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Solalinde arranca al Gobierno de México la promesa de proteger a los emigrantes

El cura confía en el comisionado de Seguridad para acabar con los secuestros de sin papeles

Las amenazas de muerte contra el sacerdote se mantienen

El padre Solalinde, en la Ciudad de México.
El padre Solalinde, en la Ciudad de México.

Vestido de blanco, con una cruz de madera colgando del pecho, el padre Alejandro Solalinde guarda una agenda negra sobre las rodillas. Abre sus notas y dice: “Mire, esta frase la recuadré bien”. Quiere poder esgrimir esas cinco palabras llegado el caso. “No les vamos a fallar”. Es la promesa que Manuel Mondragón, comisionado de Seguridad del Gobierno mexicano, le hizo al cura esta semana. “No les vamos a fallar”, repite Solalinde.

No fallarle al padre Solalinde significa acabar con los secuestros y las desapariciones que sufren miles de emigrantes cuando atraviesan México camino de Estados Unidos. No fallarle supone evitar que policías federales sean cómplices de esta tragedia de la que no hay cifras ni datos exactos. El padre calcula en unos 10.000 desaparecidos en los últimos tres años. Es solo una estimación. Las pocas certezas han llegado en forma de fosas comunes. 72 cadáveres de emigrantes muertos en Tamaulipas un día, 49 en Nuevo León otro. Se sabe que el camino al norte está salpicado de cuerpos. Muertos sin identificar, de la fosa a la morgue, sin más datos que el número de una ficha policial.

El padre Solalinde vive desde hace años para esos sin nombre. Su actividad al frente del centro de emigrantes Hermanos en el Camino, en Oaxaca le ha costado no pocas enemistades: civiles y eclesiásticas. Varias amenazas de muerte forzaron su salida del país el año pasado. Cuando volvió se le asignaron cuatro agentes para su seguridad. “Hay un cacique en Oaxaca que ha juntado dinero para pagarle a un sicario y matarme. Está apoyado por políticos fuertes del anterior Gobierno local. En la zona en la que está hay mucha droga y armas, muchos intereses. Yo lo descubrí y lo denuncié”.

El padre habla de la muerte con la misma tranquilidad con la que habla de Jesús, su “referente”. No duda de que un día “alguien” acertará y acabará con su vida. “Eso lo tengo claro. Estoy estorbando intereses muy grandes para la gente ciega que ve en el migrante una mercancía. Yo me estoy metiendo con su mercancía porque para mí son lo más valioso, son Jesús en la persona de los pobres”.

Hay un cacique en Oaxaca que ha juntado dinero para pagarle a un sicario y matarme

La fuerza de su solo en apariencia frágil presencia hace años que no pasa inadvertida. Ni siquiera para el poder. La anterior administración, presidida por Felipe Calderón, se sentó con él varias veces pero no se ganó su afecto. “Era un gobierno al que le entraban las cosas por una oreja y le salían por la otra. Era un gobierno simulador, decía que respetaba los derechos humanos de los migrantes y los pisoteaba”.

Ahora hay nuevas caras en el poder. Solalinde, que es premio Nacional de Derechos Humanos de México 2012, ha tenido un acercamiento esta semana con el comisionado Mondragón, máximo jefe de la policía en México. “Me pareció sincero, me dio buena espina. Creo que vale la pena darle una oportunidad. Prometió escuchar y actuar”. Entonces el padre abre la agenda para no tergiversar las palabras. En los apuntes lleva anotadas las sensaciones que le dio el político: “Es cálido y trata muy bien a su personal”, pone en una cuartilla. Y lee: “Dijo que trabajaba con emociones, que entre la policía hay muy buena disposición, pero también hay agentes que no miran al interlocutor y no analizan las cosas. Dijo que tiene como central al ser humano. Habló de cero tolerancia en la corrupción y de priorizar el buen trato a la gente”.

La primera prueba al político no tardó demasiado. Al poco de salir de la reunión con Mondragón, al padre le llegó un aviso de uno de los informantes que tiene en todos los Estados. Le advertían del inminente secuestro de un grupo de 300 inmigrantes en Veracruz. Solalinde quiso probar al Gobierno. “Le dije ‘por favor, ayúdeme’”. En pocos minutos se montó un operativo para proteger a los emigrantes. “Funcionó”, dice sorprendido. Pese a la emoción, el panorama que dibuja de México es desolador: “México está coptado por la delincuencia. La misma policía que cuida es la que secuestra y extorsiona en connivencia con los cárteles. Los que más secuestran son los Zetas”.

Solalinde arranca al Gobierno de México la promesa de proteger a los emigrantes

Pese a todo el Solalinde de esta semana es un Solalinde esperanzado que pasa por encima de sus problemas con el obispado. “El obispo de Oaxaca no reconoce que lo que yo hago es un trabajo de Iglesia. Le gustaría meterme en una oficina y que fuera del escritorio al altar. Yo no soy así, hay demasiados desafíos en la Iglesia como para estar encerrado”. Para esos desafíos, el cura parece hoy recobrar la confianza en Roma.

“Este no va a ser un Papa de grandes discursos, de grandes escritos, pero va a hablar como hablan los profetas, por medio de signos, con sus ejemplos. El hecho de atreverse a llamar Francisco en una monarquía como la eclesiástica es recordar que la Iglesia tiene que volver al camino de la pobreza. La misma renuncia de Benedicto XVI nos está hablando de que ese sistema monárquico ya tronó. El Estado del Vaticano debe desaparecer y existir solamente la Santa Sede. ¿Cómo puede ser que un sacerdote se llame monseñor? Es un título medieval que requiere de siervos, pero los siervos ya se acabaron”.

El padre Solalinde habla sin prisa para el diario EL PAÍS, pero a su alrededor se ha ido amontonando gente. Tiene una conferencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Los agentes de la PGR que lo cuidan están ya inquietos. Él no. Aún tiene tiempo de posar para el fotógrafo. Antes de irse responde a una última pregunta. ¿Tiene miedo? El padre sonríe: “No, para nada. De nada ni de nadie. Me gusta mucho la vida, pero soy firme en lo creo”.