Cónclave: elección del nuevo papa

El Vaticano intenta frenar las presiones y filtraciones en vísperas de la elección

El Vaticano trata de frenar presiones y filtraciones en vísperas de la sucesión

ENVIADA ESPECIAL / Roma 7 MAR 2013 - 21:23 CET

El cardenal Severino Poletto se dirige esta mañana a una de las reuniones previas al cónclave. / G. BOUYS (AFP)

“Por favor, ¡tengan piedad de mí!”. La frase del cardenal Severino Poletto, de 79 años, dirigida a los periodistas que le abordaron en masa cuando abandonaba la reunión de las Congregaciones Generales, resume por sí sola la situación del Vaticano en vísperas de un cónclave para el que aún no hay fecha. Nerviosismo extremo ante la incapacidad de controlar un interés masivo en un momento delicado, como es la etapa de sede vacante.

El Vaticano se enfrenta sin guía a una situación que parece escapársele de las manos. No es solo la presión de los medios de comunicación, visible en las antenas de transmisión, grupos electrógenos, platós de televisión instalados en las azoteas que rodean la plaza de San Pedro. Es la avalancha de críticas de sectores progresistas de la Iglesia que lanzan desafíos al nuevo papa, antes de que sea elegido. Y son las inevitables, constantes filtraciones. El portavoz vaticano, Federico Lombardi, tuvo que desmentir este jueves una noticia que daba por segura la celebración de la misa Pro eligendo Pontifice, que da comienzo al cónclave, para el lunes 11 de marzo.

Varias plataformas piden menos curia y la desaparición de la banca vaticana

El periodista llegó a esta conclusión al enterarse de que el encargado de las ceremonias pontificias había reservado para esa fecha la basílica de San Pedro. “He hablado personalmente con el maestro de ceremonias, Guido Marini, y no es cierto”, aseguró este jueves Lombardi. “Además, la reserva no es tarea del maestro de ceremonias, sino del colegio cardenalicio. Por lo tanto, la noticia es completamente falsa. Por otra parte, todos los sacerdotes pueden celebrar una misa Pro Eligendo Romano Pontifice estos días, para pedir a Dios que ilumine al colegio cardenalicio. Una misa de este tipo no señala el inicio del cónclave”.

Un desmentido contradictorio, buena prueba de la tensión creciente en el cuartel general de la Iglesia, en un día en el que el fantasma del Vatileaks reapareció. El diario La Repubblica publicaba una larga entrevista —anónima, por supuesto— con uno de los supuestos cuervos (responsables de las filtraciones de cartas y documentos de Benedicto XVI). Según el entrevistado, no sería el exmayordomo del Papa, Paolo Gabriele, juzgado y condenado por el robo de papeles secretos, el único responsable de este delito.

Desde su página web, el movimiento progresista Somos Iglesia lanzaba sus dardos contra la curia, en una lista de deberes para el futuro papa. Desde la descentralización del Gobierno de la Iglesia a una “reducción de las estructuras curiales inspirada en la sobriedad y la simplicidad”. Y daba publicidad a un comunicado firmado por 22 asociaciones católicas estadounidenses que reclaman mayor transparencia en la gestión económica del Vaticano, y en la gestión de los casos de abusos sexuales comprobados. A juicio de este sector, se necesita mayor participación de los laicos en las decisiones de la Iglesia, tanto en la elección de obispos como en el funcionamiento de las parroquias.

Desde Italia, la revista Famiglia Cristiana —con tres millones de lectores, una de las publicaciones más influyentes en este país— aportaba su granito de arena al guirigay general, pidiendo también al sucesor de Benedicto XVI que acabe con la banca vaticana, sus secretos y sus escándalos, y opte por trabajar con las bancas éticas que existen en todos los países.

Solo los cardenales que asisten a las Congregaciones Generales mantienen el silencio más total, atendiendo a una petición de los cardenales que dirigen la Santa Sede en este interregno, Angelo Sodano y Tarcisio Bertone. Con gran pesar de los 11 purpurados estadounidenses, los únicos que celebraban ruedas de prensa, abiertas a todos los periodistas, hasta que se les pidió que las suprimieran. “Es una prueba más de la hipocresía italiana”, explicaba ayer un vaticanista veterano. “No quieren ruedas de prensa, pero no les importa que los cardenales italianos les cuenten lo que quieren a sus vaticanistas de confianza”.

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