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La misión inacabada de Correa

La inseguridad, el paro y la corrupción fijan los nuevos retos de Ecuador

El presidente de Ecuador y candidato a la reelección, Rafael Correa.
El presidente de Ecuador y candidato a la reelección, Rafael Correa. EFE

Ecuador marcha bien… salvo en algunas cuestiones. La prosperidad económica que Rafael Correa ha insuflado al país desde que ganó las presidenciales de 2006 es innegable. Pero ese auge en el desarrollo se ha visto lastrado por grandes problemas que el nuevo Gobierno y la nueva Asamblea tendrán que afrontar en los próximos cuatro años, tras las elecciones de este domingo. Lo que más preocupa a la población es el aumento de la delincuencia, según Ángel Polibio, director de la encuestadora Cedatos. “Después, la gente aspira a no perder su empleo, a tener suficientes recursos para enfrentar el día a día. Y en tercer lugar, preocupa la corrupción, tanto pública como privada. La gente reconoce un gran trabajo en asistencia social hacia los más desfavorecidos, de inversiones en carreteras, salud y vivienda, pero dicen que tiene que ampliarse”.

Puede resultar paradójico que la inseguridad haya aumentado al mismo tiempo que disminuía la pobreza en un 27% desde 2006. Pero lo cierto es que los ecuatorianos se han tenido que acostumbrar a crímenes hasta hace poco muy esporádicos como el secuestro exprés. “Influyó mucho el hecho de que el país adoptara el dólar como moneda oficial en el año 2000”, explica el politólogo español Decio Machado, quien fue asesor de Correa en los tres primeros años de su mandato. “El dólar facilita el lavado de dinero para las grandes redes de narcotráfico. El país se convirtió en una gran puerta de salida para la droga que llega desde Colombia y Perú. Y la policía está infiltrada por narcos”.

La mayoría de los encuestados reconoce que la oferta de empleo y los salarios mejoraron desde que llegó Correa. “Pero creen que se puede hacer mucho más en ese campo”, explica Polibio. En cuanto a la corrupción, el economista Pablo Dávalos, profesor de la Universidad Católica de Quito, cree que las enormes sumas de dinero que ha manejado el Gobierno gracias a los altos precios del petróleo, ocasionaron que este Ejecutivo —“no Correa ni alguno de sus ministros, pero sí este Gobierno”— se haya convertido en el “más corrupto de la historia reciente del país”.

“Correa cometió el error de proteger a muchos de quienes se vieron envueltos en casos de corrupción”, indica Dávalos. “Hasta la llegada de Correa, el juego político consistía en que la oposición denunciaba corruptelas y el Gobierno le iba cediendo espacios de poder a la oposición. Pero ese juego se terminó con Correa. Ante críticas absolutamente documentadas de corrupción, el presidente optó por proteger su poder y hegemonía. No permitió el más mínimo ejercicio de fiscalización. Así que muchos personajes utilizaron esa protección en beneficio propio. Se creó una idea de que era posible enriquecerse”.

Otra de las asignaturas pendientes del nuevo Gobierno y la nueva Asamblea será el respeto hacia las libertades. Durante el mandato de Correa aumentó la presión del Gobierno contra la prensa crítica. El último incidente se produjo a finales de enero, en plena campaña electoral. Bonil, el caricaturista del diario El Universo, publicó una viñeta en la que cuestionaba que la rebelión de un grupo de policías en Quito el 30 de septiembre de 2010 fuese un golpe de Estado tal como lo calificó Correa. El candidato Correa y su candidato a la vicepresidencia, Jorge Glas, enviaron una carta a El Universo en la que, amparándose en el derecho a réplica, solicitaban que se les publicara en el espacio dedicado a las caricaturas un texto en el que El Universo debía solicitar disculpas públicas por la viñeta. Y el 28 de enero de 2013, el diario publicó la carta íntegra de Correa y Glas, con sus 897 palabras.

“Una se piensa mil veces cada palabra que va a escribir, porque o bien te puede caer una denuncia millonaria por parte del presidente o bien te ridiculiza y saca tu foto en sus discursos televisados de los sábados, las famosas sabatinas”, señala una periodista del diario El Comercio.

Otra de las asignaturas pendientes será la salud. “El Gobierno ha invertido en buenos hospitales dotados con magníficos equipos. Pero faltan especialistas. Está ofreciendo incentivos para los profesionales que se fueron hace años”, indica un empresario español. En educación, sucede algo parecido. Se hizo un esfuerzo en mejorar la calidad de la primaria y secundaria pero aún queda mucho por hacer, según explica el poeta y profesor universitario Iván Carvajal. “Las diferencias entre la calidad de una escuela en una zona rural y en una ciudad son tremendas. Y en ciencia y tecnología, por ejemplo, no ha habido ninguna inversión ni proyecto que afiance la investigación”.

“Una verdadera transformación en la economía del país”, eso es lo que muchos economistas reclaman al próximo Gobierno. Medidas de fondo que consigan alejar al país de su dependencia del petróleo. Para eso hay dos vías: la agricultura y la gran minería a cielo abierto. La agricultura no estuvo nunca entre las prioridades de Correa. La minería, sí. Pero ocasionó que parte de la izquierda abandonara el Gobierno por considerar que primaba las explotaciones mineras sobre la preservación del medio ambiente. “Se ha ido a muchas aldeas ofreciendo carreteras, colegios y hospitales a cambio de que no se opongan a las extracciones mineras. Y cuando los líderes indígenas se oponían, entonces les decían: ‘Muy bien, pues nos llevamos todo esto a otra zona. Y te quedas aquí con tu biodiversidad”, concluye el politólogo Machado.