España quiere pasar página de su tormentosa historia con Chávez

Tras dudar si asistir él mismo, Rajoy ha decidido enviar al Príncipe al funeral en Caracas.

Margallo y Moncloa evitan elogiarle

El Rey manda callar a Chávez en 2007, en Santiago de Chile. / EFE

El Gobierno español ha medido muy bien sus palabras sobre Hugo Chávez. En el comunicado difundido el miércoles por el Ministerio de Asuntos Exteriores se calificaba al fallecido jefe del Estado venezolano de “personaje político que ha tenido una gran influencia en Iberoamérica”. Casi en los mismos términos se expresó el presidente Mariano Rajoy en su telegrama de pésame: con Chávez, dijo, “desaparece una de las figuras más influyentes de la historia contemporánea de Venezuela”. La influencia puede ser positiva, pero también negativa.

El Rey, en su telegrama de condolencias, llegó casi al límite del elogio al subrayar la “dedicación” de Chávez a su país, mientras que el ministro José Manuel García-Margallo eligió un término más inocuo: lo calificó de “personaje singular”.

No es ningún secreto que el PP está en las antípodas ideológicas del líder bolivariano, pero incluso en la etapa de Zapatero las relaciones no han sido nunca fáciles. Pese a ello, se trata de un país muy importante para España, por razones tanto económicas (la balanza comercial ronda los 3.000 millones) como humanas (más de 150.000 españoles residen en Venezuela).

Esta ambivalencia se reflejaba en la noche del miércoles en las dudas sobre quién representará a España en los funerales previstos para mañana en Caracas, aunque la presencia de la práctica totalidad de los mandatarios iberoamericanos inclinaba la balanza por una delegación del máximo nivel, encabezada por el Príncipe (ante la imposibilidad de que viaje el Rey) como así será finalmente, según ha confirmado Moncloa este jueves.

En lo que coincidían los telegramas del Rey y Rajoy es en el destinatario: el vicepresidente Nicolás Maduro, lo que significa que no se cuestiona la sucesión al frente del Estado bolivariano, a pesar de que la Constitución venezolana apuntase otra cosa.

El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, que firmó en el libro de condolencias de la Embajada venezolana en Madrid, apostó porque la transición se desarrolle “con tranquilidad, serenidad y paz” y subrayó la voluntad de estrechar relaciones bilaterales.

Venezuela es un país importante para España por razones económicas y también humanas

Tras la llegada del PP al poder, y en buena parte debido a la larga enfermedad de Chávez, dichas relaciones han estado congeladas. La primera entrevista entre Margallo y su homólogo venezolano, Elías Jaua, se produjo en enero en Santiago de Chile, con motivo de la cumbre entre la UE y América Latina. Los ministros decidieron en aquel encuentro relanzar las relaciones bilaterales y “resolver los contenciosos aún pendientes”; entre los que figuran la repatriación de los beneficios de las empresas españolas con inversiones en Venezuela (agravado con la devaluación del bolívar) y el histórico conflicto de la expropiación de fincas a españoles. El primer paso de esta nueva etapa era la visita que el secretario de Estado para Iberoamérica, Jesús Gracia, iba a hacer el 18 de marzo a Caracas y que la muerte de Chávez deja en el aire.

Atrás ha quedado, en todo caso, la tormentosa etapa del mandato de José María Aznar, al que Chávez culpaba por haber apoyado el golpe de Estado que intentó derrocarlo en 2002. Fueron precisamente sus críticas a Aznar las que llevaron al Rey a espetar al venezolano el poco diplomático “¿por qué no te callas?” en la cumbre de Santiago de Chile de 2007. Aunque el incidente parecía marcar un punto de ruptura entre los dos países, la tensión se disolvió como un azucarillo cuando, ocho meses después, el Rey recibió a Chávez en Palma de Mallorca entre bromas y risas.

Lo que no se consiguió disipar entonces fueron los problemas de fondo, como la negativa de Venezuela a extraditar a etarras residentes en su país, como Arturo Cubillas, o las sospechas de colaboración entre ETA y la guerrilla colombiana de las FARC. Ello no impidió que Venezuela comprara ocho buques militares por 1.200 millones de euros, en una de las operaciones más rentables para los astilleros españoles.

No es la única paradoja. Aunque Chávez fue un precursor de las nacionalizaciones, la petrolera española Repsol ha operado sin problemas en Venezuela.

Chávez era, en palabras de Margallo, un personaje singular al que el Gobierno español no echará de menos.

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Corresponsal diplomático y de Defensa de EL PAÍS

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