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COLUMNA

Populismos en toda Europa

El principal adversario del euro, Goldman Sachs, manifiesta su entusiasmo por Beppe Grillo

Por primera vez en la historia, los países denominados en vías de desarrollo o emergentes producen más riqueza que los países denominados desarrollados o ricos. Este dato, que convierte al 2012 en un año crucial, ha sido señalado por Pascal Lamy, director de la Organización Mundial de Comercio, que, acto seguido, invitaba a Europa a la reflexión. Es cierto: mientras nosotros gestionamos la crisis y esta produce más consecuencias dañinas, la historia avanza. En Europa, tenemos tendencia a responder con el miedo y el retroceso, y la opinión pública se deja tentar cada vez más por los movimientos populistas. Así, después de Grecia y la emergencia de un movimiento verdaderamente neonazi llamado Amanecer dorado —xenófobo, antisemita, dotado de su propia milicia, violento y, lamentablemente, financiado por ricos inversores griegos que harían mejor en contribuir al rescate del país con sus impuestos—, he aquí a la Italia del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo.

Por supuesto, las condiciones italianas son muy particulares: no ha habido un solo día de la reciente campaña electoral que no haya venido marcado por el descubrimiento de un nuevo escándalo político o financiero; al mismo tiempo, Silvio Berlusconi, completamente desacreditado fuera de Italia y al que creíamos fuera de juego, volvía a agitar el paisaje político. Italia ha sido a menudo un laboratorio político para el resto de Europa. En cualquier caso, la crisis produce sus efectos en todas partes: el paro en la eurozona ha superado el 11%, lo que es un triste récord, y la Comisión Europea alerta a los Gobiernos sobre el aumento de la pobreza entre los jóvenes y los niños, especialmente en Italia y España. Está claro que la respuesta que busca una parte de la opinión pública se encuentra en los movimientos populistas, que son el refugio del pensamiento mágico. Así, para Beppe Grillo, por ejemplo, habría que instaurar un salario mínimo de mil euros al mes (lo que, por supuesto, es defendible) y, al mismo tiempo, una semana de 20 horas laborales. Es evidente que se trata de un catálogo de propuestas totalmente demagógicas destinado a seducir a los electores. El mismo Grillo que unas veces se apropia de las reivindicaciones de la extrema izquierda y otras, por sus acentos igualmente xenófobos, de las de la extrema derecha. Es una mezcla que Italia conoció en los años veinte con Mussolini, que pasó del socialismo al fascismo. Por supuesto, no vamos a pretender que las condiciones sean las mismas que en el periodo de entreguerras: estamos sufriendo una recesión y no una depresión; en nuestros países hay cierto número de sistemas sociales que amortiguan el golpe; el mundo está mejor organizado y el proteccionismo no ha arramblado con todo; y, sobre todo, las ideologías que dieron origen a los dos totalitarismos del siglo XX han sido vencidas o se han derrumbado. Ayer dictadores, hoy “payasos”, rezaba el titular de The economist. Aun así, seamos prudentes, pues los movimientos populistas están presentes en toda Europa. Y además Bruselas y la Unión Europea cargan con las culpas. Un poco como en Estados Unidos, donde los Tea Parties hacen campaña contra Washington, los populistas europeos quieren salir de Europa. Solo que también están presentes en Suiza y Noruega, que no son miembros de la Unión Europea, y en Gran Bretaña, que, como es sabido, disfruta de un estatuto particular. Por lo tanto, cabe pensar lo contrario, es decir, que nuestra salvación depende de la capacidad de los dirigentes europeos para tomar conciencia del peligro y volver a dar sentido y contenido positivo a la construcción europea.

Sí, el presidente francés, como hacía Mario Monti —al que lamentablemente Italia ha dado la espalda—, como hacen los socialdemócratas alemanes, tiene razón al pedir que Europa reinscriba el crecimiento entre sus obligaciones. Por otra parte, resulta chocante que la canciller alemana, que no dudó en apoyar a Nicolas Sarkozy en Francia, no se haya tomado la molestia de pronunciar una palabra de apoyo en favor del trabajo de Mario Monti. Ella debería saber quiénes son nuestros enemigos. El principal adversario del euro y de la eurozona, a saber, el gigante financiero tentacular Goldman Sachs, ha manifestado su “entusiasmo” por el movimiento de Beppe Grillo, uno de cuyos eslóganes es la salida del euro. Los dirigentes europeos hubieran debido remitir a David Cameron a sus estudios y a su referéndum en vez de concederle un presupuesto en baja. Por el contrario, habría hecho falta doblar el limitado presupuesto de la Unión Europea para que esta pudiese volar ostensible y concretamente en ayuda, mediante obras de interés general e infraestructuras, de aquellas y aquellos que, especialmente en el sur de Europa, necesitan trabajo.

Pascal Lamy tiene razón al alertarnos sobre el alcance histórico del giro que marca el año 2012. Pero, precisamente, el hecho de que otros países ocupen sus puestos no significa que nosotros vayamos a hundirnos o a desaparecer. Al contrario. La evolución del mundo debería dictarnos nuestra conducta: integrarnos más en una eurozona dotada de los medios para reactivar nuestra propia máquina.

Traducción: José Luis Sánchez-Silva