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Cónclave: elección del nuevo papa

Un papable en la sombra

Gianfranco Ravasi es un cardenal que puede acabar gustando a conservadores y liberales

Apreciado por Benedicto XVI, es el 'ministro' de Cultura del Vaticano

El cardenal Gianfranco Ravasi (izquierda) en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, en 2010.
El cardenal Gianfranco Ravasi (izquierda) en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, en 2010.

Los cardenales que en las próximas semanas entrarán en el cónclave para elegir al sucesor del papa dimisionario, Benedicto XVI, estudian con lupa las biografías de sus colegas. Uno de ellos, del que se habla poco, podría ser un papable en la sombra. Así se denomina, en el lenguaje críptico del Vaticano, a esas figuras menores que pueden surgir de repente como un candidato de consenso cuando los papables al sol, acaban enfrentados entre sí sin votos suficientes para ser elegidos.

Ese posible papable en la sombra es el italiano Gianfranco Ravasi, de 70 años, con un flamante currículum intelectual, grandes dotes de comunicador —tiene una activa cuenta de Twitter— y estimado por el papa Ratzinger. Es una mezcla entre Juan XXIII y Pablo VI, responsable en la Curia de los problemas de la cultura y del diálogo entre fe y ateísmo, con más de cien publicaciones a la espalda, fundamentalmente de carácter bíblico y científico, y muy activo en los medios de comunicación.

Como amante de la arqueología, ha colaborado con arqueólogos como Kathleen Kenyon y Roland de Vaux en Siria, Jordania, Irak y Turquía.

Nacido en Merate —en la provincia lombarda de Leco y diócesis de Milán— de padre antifascista y madre maestra de escuela, estudió en los dos centros más codiciados de la intelectualidad de la Iglesia: La Universidad Gregariana de Roma, de donde han salido varios papas en los últimos 60 años y el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, un centro de excelencia mundial en estudios orientales.

Ravasi es de los pocos que une en su formación intelectual el importante binomio de teólogo y biblista. Por ello defiende la imposibilidad de separar al Jesús de la fe del Jesús histórico. Además, es experto en lenguas antiguas y semíticas y doctor honoris causa por la Universidad de Urbino en antropología y epistemología de las religiones.

En el Vaticano, desde que se convirtió en encargado de los temas culturales, ha desarrollado una intensa labor en un campo de importancia vital en este momento como es el diálogo entre fe, cultura y ateísmo. En sus trabajos ha insistido en las relaciones entre “arte, fe, comunicación y lenguaje con las culturas emergentes actuales”.

Ravasi dirige los ejercicios espirituales a la curia y al Papa, la semana pasada en el Vaticano. ampliar foto
Ravasi dirige los ejercicios espirituales a la curia y al Papa, la semana pasada en el Vaticano. EFE

Ravasi también ha creado en la Iglesia, para el diálogo entre creyentes y ateos, el llamado Patio de los gentiles, que ya fue presentado en París y por el que se ha interesado la Unesco. El Patio de los Gentiles, evoca, según Ravasi, el espacio homónimo que en el Antiguo Testamento hospedaba a los no judíos.

Sus posibilidades de acabar siendo un auténtico papable derivan de una serie de convergencias. En primer lugar, está bien visto por el papa dimisionario, que lo hizo cardenal y que acaba de escogerlo para dirigir, en un momento tan delicado, la semana de ejercicios espirituales a la que asistieron el propio Benedicto y toda la curia.

En 2009, Benedicto XVI le encargó además que escribiera el texto del Vía crucis que los papas celebran cada año alrededor del Coliseo de Roma. También fue Benedicto XVI quien lo escogió para su cargo en la Curia. Y parece claro que en hoy los cardenales no elegirían a un sucesor que Ratzinger no apreciara.

También juega en favor de Ravasi que es un cardenal que puede acabar gustando a conservadores y liberales. Es un teólogo sólido, con gran experiencia de estudios bíblicos, no mezclado en las intrigas de poder de la Curia y apreciado por su espiritualidad, al mismo tiempo que sus estudios de antropología hacen que incluso llegue a aparecer rodeado de una cierta modernidad.

Defiende, por ejemplo, que no existe incompatibilidad entre las teorías de la evolución y los estudios de la Biblia. “Darwin nunca ha sido condenado”, ha llegado a escribir. Un artículo suyo en un diario laico sobre la resurrección levantó cierta polémica al distinguir entre la expresión clásica y tradicional de Jesús “el que es resucitado” y la fórmula “el que resucitó”. Esta última agrada más a los teólogos modernos porque ofrece la posibilidad de debatir sobre la resurrección como metáfora más que como realidad histórica.

Durante los ejercicios que acaba de dirigir para el Papa y la Curia defendió una sutil distinción, en el campo del ateísmo, entre “ausencia y nada”. Para él la ausencia puede significar “nostalgia” de Dios, mientras que la nada, es el vacío “sin expectativas”.

Según Ravasi, muchos de los que se llaman ateos en realidad sufren más bien de una ausencia que de un vacío. Para él, la nada es el verdadero mal de la cultura de hoy, que define como “indiferencia, superficialidad y banalidad”, realidades más cercanas a la nada que a la nostalgia y a la expectativa, que constituirían la verdadera posmodernidad.

Ravasi defiende todo esto con el análisis de los textos bíblicos en lugar de la teología tridentina, y siempre con un lenguaje accesible y con fuertes acentos poéticos.

Ha desarrrollado una intensa labor en el campo del diálogo entre fe, cultura y ateismo

Fino en sus distinciones, con vistas al diálogo con los ateos, Ravasi defiende también una curiosa diferencia entre el perdón de la fe y el perdón laico después de la expiación de la culpa. Cuando el Dios bíblico perdona, afirma, “la mancha deja de existir para siempre”, mientras que en la sociedad, al condenado que ha expiado su culpa “le quedará siempre una especie de sello a fuego que lo perseguirá siempre”, ya que la sociedad nunca lo absuelve del todo.

Recuerdo que un grupo de presos de la cárcel de Novara me dijeron algo parecido cuando fui a darles una charla años atrás. “Seremos siempre criminales aunque hayamos pagado la culpa con 30 años de cárcel”, me explicó una de ellos.

Es posible que un papa con esas premisas pudiera acabar convenciendo incluso a los más conservadores, mientras daría esperanzas de apertura, al estilo de Juan XXIII, a una Iglesia necesitada más que nunca de sangre nueva y horizontes abiertos. Para que no todo sean urgencias de condenas y tentaciones de cerrar filas contra el peligro de ese demonio del que Benedicto XVI acaba de decir que “trabaja sin cesar para ensuciar el rostro de Dios”.

Será difícil que los cardenales, que llegan al cónclave desorientados y hasta asustados, pongan los ojos en una figura como Ravasi, al que más que levantar muros le gusta descubrir novedades, aunque sean arqueológicas.

Sin embargo, incluso aquí en Brasil, se está barajando su nombre como alternativa. Gerson Camarotti, joven informador político de la red TV Globo, ha alertado en su blog: “¡Ojo a Ravasi!”. Y Camarotti ya ha dado pruebas en el pasado de tener informaciones obtenidas de primera mano de importantes cardenales brasileños.