Tombuctú recibe con júbilo al ‘libertador’ François Hollande

“Hoy pagamos la deuda que tenemos con ustedes”, dice el presidente francés en Malí

El presidente francés, François Hollande, ha visitado hoy Malí, y ha sido recibido como un libertador por miles de jubilosos habitantes de Bamako y Tombuctú. El jefe del Estado francés, que ha definido la jornada como “el día más importante” de su vida política, viajó con tres ministros del Gobierno desde París hasta la mítica ciudad de los 333 santos, recuperada hace una semana por el Ejército francés tras diez meses de ocupación por parte de grupos yihadistas y rebeldes tuareg. Más tarde, en Bamako, Hollande ha dado un breve discurso ante una multitud entregada y ha afirmado: “Hoy pagamos la deuda que teníamos con ustedes. Su país va a conocer una nueva independencia, la victoria sobre el terrorismo. Ahora deben tomar su destino en sus manos. Nosotros estaremos a su lado”.

Después de tres semanas de Operación Guepardo, una guerra relámpago que ha servido para devolver al desmoralizado Ejército maliense el control del centro y el norte del país, Hollande ha subrayado que el trabajo de las tropas francesas “todavía no ha terminado”, pero ha reiterado que “el objetivo” de Francia es “ceder el relevo, en unas semanas, a las fuerzas africanas”. “No tenemos intención de quedarnos en Malí”, ha dicho, “nuestros amigos africanos podrán hacer el trabajo que nosotros hemos hecho hasta ahora”.

“La justicia no es la venganza”, ha advertido también Hollande, refiriéndose sin citarlos a los desmanes y ejecuciones sumarísimas perpetrados por tropas del Ejército nacional contra los islamistas. “No se repara una injusticia con otra, toda la comunidad internacional les observa, deben vencer a los criminales pero respetando los derechos humanos. Demuestren que Malí es un ejemplo”.

Un grupo de malienses reciben al presidente François Hollande en Tombuctú. / FRED DUFOUR (EFE)

Acompañado por el presidente provisional, Dioncounda Traoré, y blindado por fuertes medidas de seguridad, la excursión africana del comandante Hollande ha empezado con un paseo por la gran explanada situada frente a la biblioteca Ahmed Baba en Tombuctú, en el barrio histórico de Sankhoré, donde los rebeldes islamistas quemaron varios cientos de manuscritos de gran valor. Tras estrechar las manos de docenas de vecinos y departir con los notables de la ciudad, uno de ellos, Khalifa Cissé, ha resumido así el agradecimiento de los malienses: “Hoy todos están contentos en Tombuctú. Hollande encarna la salvación de esta ciudad que ha sufrido una auténtica desgracia”.

El presidente francés ha recibido también un regalo poco frecuente, un camello al que saludó con una de sus bromas: “Lo usaré todo lo que pueda como medio de transporte”, ha dicho.

Al visitar los mausoleos de los santos musulmanes, algunos de los cuales fueron destruidos por los yihadistas de Ansar Dine, Hollande ha dicho que “los terroristas tenían la clara voluntad de aniquilar el patrimonio y la memoria de Malí”. A su lado, la directora general de la UNESCO, Irina Bukova, ha prometido que los santuarios serán reconstruidos.

La delegación francesa, en la que también viajaban los ministros de Exteriores, Defensa y Desarrollo, se ha desplazado luego a la capital, Bamako, donde ha vivido un segundo recibimiento triunfal en la plaza de la Independencia. Allí, Hollande ha declarado que era el día más importante de su larga carrera política —esta lejana guerra le ha hecho recuperar una parte importante de la popularidad perdida en los primeros meses de mandato—, y ha recordado a las autoridades malienses que las armas no bastarán para asegurar el futuro del país, de 16 millones de habitantes y uno de los más pobres del mundo.

Francia presiona al Gobierno local para que, antes de convocar nuevas elecciones, abra las negociaciones de paz con los tuareg moderados, refugiados en la ciudad de Kidal bajo supervisión militar francesa, y para que Bamako asuma las reivindicaciones de esta minoría que siempre se sintió marginada por la mayoría negra. Ese movimiento político permitiría aislar, y quizá incluso animaría a dejar las armas, a los tuareg radicales asociados con los yihadistas de Al Qaeda.

Hollande ha agradecido su esfuerzo a los 4.600 soldados franceses implicados en la operación iniciada el 11 de enero. Aunque París considera que la intervención ha sido un éxito, admite que se abre una fase en la que tendrá que desarmar a los islamistas escondidos de la región de Kidal, cerca de la frontera con Argelia: “El terrorismo ha sido repelido, pero no está vencido”, ha advertido Hollande.

Francia confía en que el despliegue de las fuerzas africanas autorizadas por la ONU se complete en los próximos días. De momento, la Misión Internacional de Apoyo a Malí ha enviado 1.900 soldados a Malí, donde hay también 2.100 militares de Chad y Níger. La cifra final superará los 7.000 soldados, y la ONU estudia enviar más adelante a cascos azules.

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