Bruselas veta un cambio de Tratado ante la deriva euroescéptica de Londres

“Hay mucha confusión al otro lado del Canal”, dice el líder liberal en la Eurocámara

Un ciudadano pasea junto a la Comisión Europea en Bruselas. / BLOOMBERG

David Cameron es lo suficientemente ambiguo como para que nadie en Bruselas, ni en Berlín o París, sepa a ciencia cierta si es partidario de seguir dentro o si verdaderamente habla en serio sobre la posibilidad de que su país se marche de la Unión. El péndulo británico, en plena crisis existencial europea, gira ahora del lado de los euroescépticos. Pero eso ya no provoca la angustia de antaño al otro lado del Canal: los socios europeos empiezan a ver con cierta fatiga, con una mezcla de indiferencia y fatalismo, el interminable debate sobre el futuro de Reino Unido en la UE. Y en el peor de los casos, Bruselas cree que Londres tiene mucho que perder: el riesgo de terminar quedándose aislado en exceso acabará disuadiendo a Cameron en esa aventura, sostienen las fuentes consultadas.

La Comisión y el Consejo vetaron hace unos días la posibilidad de reabrir los Tratados para satisfacer las exigencias de Cameron, que ha dado claras señales de que Reino Unido se encamina de forma imparable hacia un referéndum sobre su permanencia en la UE, o al menos sobre su estatus dentro de la Unión. A pesar de la pólvora gastada, no se esperan cañonazos en Holanda: Bruselas cree que Cameron hará solo vagas promesas en el esperado discurso del viernes, con un calendario lo suficientemente cómodo, que fuentes británicas sitúan en torno a 2018, como para que el citado referéndum no levante ampollas en el continente.

En las instituciones europeas se presume que Cameron desarrollará sus ideas relativas a renacionalizar algunas políticas que ahora están en manos de Bruselas, en ámbitos como la inmigración, la legislación de empleo o, en general, ciertos asuntos jurídicos. Lo paradójico es que, grosso modo, Cameron coincide en esa renacionalización de algunas políticas con algunos europeístas convencidos, como Felipe González (Mi idea de Europa).

Bruselas ha conseguido dejar sin efecto el ya tradicional veto de Londres a cualquier medida que suponga una mayor integración del euro o una amenaza para su City financiera: la regla de la unanimidad ha perdido repentinamente eficacia en favor de las mayorías reforzadas. El pacto fiscal o la tasa de transacciones financieras son claros ejemplos de esa revolución: Londres avanza a la deriva en el mar de la irrelevancia europea. “Reino Unido se está desplazando hacia los márgenes de la Unión”, indican fuentes diplomáticas. “Su influencia nunca ha sido menor. Su actitud negativa hacia la integración europea, los ramalazos eurofóbicos y su incapacidad para granjearse aliados le han convertido en un país aislado, pese al reciente apoyo de la canciller Angela Merkel”, sostienen las mismas fuentes.

Cameron llevaba meses aplazando ese discurso, ante la dificultad de encontrar un equilibrio entre las tendencias crecientemente eurofóbicas en su propio partido (y en general en Reino Unido) y las sonoras advertencias de sus socios europeos, de EE UU e incluso de la patronal británica y la City. Las últimas algaradas contra Cameron salieron ayer del Parlamento Europeo. El líder de los liberales, Guy Verhofstadt, aseguró que en estos momentos “hay una enorme confusión al otro lado del Canal de La Mancha”. “No se pueden entender algunas estupideces en un país en el que más del 50% de sus exportaciones van hacia Europa. No va a haber una UE a la carta para Londres. Eso han sabido verlo hasta sus amigos estadounidenses”, dijo. A esas críticas se unió el canciller austríaco, Werner Faymann, que le reprochó a Cameron falta de claridad: “Con mentiras y medias verdades y sin dejar claro su posición no va a ir lejos”.

Bruselas ve al premier británico como un líder vehementemente euroescéptico y representante de la ortodoxia Estado-nación. Otros le tienen como un modernizador liberal al que el proyecto europeo le resulta ligeramente anticuado. Nadie olvida que consiguió ser elegido en su partido haciendo promesas al ala más euroescéptica. Pero a la vez nadie en Bruselas pensaba que iba a tensar la cuerda hasta el punto de colocar la permanencia de Reino Unido en la UE en el centro del debate. Al final, lo más probable es que Cameron elija una fecha lo suficientemente lejana para el referéndum de marras, a sabiendas de que para entonces la UE habrá cambiado radicalmente. Dicen que Jean-Paul Sartre afirmaba que no decidir también es decidir: desde 1975, nadie en Reino Unido ha planteado con honestidad la cuestión europea. Y, en fin, tampoco es seguro que eso vaya a suceder esta vez.

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