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Ecuador se aferra a Rafael Correa

El actual mandatario, en el poder desde 2007, es el favorito en las presidenciales de este domingo en buena parte gracias a sus políticas de subsidios y obras públicas

Simpatizantes de Rafael Correa asisten a su cierre de campaña, el jueves pasado.
Simpatizantes de Rafael Correa asisten a su cierre de campaña, el jueves pasado. AP

Carreteras, hospitales, aeropuertos como el que se va a inaugurar esta semana en Quito… En los seis años que lleva Rafael Correa al frente de la presidencia de Ecuador ha conseguido cambiarle la cara al país. En Quito se ven aún niños limpiabotas y chiquillas vendiendo periódicos, pero había muchísimos más antes de que este economista de 49 años, admirador del venezolano Hugo Chávez, llegara al poder hablando de “revolución ciudadana”.

Correa es el gran favorito de los ocho candidatos que concurren a las elecciones presidenciales en Ecuador. La mayoría de las encuestas vaticinan que obtendrá los votos suficientes como para no verse forzado a disputar una segunda vuelta en abril. También auguran que su grupo, Alianza País, conseguirá la mayoría absoluta en la Asamblea y eso le permitirá a Correa aprobar leyes tan temidas por los medios privados como la de Comunicación.

Hay grandes críticas que se podrían esgrimir contra una gestión tan exitosa: la presión y persecución judicial contra la prensa aumentó hasta el punto de que varios periodistas consultados temen aparecer con sus nombres. También aumentó el control del Gobierno sobre la justicia y los órganos electorales. La inseguridad ciudadana ha empeorado al calor de las grandes redes del narcotráfico. Y la corrupción campa a menudo con absoluta impunidad. “Correa suele presumir de que por primera vez en la historia de Ecuador un presidente puede decir qué ha hecho con el dinero del petróleo. Posiblemente no pueda explicar qué se ha hecho con todo el dinero. Pero, desde luego, la corrupción ahora no es mayor que cuando él llegó”, señala un diplomático.

Todos esos factores negativos de su gestión se vuelven insignificantes para buena parte de sus 15,4 millones de ecuatorianos si se recuerda que la pobreza ha caído un 27% desde 2006, que el desempleo a finales de año era solo del 4,1% (la cifra más baja en los últimos 25 años) y que en los primeros cinco años de Gobierno Correa invirtió 2.800 millones de euros en carreteras, casi el triple que los tres Gobiernos anteriores a lo largo de seis años.

Aún podríamos continuar con las cifras: el gasto en educación se ha duplicado respecto al Gobierno anterior; aumentó la presión fiscal de tal forma que en 2006 era solo del 12% sobre el Producto Interior Bruto (PIB) y ahora es del 19%. Correa consiguió que la gente se acostumbrara a declarar sus ingresos, a dar y pedir facturas en los comercios y restaurantes. Y, por supuesto, no faltaron las medidas más populistas. El candidato presidencial Guillermo Lasso prometió durante la campaña aumentar de 35 a 50 dólares un subsidio para pobres conocido como bono de Desarrollo Humano. Correa aprovechó la idea y lo subió él mismo. Ahora, dos millones de personas se benefician de su decisión.

Los críticos aseguran que toda esa prosperidad se debe a que ha disfrutado de unos precios del petróleo altísimos. Pero hasta publicaciones como la británica The Economist, muy crítica con las autodenominadas revoluciones socialistas del siglo XXI, le reconoce a Correa cierta “habilidad” en el manejo de esa “buena suerte”.

En Quito es fácil encontrar taxistas que regresaron de España hace poco huyendo de la crisis. Víctor Guamán Vargas, de 39 años, es uno de ellos. “Yo trabajaba en Zaragoza, en la fábrica de lavadoras de Siemens. Ganaba allí unos 960 euros al mes. Me vine hace dos años con mi mujer en cuanto me empezaron a recortar el sueldo. Con los ahorros me compré dos taxis. Y ahora gano el equivalente a unos 900 euros al mes, que en Ecuador es mucho dinero. Aquí, por unos 26.000 euros te compras una casa de cien metros cuadrados en los alrededores de Quito. Y con unos 19.000 euros te compras un taxi. Se vive bien porque ahora este país no tiene nada que ver con el que yo dejé hace unos años. Las carreteras son una belleza y es más fácil para los pobres pedir créditos”.

Sin embargo, hay gente como el escritor Iván Carvajal que se muestran muy escépticos ante los avances. “Ha sido una buena época para los empresarios y los banqueros. Pero a menudo la lucha contra la pobreza se ha limitado solo a dar subsidios, como si fueran limosnas. Yo he escuchado a amigos españoles que hablan del socialismo del siglo XXI y creen que aquí hay avances superiores al Estado de bienestar español. Y eso está muy lejos de ser así”.

En cuanto a las carreteras… “En cada trecho hay carteles que te dicen: Esta es la vía que te lleva al desarrollo. Pero ese desarrollo es más bien la devastación”, señala Carvajal. “Se ha perdido la posibilidad de seguir el rastro de la danta o tapir, un pequeño mamífero del Amazonas al que se le llama elefante americano. Pongo este ejemplo pero se podría poner cualquiera para señalar que no ha existido ninguna política seria de defensa de la biodiversidad. Se actúa con la misma irresponsabilidad desarrollista que a finales del XIX”.

El politólogo español Decio Machado trabajó como asesor de Correa entre 2007 y 2010. Ahora integra el equipo electoral del candidato Alberto Acosta, exministro de Correa. “El Gobierno habla mucho de revolución. Pero lo único que ha habido aquí es una modernización acelerada del país dentro de una lógica capitalista. Correa ha hecho lo que en su momento hizo el PSOE en España, que no es poco. Pero con el dinero que ingresó gracias al petróleo se podría haber hecho muchísimo más. Y con mayor intolerancia hacia los corruptos y más respeto por el medio ambiente y la libertad de prensa”.