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El auge electoral del populista UKIP amenaza el centrismo de Cameron

El fracaso de los conservadores en las municipales intensifica las presiones para girar a la derecha

El líder del UKIP, Nigel Farage, este viernes en Londres. EFE

El espectacular éxito del populista, antieuropeo y anti-inmigración UKIP en las elecciones municipales inglesas del jueves ha sacudido la política británica y amenaza el proyecto centrista de David Cameron, que ya este viernes ha escuchado voces en el Partido Conservador reclamando un giro a la derecha. El líder del UKIP, Nigel Farage, ha proclamado eufórico que se trata de “un cambio radical” en el país.

El UKIP se ha hecho con el 25% de los votos en los municipios que se presentaba, según las estimaciones de la BBC, y ha obtenido 147 concejales. Muy pocos al lado de los 2.300 que estaban en juego, pero una barbaridad si se tiene en cuenta que en 2009 solo tenía ocho ediles en esos mismos ayuntamientos.

La pobreza en concejales en comparación con el apoyo en las urnas es consecuencia del sistema electoral mayoritario, el mismo con el que se elige la Cámara de los Comunes. Esa dificultad del UKIP para traducir en escaños su apoyo popular ha hecho que hasta ahora fuera despreciado por los grandes partidos. En esta misma campaña, el muy veterano político conservador Kenneth Clarke les ha llamado payasos, al igual que hiciera Cameron hace unos años. “Que vengan los payasos”, ha ironizado hoy un eufórico Nigel Farage.

El astuto Farage, que sabe que es muy difícil que en unas legislativas su partido pueda repetir unos resultados así y que en todo caso apenas se traducirían en diputados, ha dado sin embargo en el clavo al comparar al UKIP con el efímero Partido Socialdemócrata. Escindido del laborismo en los años 80, el SDP se acabó fusionando con los liberales. Pero dejó su marchamo al arrastrar a los laboristas hacia el centro, objetivo central y razón de ser de su nacimiento.

“El SDP no duró mucho pero ganó porque [los laboristas] acabaron teniendo a Tony Blair, que era como un primer ministro del SDP. Cambiaron por completo el laborismo: Michael Foot, Tony Benn y la izquierda dura se fueron y llegó la modernización”, ha declarado en el programa Today de la BBC.

Lo que está diciendo Farage a los votantes es que lo de menos es la representación parlamentaria del UKIP o su capacidad o no de alcanzar el poder. Y que, si le siguen votando, conseguirán implantar su programa a través de los demás partidos y muy en particular los tories. Es decir, para salir de Europa o congelar la inmigración o acabar con la prohibición de la caza del zorro no hace falta que gobierne el UKIP: basta con que los tories se sientan amenazados.

Consecuencia: el proyecto centrista de Cameron está hoy aún más amenazado. Y estará más amenazado el año que viene, con las elecciones europeas: los británicos nunca se las han tomado en serio, el UKIP ya arrasó hace unos años y en 2014 puede convertirse fácilmente en el partido más votado. Y las europeas funcionan con el sistema proporcional, por lo que los votos se traducen en escaños.

Las presiones a Cameron para que gire a la derecha y conecte con el votante tradicional conservador han empezado hoy mismo, con la UE y la inmigración en el punto de mira. “David Cameron dice que habrá un referéndum, pero nadie se cree una palabra de lo que dice. Yo no creo una palabra de lo que dice y soy conservadora de toda la vida”, escribe en The Telegraph Alexis McEvoy, horas después de dejar de ser concejala por Hamphsire a manos de un candidato del UKIP “que ni siquiera vive en la zona ni había estado aquí antes”.

Y añade: “Y luego está la inmigración, de la que nadie se atreve hablar. Pero preocupa mucho la libertad de circulación en la UE. No me parece bien que no podamos hacer nada sobre eso. Me preocupa que nos digan lo que tenemos que hacer como Estado soberano y que no podamos decidir nosotros”.

