Cuba avanza hacia la normalidad migratoria

La reforma del Gobierno de Raúl Castro adquiere credibilidad al beneficiar tanto a disidentes como a deportistas antes considerados traidores

El pelotero José Ariel Contreras (segundo por la izquierda) rodeado de seguidores en La Habana / D. B. (REUTERS)

Aunque algunos dentro y fuera de Cuba aún dudan de la reforma migratoria, lo cierto es que ahí está y que dos semanas después de su entrada en vigor ya pueden apreciarse resultados en la isla. El jueves, el Departamento de Inmigración y Extranjería entregó el pasaporte a la bloguera disidente Yoani Sánchez tras haberle sido denegado el permiso de salida una veintena de veces en los últimos años. Sánchez planea viajar en los próximos días a Europa, América Latina y Estados Unidos, y después de la gira regresará a Cuba a continuar con su activismo opositor.

Según analistas, el cambio es significativo, pues aunque en el pasado el Gobierno de La Habana autorizó a entrar y salir de la isla a otros disidentes —como al presidente de la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez, o al líder democristiano Oswaldo Payá, fallecido el año pasado en un accidente de tráfico— por primera vez estos viajes se convierten en un derecho y en algo normal —ya se ha comunicado a opositores como Guillermo Fariñas o a Berta Soler, de las Damas de Blanco, que podrán tramitar sus pasaportes para entrar y salir libremente—. Puede parecerle poco a alguien, pero lo cierto es que se trata de un movimiento hacia adelante largamente esperado.

Además de eliminar la carta de invitación y el permiso de salida, con ciertas restricciones, la nueva ley migratoria amplía de 11 a 24 meses el plazo en que un cubano puede permanecer en el exterior sin perder sus derechos y flexibiliza la política para la entrada de los emigrados. Entre otras medidas, se permite el regreso de deportistas, médicos e incluso funcionarios que salieron del país ilegalmente o “desertaron” mientras realizaban una “misión oficial”, siempre y cuando hayan transcurrido más de ocho años. La semana pasada volvió a Cuba el jugador de béisbol José Ariel Contreras, durante una década considerado un traidor por las autoridades tras abandonar la selección nacional en México en 2002.

El pelotero, de 41 años, viajó a Cuba para a ver su madre, que está gravemente enferma, y fue recibido como un auténtico ídolo popular por la gente en su natal Pinar del Río y en La Habana. En Estados Unidos, Contreras ha jugado en cuatro equipos de las Grandes Ligas, incluidos los Yanquis de Nueva York, y se calcula que en estos diez años ha obtenido ingresos por más de 65 millones de dólares. Su llegada a la llamada “esquina caliente” en el Parque Central de la capital cubana, donde los fanáticos se reúnen a discutir de béisbol, fue todo un acontecimiento —hasta hace unos días inimaginable—. El jugador invitó a otros cubanos, famosos y no famosos, a aprovechar la reforma migratoria y regresar, dando credibilidad a una política de flexibilización que beneficia a muchos y conduce hacia la normalidad, lo que también obliga a Estados Unidos a reaccionar.

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