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La discrepancia aflora en Arabia Saudí

En un gesto inusitado, un partido ilegal y una asociación de derechos humanos critican a la monarquía

El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, a su llegada a Riad hoy.
El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, a su llegada a Riad hoy. AFP

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, afronta en Riad, adonde llegó el domingo para reunirse con los ministros de Exteriores de las seis monarquías de la península Arábiga, una agenda más difícil de lo que cabe esperar entre países aliados. Sobre la mesa le esperan las inquietudes y discrepancias de esos viejos socios ante las nuevas realidades regionales, en especial en Siria. Además, en un gesto inusitado, dos grupos saudíes han considerado la visita un respaldo a las violaciones de derechos humanos de Arabia Saudí.

“Esta visita no es positiva para ninguno de los dos países”, asegura el Partido Islámico Umma, que al hilo de la primavera árabe pidió la legalización en octubre de 2011, sin obtener respuesta. En un comunicado, ese grupo político estima que la presencia de Kerry en Arabia Saudí equivale a “aprobar y aceptar las violaciones de los derechos humanos del régimen saudí”. De igual forma, la Asociación Saudí por los Derechos Civiles y Políticos (ACPRA, en sus siglas inglesas) denuncia que “el Estado practica la discriminación sectaria, no existe la libertad de expresión y son frecuentes las detenciones arbitrarias, los juicios secretos e incluso la pérdida del trabajo por expresar ideas políticas”, subraya el texto firmado por el director de la organización, Mohammad al Qahtani.

Es harto improbable que esas críticas se traduzcan en manifestaciones de descontento como las de El Cairo. Aun así, es significativo que en un país que no reconoce ni el derecho de asociación ni la libertad de expresión, ambas organizaciones hayan dado un paso al frente para recordar que el régimen saudí no es muy distinto de las dictaduras árabes recién derribadas. “EE UU debería estar del lado de la nación en lugar de apoyar a la ilegítima monarquía absoluta”, señala Umma.

Aunque Arabia Saudí se ha librado hasta ahora de las revueltas populares que han sacudido a algunos vecinos, para los interlocutores de Kerry va resultar mucho más difícil hacer ver que en el reino no hay voces discrepantes. Ambos comunicados hacen referencia a las recientes protestas para pedir la liberación de presos encarcelados durante años sin juicio, y en las que, según Umma, ya van “más de 300 detenidos”.

La policía detuvo a 176 personas el viernes, incluidas 15 mujeres, en Buraida (a 300 kilómetros de Riad) por concentrarse ante la sede de la fiscalía. Se trata del último de una serie de incidentes similares que vienen repitiéndose desde 2011, cuando los familiares de los llamados “presos olvidados” empezaron a manifestarse tanto en las comarcas chiíes de la Provincia Oriental como en Riad frente al Ministerio del Interior.

Amnistía Internacional ha expresado su preocupación tras la advertencia de las autoridades de que actuarán con firmeza si se repiten las protestas. Según esa organización de derechos humanos, los manifestantes del viernes pedían la liberación de “más de 50 mujeres y niños” detenidos dos días antes en una protesta similar. Las mujeres y niños reclamaban que “se liberara a sus parientes encarcelados sin cargos ni juicio o que ya han cumplido sus condenas”.

El Gobierno reconoce la existencia de 13.000 detenidos sin juicio por la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, la ACPRA, una de las primeras organizaciones de la sociedad civil saudí en denunciar los abusos del Ministerio del Interior, estima que la cifra está cerca de los 30.000. Bajo la acusación genérica de “terrorismo”, hay desde clérigos que han pedido que no se ayude a EE UU en su agresión a países islámicos y jóvenes que expresaron su deseo de hacer la guerra santa ante la invasión de Irak, hasta las mujeres de Al Qaeda, acusadas de dar apoyo logístico a los yihadistas.

Los medios de comunicación saudíes, haciéndose eco de la versión oficial, acusaban el domingo a los manifestantes de Buraida de violentos y de respaldar a “grupos desviados”, como el régimen llama a los extremistas islámicos. Ese enfoque fue inmediatamente criticado en las redes sociales.