Francia combate en solitario en Malí

El Consejo de Seguridad de la ONU respalda la intervención de París

EE UU y los socios europeos solo ofrecen ayuda logística pese a las consecuencias que tendría para Europa la toma de Bamako por Al Qaeda

Un soldado vigila la torre Eiffel en París, resguardada por las amenazas de los grupos terroristas contra objetivos franceses. / JOEL SAGET (AFP)

De todas las guerras libradas contra el terrorismo desde finales del siglo pasado no hay ninguna que concierna tanto a Europa, al sur de ese continente, como la que Francia lanzó el viernes en Malí. Pero en esa ofensiva para parar el avance de la rama magrebí de Al Qaeda (AQMI) y sus acólitos en Malí, Francia está sola combatiendo sobre el terreno y, en el mejor de los casos, contará en unas semanas con el apoyo de Ejércitos africanos poco entrenados y bastante mal equipados.

“Los europeos, y no solo los franceses, tenemos con África una estrecha relación cultural, histórica, de la que carecemos con Afganistán”, recuerda Mathieu Guidère, profesor de estudios estratégicos de la Universidad de Toulouse (Francia).

Bamako, la capital de Malí, está, por ejemplo, a 1.887 kilómetros de Las Palmas, una distancia ocho veces inferior a la que separa Madrid de Kabul. Malí es el único país en el que hubo, desde 2009, cinco rehenes españoles, liberados tras el pago de cuantiosos rescates. No hay un grupo terrorista que tanto haya amenazado a España como AQMI.

“Y, sin embargo, Francia está sola”, se lamenta Guidère, autor del libro Al Qaeda a la conquista del Magreb (París, 2007). “Hoy en día es el único país que combate abiertamente el terrorismo y por eso corre el riesgo de pagar un alto precio”, añade preocupado. Alude a los zarpazos del terrorismo islamista que golpeó en el corazón de París en 1986 y 1995.

Aunque la clase política francesa ha sido casi unánime en su apoyo a la guerra emprendida el viernes por el presidente François Hollande, también se interroga inquieta sobre la soledad de Francia. “¿Quién, entre nuestros aliados, irá [a Malí] con nosotros?”, se preguntaba el diputado francés de la oposición Laurent Wauquiez. “Francia no debe arriesgarse en solitario”, advertía.

Rara vez una operación militar antiterrorista ha contado con tanto consenso internacional, pero con tan pocos apoyos concretos. Hasta Rusia y China, tan reacias a la intervención en Libia y opuestas a actuar en Siria, respaldaron ayer —Pekín con algunos matices— el envío del contingente francés a Malí. También el Consejo de Seguridad de la ONU, que se ha reunido este lunes para tratar el conflicto, ha respaldado la ofensiva la francesa. "Francia tiene la comprensión y el apoyo de todos los miembros", ha dicho tras la cita el embajador francés ante Naciones Unidas, Gerard Araud.

El miércoles por la mañana, el ministro francés de Relaciones con el Parlamento, Alain Vidalies, fue más explícito: "No se puede decir que Francia está sola", pero "hay ausencias que son un poco lamentables, se puede decir que hemos visto en Europa una movilización mínima".

Francia no cursó ninguna solicitud de ayuda a la OTAN, pero sí lo hizo a sus socios europeos

La OTAN subrayó que se sentía “muy orgullosa” de que Francia haya decidido parar el avance del yihadismo, pero descartó involucrarse en el conflicto. “Es una operación nacional”, recordó en la sede de la OTAN el general Jean-Paul Paloméros, encargado de la transformación de la Alianza Atlántica. París no le había pedido apoyo, pero sí lo hizo, la semana pasada, Thomas Boni Yayi, presidente de la Unión Africana.

La Unión Europea anunció, por su parte, a mediados del año pasado, el envío a Malí de una misión (European Training Mission in Mali, ETMM), de 250 instructores y 300 militares de apoyo, de los que la mitad serán franceses.

La tarea de este contingente consistirá en preparar al maltrecho Ejército maliense, vapuleado por los islamistas en marzo, para reconquistar la franja norte semidesértica del país (830.000 kilómetros cuadrados) de la que fue expulsado.

De todos los Ejércitos de Europa continental, el alemán es el más poderoso, junto con el francés

El desembarco de los instructores de ocho países de la UE estaba previsto para principios de la primavera, pero ayer se anunció en Bruselas que se adelantaba a fin de mes o principios de febrero. “(...) la situación es clara: la ETMM no ha empezado aún”, se lamenta el bloguero francés Jean Guisel, especializado en temas militares.

Curiosamente, la UE sí ha lanzado una iniciativa similar, aunque algo más modesta, en Níger. La misión cuenta con unos 80 hombres que dirige desde julio el coronel Francisco Espinosa Navas de la Guardia Civil.

Si la comunidad internacional y, más concretamente, la UE, que ha querido ser protagonista en el Sahel, hubiesen puesto en marcha la reconstrucción del Ejército maliense tras la conquista del norte por los islamistas, “Francia no se habría visto obligada a actuar sola y con precipitación”, explica un embajador africano acreditado en Bamako.

El temor a que las columnas armadas islamistas, que habían cruzado la línea de demarcación norte-sur, pudiesen llegar a Bamako sin encontrar resistencia, incitó al presidente Hollande a tomar, el jueves, la decisión de intervenir. La estabilidad de las excolonias francesas del Sahel estaba en juego.

Francia no cursó ninguna solicitud de ayuda a la OTAN, pero sí lo hizo a sus socios europeos y transatlánticos. Los primeros en responder fueron los británicos, que le brindaron dos aviones de transporte C-17.

Los siguientes fueron los nortamericanos, que ofrecen sobre todo inteligencia gracias a la información cosechada por sus satélites y a sus aviones no tripulados que cuentan con bases en Burkina Faso y Mauritania.

Una retahíla de potencias europeas (Dinamarca, Bélgica, etcétera) y Canadá se animaron también ayer a proponer apoyo logístico, generalmente transporte aéreo, a Francia, pero ninguno se mostró dispuesto a bajar al terreno para luchar junto a los franceses.

De todos los Ejércitos de Europa continental, el alemán es el más poderoso, junto con el francés, pero su ofrecimiento a Francia fue más bien modesto: médico, humanitario y logístico.

Al menos en esta ocasión Alemania no ha dado la espalda a la intervención en el norte de África como lo hizo en 2011 cuando la OTAN, con Francia y el Reino Unido a la cabeza, decidió apoyar a los rebeldes libios a los que el coronel Gadafi amenazaba con aplastar.

Aunque Ejércitos africanos e instructores europeos se pongan ya manos a la obra en Malí difícilmente podrán adelantar la reconquista del norte en poder de terroristas y tuaregs radicales. Deseada para marzo, es probable que la ofensiva libertadora solo empiece en el mes de septiembre.

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