Obama a Centroamérica: “Nuestro destino está unido al suyo”

La visita del presidente a San José recuerda el valor estratégico de esta región para EE UU

San José (Costa Rica) 4 MAY 2013 - 20:30 CET

Obama y Chinchilla posan con niños en San José. / Alejandro Bolívar (EFE)

Barack Obama ha renovado el compromiso de su Gobierno de contribuir a la estabilidad, el progreso y la seguridad de Centroamérica, una región vital en el ajedrez de la estrategia norteamericana y que ahora atraviesa por una etapa de gran incertidumbre por culpa de la violencia y el narcotráfico. “Nuestro destino está unido al suyo”, dijo este sábado el presidente norteamericano, en una demostración de hasta qué punto esta pequeña parte del mundo cuenta para Estados Unidos.

En su visita a San José de Costa Rica, donde en la tarde del viernes se entrevistó con la presidenta de ese país, Laura Chinchilla, y posteriormente participó en una cena de trabajo con los líderes de Panamá, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y la República Dominicana, Obama insistió en que va a colaborar en el desarrollo y la pacificación de este área. “Vamos a estar junto a ustedes, porque si a ustedes les va bien, a nosotros también”, declaró.

Como prueba de ese compromiso, el presidente norteamericano participó el sábado en una reunión con líderes empresariales y expertos de la región. El propósito era enfatizar la idea de que hoy la estabilidad política y la seguridad se consigue, principalmente, mediante el desarrollo económico. “Hay que afrontar la búsqueda de la seguridad desde un nuevo concepto para hacerlo de forma más eficaz”, dijo la presidenta Chichilla en ese foro.

La sola presencia de Obama en este modesto país -aunque con algunas gestas memorables en su historial, como la abolición del Ejército-, para conversar con los presidentes de otras siete modestas naciones que apenas representan unas décimas del Producto Interior Bruto mundial, es una prueba de que Centroamérica tiene un valor especial para Estados Unidos.

Siempre lo ha tenido. Cuatro de esos países han sido invadidos por tropas norteamericanas alguna vez en su historia. En los demás, ha habido de forma casi constante asesores militares o soldados, por cientos o por miles. Uno de ellos, Panamá, fue creado artificialmente con el único objeto de construir un canal que cambió el mapa del mundo a principios del siglo XX. Precisamente, la necesidad creciente de un segundo canal en la región acrecienta el valor estratégico que esta siempre ha tenido.

En los años setenta y ochenta la importancia de Centroamérica estaba relacionada con su función de muro ante el comunismo. EE UU dedicó todos sus esfuerzos a contener las guerrillas izquierdistas en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, aún al precio de apoyar crueles y corruptas dictaduras.

Hoy la amenaza a la estabilidad de la región es el narcotráfico y la violencia que genera. Honduras está considerado el país más peligroso del mundo, y El Salvador y Guatemala no le quedan a la zaga. El narcotráfico favorece la corrupción, y la violencia impide el desarrollo, lo que deja a Centroamérica como la hermana pobre de América Latina en este momento de expansión en todo el continente.

Obama ha prometido luchar contra eso. “Cuanto más fuertes sean la economía y las instituciones, más débil será el narcotráfico”, dijo en una rueda de prensa el viernes con Laura Chinchilla. “En una situación de violencia es muy difícil desarrollarse, pero los efectos del narcotráfico son peores cuando los países son pobres”, añadió.

Por encima de problemas puntuales, aunque gravísimos, Obama, que visita Centroamérica por segunda vez a lo largo de su presidencia, es el mensajero de un país que intenta dejar claro, ante la competencia de China y de otros, que esta es su área de influencia y que cualquier cosa que haya que hacer, bien sea luchar contra el narcotráfico o construir otro canal, se hará conforme a sus criterios.

Dado que al frente de ese país hay ahora un presidente como Obama –y que los tiempos tampoco están para exhibiciones de fuerza-, el camino para ejercer influencia en esta ocasión es el de la colaboración económica. La receta que se pretende para robustecer el sistema es la de acelerar el desarrollo mientras se elimina la violencia de forma prudente. Como recordó la presidenta Chinchilla: “Costa Rica no puede permitirse un escenario de guerra para combatir el narcotráfico”. Algo similar podrían repetir el resto de sus colegas centroamericanos.

No se consigue hoy una Centroamérica más estable y segura con asesores militares. Se consigue, como ha explicado Obama, con un buen sistema migratorio, con una mejora de la educación infantil, con inversión en nuevas tecnologías. En suma, con mejores condiciones de vida.

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