cedida por su familia.

El empresario canario José Luis Crespo de las Casas lleva 33 años trabajando en México. Los últimos nueve meses los ha pasado sufriendo. En febrero secuestraron a su hijo José Luis y hasta ahora solo han tenido dos pistas de él: su oreja derecha, que los criminales enviaron a casa de la familia dos días después del secuestro, y una grabación en la que el rehén, de 36 años, repite: "Papá paga. Papá paga".

Crespo, de 62 años, ha decidido contarle su problema a los medios de comunicación. Hasta ahora no ha habido resultados en las dos investigaciones que hay abiertas, una de la policía de Nayarit, el estado de la costa del Pacífico donde tiene su empresa y donde ha ocurrido el secuestro, y otra de la Procuraduría General de la República, la fiscalía central de México.

El 4 de febrero a las ocho de la mañana seis encapuchados armados con ametralladoras y con pistolas secuestraron en su domicilio particular a José Luis Crespo Llabres cuando abrió el portón del garaje para lavar sus camionetas. Según cuenta su padre, los delincuentes obligaron a su hijo a entrar en una furgoneta que llevaba placas falsas.

A las cuatro horas recibieron la primera llamada de los raptores. "Me habló uno como muy campesino, muy mago, como decimos en Canarias", explica Crespo por teléfono. "Me dijo que querían ocho millones de pesos [cerca de 500.000 euros] por mi hijo. Me trataba de usted". Él les dijo que no tenía tanto dinero. Al día siguiente lo llamó otro preguntándole con cuánto les podría "ayudar". A Crespo no le pareció gente seria. Sin embargo, un día después recibió la llamada de otro hombre que sí le impresionó. "Parecía un catedrático. Era educado, me hablaba con propiedad. Me trataba de tú. Le ofrecí 520.000 pesos [30.000 euros]". El extorsionador le dijo que no era suficiente y le indicó que en ese mismo momento fuese a la puerta de su casa a buscar un paquete que le habían dejado.

Hay dos investigaciones abiertas, pero por ahora ninguna ha dado pistas del destino de José Luis

José Luis Crespo de las Casas fue a la puerta y se encontró una bolsa de supermercado ensangrentada. Dentro estaba la oreja derecha de su hijo. Comprobaron que era suya con una prueba de ADN.

El fiscal de Nayarit le recomendó entonces a Crespo que le ofreciera 20.000 pesos más a los criminales. Unos 1.000 euros a mayores. Él lo hizo, los secuestradores aceptaron la oferta y lo citaron con los billetes en una capilla de una carretera comarcal. Un hombre de confianza de Crespo fue a ese lugar, dejó el dinero dentro de la capilla y se volvió. Una hora más tarde el padre recibió otra llamada en la que le ordenaron que fuese a recoger a su hijo a un pueblecito de la zona. Crespo llegó al lugar, estuvo tres horas esperando y no apareció nadie.

"Yo cumplí con todo", dice Crespo nueve meses después de que los delincuentes se quedasen con su dinero. Desde entonces, no han vuelto a ponerse en contacto con él, y las investigaciones policiales aún no han dado resultados. La familia ha encontrado testimonios de personas que supuestamente han visto con vida a José Luis Crespo Llabres. "Dicen que le falta la oreja", explica su padre, que habla mucho, intentando resumir en una conversación telefónica nueve meses de datos, hipótesis y sufrimiento. Él ha tenido una depresión. Su esposa ha tenido un infarto cardiaco y otro cerebral después del secuestro de su hijo. La mitad del cuerpo se le ha quedado paralizada.

– Ya ves, chico, es muy jodido el problema este, dice Crespo.

El empresario, nacido en Santa Cruz de Tenerife, se dedica a vender fertilizantes. Su hijo José Luis trabajaba con él en la empresa. "Es un tipo muy sociable, con buena presencia y tiene dos maestrías, una en pienso y otra en vinos. Es un hombre culto, de categoría, con don de palabra". A falta de pistas que rebajen su desesperación el padre especula con la posibilidad de que los criminales estén aprovechando el talento de su hijo para sus negocios. "Puede ser que lo tengan fertilizando marihuana".

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