A David Cameron pareció empezar a temblarle el pulso cuando declaró a media tarde: “Comprendo por qué alguna gente que nos apoyaba antes no nos ha apoyado esta vez y vamos a ponernos manos a la obra para que vuelvan a nosotros”. Cameron podría anunciar la semana que viene, en el marco del programa legislativo del año que se comunica en el tradicional discurso de la Reina, su voluntad de aprobar ahora una propuesta de ley sobre referéndum en 2017. Una opción rechazada en vísperas de las municipales por el líder liberal y socio de coalición, Nick Clegg, que aludió por primera vez en público a los problemas que tiene la coalición por la presión para que Cameron gire a la derecha en temas como subsidios sociales, Europa y cambio climático.

Si se excluye el ascenso del UKIP, las municipales no han ofrecido grandes sorpresas. Escrutados los 34 municipios en juego, los conservadores retienen el poder en 18 (10 menos que en 2009) y logran 1.116 concejales, una caída de 335 que está justo en la frontera que separa un muy mal resultado de un batacazo. Los laboristas suben, pero menos de lo que necesitan: ganan dos ayuntamientos (hasta ahora no tenían ninguno en estos municipios) y suben de 247 concejales a 538. Los liberales caen de 476 concejales a 353, dentro de los márgenes esperados. En trece municipios, ningún partido obtuvo la mayoría y se tendrán que repartir su gobierno. En Reino Unido no existe formalmente la figura del alcalde con poder político, salvo en un puñado de grandes ciudades en las que es elegido de forma directa.

En términos de política nacional, el auge del UKIP cuestiona la hegemonía de los tres grandes partidos en términos de votos, pero la gran duda es saber si será así cuando los votantes decidan quién ha de gobernar el país. Los conservadores son los más perjudicados, porque el UKIP fracciona el voto de la derecha, pero también los laboristas y los liberales han perdido votos a sus expensas. En las municipales británicas no hay datos oficiales sobre porcentaje de voto. La BBC estima que, proyectados a nivel nacional (y no solo en los municipios en los que se votó el jueves), el Partido Laborista habría obtenido el 29% de los votos, los conservadores 25%, UKIP 23% y los liberales el 14%. Una proyección demasiado especulativa para tenerla muy en cuenta. La participación fue del 31%.

Ascenso ultra en la UE

Varias formaciones de corte populista, nacionalista y ultraderechista están logrando capitalizar el voto de protesta ante la crisis de amplias capas de la población europea, así como romper la hegemonía de los partidos tradicionales (conservadores y socialdemócratas). Estas son las principales:

Francia. El Frente Nacional de Marine Le Pen logró en las elecciones presidenciales de 2010 un histórico 17,9% de los votos (primera vuelta) y forzó un giro a la derecha del conservador Nicolas Sarkozy en la campaña electoral. Si hoy se celebraran elecciones, la ultraderecha lograría el 21% de los votos (tres puntos más que hace un año), por detrás de Sarkozy y Hollande, según un reciente sondeo de Le Figaro.

Grecia. El partido de corte neonazi Aurora Dorada, con un discurso xenófobo y ultranacionalista, logró el 7% de los votos y 18 diputados en las elecciones de la primavera pasada. Los sondeos de intención de voto le auguran el tercer puesto si hoy se celebraran nuevas elecciones, con un porcentaje de apoyo superior al 10% y por encima de partidos tradicionales como el Pasok.

Hungría. Jobbik (Movimiento por una Hungría Mejor) es una formación antisemita y antieuropea que propala prejuicios raciales contra la minoría gitana. En las elecciones de 2010 se hizo con el 17% de los votos, convirtiéndose en la tercera fuerza del país; en las últimas encuestas de intención de voto ronda el 22%, por delante de los socialistas (20%).

Finlandia. Auténticos Finlandeses, una formación contraria a los rescates y partidaria de duras políticas antiinmigración, dio la sorpresa en las elecciones legislativas de abril de 2011 —lograron 39 escaños, 34 más que en 2007— y puso en un brete el rescate de Portugal, que se negociaba aquellos días. Sin embargo, el partido sufrió un revés en las presidenciales de ese mismo año (redujo su apoyo al 9%) y en las municipales de 2012 (12,4%), en beneficio en ambos casos de propuestas europeístas.

Holanda. Aunque debilitado por rencillas internas, el Partido de la Libertad del líder islamófobo Geert Wilders ha marcado la pauta de la política nacional como segundo partido político del país. El año pasado hizo caer el Gobierno de liberales y democristianos, al que apoyaba desde el Parlamento, por su oposición al tope de déficit del 3% impuesto por Bruselas.